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8 de julio de 2013

FAN FAN FATAL, PERDIDA ENTRE UNA NIEBLA DE RECORTES DE PRENSA

No os preocupéis que hoy no os pienso volver a hablar de mis peripecias como súper fan-fan de los Hombres G. Ser fan no es solo para grupos de música, puedes hacerte groupie de muchas otras cosas más, y además, a veces incluso más alcanzables.

Yo, en mi caso, y en parte influenciada por las cosas del amor, soy fan a ultranza de mi querido novio.

Mi amado, del que ya os he hablado en alguna ocasión, es un chico que entró hace un par de años en la crisis de los 30. Ningún hombre os hablará de ella, pero existe. Todo hombre que se aproxima a los 30 entra en pánico en algún momento y se dice a sí mismo “oh, Dios mío, ya casi tengo treinta años, pero no, yo soy joven, qué digo joven, soy jovencísimo, y voy a hacer deporte como cuando era un pipiolo”.

De este modo se ponen con sus 30 tacos sobre su espalda a correr como descosidos, nadar como sirenas, o peor aún, jugar a Fútbol 7 con sus amigotes como cuando tenían 16 años, con el agravante de que a ellos los 16 les pillan lejísimos, y sin embargo, sus contrarios en el fútbol sí gozan de esa lozana edad. Y las comparaciones son odiosas. Muy odiosas, de hecho; con lo cual, esos partidos suelen ser dramáticos.

Afortunadamente, mi querido novio es futbolero pero lo de jugar al fútbol lo ha dejado en stand by. Sus zapatillas de fútbol están guardadas no vaya a ser que un día le llame el mismísimo Messi para echar una pachanga de domingo y él no esté preparado, pero ya no lo practica. Desde hace dos años sale a correr con asiduidad, pero claro, ese es un deporte que no hace quipo, el vínculo de tener a los amigos sufriendo juntos se pierde, y eso sí que no puede ser. Los amigotes tienen que sufrir juntos.

Y para sufrir todos juntos en amor y compañía, mi querido novio monta en bici. Monta en Montain Bike, para ser más exactos.

¿Y qué significa esto? Pues que todos los amigotes tienen sendas bicicletas y trajes ridículos de ciclista – lo siento por todos los ciclistas del mundo pero esos trajes que os ponéis son mal, ¡Son mal! – y se van los sábados por la mañana con sus juguetes a matarse a hacer kilómetros por el monte. Y yo que leo el Cosmopolitan, y el Cosmopolitan reza que hay que apoyar los hobbies de tu pareja, le aplaudo y le hago la ola y me intereso por sus rutas por parajes naturales perdidos de la mano de Dios. Así, cuando llega a casa pongo cara de interesante y le pregunto, y él todo contento me cuenta.

Pero claro, esto de interesarse por el recorrido una vez ha terminado la ruta es cómodo, pero no es muy de “Cosmo dice: apoya a tu pareja en sus hobbies”, menos aun cuando se apunta a estas carreras populares donde van miles de ciclistas a hacer la misma ruta todos juntitos. No, no, no. Y eso tenía que cambiar. Así que, aprovechando que tengo una amiga cuyo novio también es un frikiciclista e iban ambos a hacer la misma ruta, nos fuimos con ellos a hacer de supportive girlfriends. Supera esa, Cosmopolitan.

Total, que el pasado fin de semana nos fuimos mi amiga y yo, con nuestros respectivos, sus bicis y con la perra a Tudela, a verles hacer la “Extreme Bardenas”. La Extreme, para aquellos afortunados que no la conozcáis, es  una ruta de unos 100 kilómetros que hay por mitad del desierto que hay por allí, y a la que se apuntaron 1.345 frikicilistas. Pero ninguno de los que recorrieron la ruta vivieron la Extreme como lo hicimos nosotras, eso seguro segurísimo.

Aquí mi amiga y yo, de aquí en adelante Pin y Pon, amanecimos junto con los atletas el domingo… ¡A las 6 de la mañana! Vamos, que si eso no es apoyar a tu pareja me planto en la redacción del Cosmopolitan a arrancar las largas cabelleras de las periodistas que van recomendando eso por la vida. Bueno, 6 de la mañana, y nos vamos a un pueblo aún más perdido de la mano de Dios donde estaba la salida… ¡Y aquello estaba que no cabía un alma! ¡Y eran las 7:30! Increíble. Y qué sueño.

Y no os lo perdáis que nos fuimos a esa hora porque… había que coger sitio para la salida. Sí, sí. Que la salida era a las 8:30 pero estuvimos una hora mirándolos hacer cola antes de la salida. Eso sí, había un ambientazo que daban ganas de coger la bici y hacer la ruta. Todos nerviosos apelotonándose en la línea de salida, música motivante a tope, y un señor speaker que no entendía que hablando al micro no era necesario gritar y nos estaba dejando sordas. Así llegó la salida: 8:30, cohete, confetis por el cielo, e It’s the final countdown sonando… y los ciclistas saliendo andando apoyando los pies en el suelo porque eran tantos que no podían salir rodando. Pues sí que empezábamos bien.

Total, que ahí los frikiciclistas se fueron pensando “buah, chavalote, menudo ambiente hemos dejado en el pueblo este” y la realidad fue que según se fueron todos quitaron la música de cuajo y que allí no había ni un alma. Todas las casas cerradas, nadie por la calle, y Pin, Pon y la perra buscando dónde desayunar. Menos mal que nos abrieron el bar de la piscina municipal y la población del pueblo pasó a ser: Pin, Pon, la perra y la camarera de la piscina municipal. Vamos, que de ambiente, nanai de la China.
Tras un opíparo desayuno nos fuimos plano en mano a hacer lo que teníamos que hacer, o sea, hacer de groupies. Cogimos el coche y nos fuimos a ver a nuestros chicos en plena acción para darles ánimos. Hicimos dos paradas y la meta, y en las dos dimos la nota. Es nuestro sino.

La parada 1 estaba en medio de una carretera Nacional que habían cortado para que los frikiciclistas pasaran de un trozo de desierto a otro trozo de desierto. Nos plantamos ahí con unos pocos que habían ido a hacer de groupies y un montón a los que les habían cortado la carretera “por culpa de la mierda esta de carrera o no sé yo el qué se han montado aquí hoy”.

Nosotras nos quedamos casi hasta que pasó por ahí el último de los 1.345 ciclistas, y claro, la gente que había mirando fue descendiendo drásticamente, hasta que solo estábamos: Pin, Pon, la perra y el Guardia Civil que estaba cortando la carretera e indicando a los frikiciclistas por dónde ir. Y eso de estar en medio de la nada pasando calor une mucho. Y nosotras que somos de natural charlatán pues nos hicimos amigas del Guardia Civil.

Que si “No sé si habrán pasado ya vuestros novios, si me preguntarais si he visto pasar en mallot negro a una rubia espectacular pues igual me acordaría, pero así un chico alto… pues no”, que si “Ah, qué suerte, que tú ya lo has visto y te ha dado un beso, y no vas tú y dices que qué asco el beso con polvo y con sudor ¡Ahora entiendo yo por qué mi mujer cuando llego a casa me dice “tu dúchate que yo te preparo la comida” mientras me hace la cobra!”, que si "¡Qué gracioso! Que te han dicho "eso es una cuerpo y no el de la Guardia Civil" ¿no lo habéis oído?", que si “Oye, chicas, en vista de que los corredores os miran más a vosotras que a mí, corto yo el tráfico y vosotras les indicáis por dónde tienen que seguir”.Y nada, ahí estuvimos diciendo a todos los frikiciclistas “¡Muy bien, chicos! ¡Es por ahí!”, y el señor agente de la ley apuntó nuestra sugerencia de poner un cartel con una flecha indicando el camino para próximas ediciones de la carrera. A ver si se cree que va a tener a dos niñas monas con un perro indicando a 1.345 bicicletas por dónde tienen que ir. Y alucinad en colores, que nos despedimos del señor agente de la ley con dos besos y nos hicimos fotos con él. Nosotras con nuestra cámara, y él con su móvil. Y eso que nosotras, preocupadas por su uniforme le preguntamos “¿pero puedes sacarte fotos estando de servicio?” y él nos dijo que sí, que no nos preocupáramos que no iba a subir las fotos a ningún lado, y que podía sacarse las fotos y que le gusta tener recuerdos de gente simpática con la que se va cruzando en el trabajo. ¡Muy majo!

La parada 2 se suponía que iba a ser larga y aburrida, y teniendo en cuenta los solísimas que habíamos estado el resto de la mañana íbamos a estar solas en medio del desierto. Por este motivo, habíamos planeado un shooting (vamos, una sesión de fotos de toda la vida) de la marca de bisutería que lleva mi amiga en medio del desierto. Pin, Pon y la perra de shooting con collares, pulseras, anillos, en medio del desierto, sin un alma alrededor, haciendo tiempo hasta hacer de groupie.

Sí, me hace mucha gracia la palabra shooting. Ya escribirla ni os cuento.

Total, que nuestro plan se fue a la mierda. Llegamos a donde teníamos que verlos, ¡y aquello estaba petado! O sea que eso de desierto, soledad, joyas y shooting se fue al traste. Yo que llevaba ya una semana pensando “bueno, bueno, voy a hacer de modelo en medio de la nada poniéndome pulseritas y así, y voy a contar aquí en el blog qué tal eso de hacer de supermodelo de shooting en el desierto” y llegamos y ahí estaba todo lleno de domingueros con sus neveras esperando a los ciclistas.

Sin embargo, nosotras somos unas profesionales, y el shooting de Unea (¡mirad su Fan Page de Facebook!) estaba apalabrado. Así que disimuladamente yo me llené los brazos de pulseras hasta el codo, y me puse collares por delante y por detrás. La otra cogió la cámara y click, click, click, nos hicimos las fotos. Fue un shooting acelerado, porque los ciclistas llegaron en seguida, y encubierto, porque eso de posar no sucedió.

Sin embargo, sí, dimos la nota. Todo el mundo a nuestro alrededor se dio cuenta de la jugada y nos miraba con cara de “¿Pero estas dos pavas qué hacen?”. Pero bueno, profesionalidad ante todo.

Así las cosas, bajamos a meta y dimos saltos de alegría cuando llegaron nuestros chicos. Ellos tan contentos, y nosotras, la verdad, que lo pasamos bien. ¡A mí se me hizo cortísima la mañana! Hacer de groupie es lo más.

Ah, y a la perra la fundimos. El día más largo en la calle de su vida. Ha pasado de odiar ir en coche a casi tirarse de cabeza en el coche de cualquiera cuando ve una puerta abierta. Si es que echarse una siestecita con el aire acondicionado puesto es un lujo perruno.

1 de julio de 2013

GROUPIES, EN MEDIO DEL CAMINO, HACEN LO QUE SEA POR ENTRAR AL CAMERINO


 Si hay algo divertido en la vida eso es hacer de fan sin tener vergüenza ninguna de tus actos. Pero ojo: nada de ponerse a gritar como una histérica mientras lloras y lloras y parece que te vaya a dar un algo. No, no,  eso no. Yo digo hacer de fan de hacer el indio y gritar, y saludar, y pasarlo bien. Siempre hacer de fan pasándolo bien, si no, nada.
 

En mi caso, soy una fan acérrima de los Hombres G. Y tú dirás, ¿los Hombres G? un poco pasaditos ¿no? Y yo te diré, eh, tía, cuidadito con mis Hombres G, que son los mejores. Y tú  seguirás con cara de incredulidad y me dirás ¿Pero no es coña?

Y no, no es ni un poquito de coña, que quede claro, transparente, cristalino. Me encantan los Hombres G, los adoro con toda mi alma, y eso que el fenómeno fan del grupo me pilló muy tarde. El boom de las chicas lanzando sujetadores a los Hombres G al son de “suéltate el pelo” a mí me pilló apresada en el carrito de bebé en el que me metían mis padres.

Si es que adoro la época de La Movida; yo tenía que haber nacido antes, lo digo siempre. Claro que entonces no habría podido tener un blog en el que escribir tonterías.

Total, que soy fan-fan de los Hombres G (Poner solo “soy fan” se queda corto. Yo soy “fan-fan”, mínimo). Soy Tan fan-fan que lo doy todo en los conciertos  y los pobres hombres me miran en plan “¿Esta chica cómo puede conocer esta canción si tiene 25 años?”, porque sí, se me ve. Y me ven, y tú ahora crees que no me ven ni de broma pero ya verás cómo sí me ven, sigue leyendo.
 
 

Uno de los primeros conciertos de los Hombres G al que conseguí ir con amigas fue en esa gira conjunta que hicieron con los de El Canto del Loco. Ellas iban a ver a los segundos, yo era de las pocas del recinto que se volvía loca cuando salían los primeros al escenario. Casi en la recta final David Summers me miró,  A MÍ, ¡Me miró! Casi me da un infarto, ¡Mi ídolo me había mirado! Y cuando se lo dije a mis amigas… casi se desorinan ahí mismo de la risa que les dio, qué perras.

-¿Pero cómo te va a estar mirando a ti, con toda la gente que hay aquí dentro? Vaya ideas.-se pensaba que era fan-histérica, pero yo soy fan-fan.

Y yo- Que sí que sí, que te juro que me ha mirado. Y ha sonreído y todo.

-Anda que se te va la olla a ti, calla que vuelven ECDL.

Y yo refunfuñaba pero me tenía que callar, y esperar a que volvieran a salir los Hombres G. Y así hasta que llegó el apabullante final del concierto.

Situación: Hombres G y El Canto del Loco en el escenario, cantando “Devuélveme a mi Chica” todos juntos. El recinto se caía, todas gritando como locas.

Inciso: ¿Por qué la última canción de un concierto conjunto es de los Hombres G y no de El Canto del loco? ¿Eh? ¿Eh? Ahí lo dejo.

Y volviendo a ese momento, David Summers me miró, OTRA VEZ. Y ellas lo vieron, y ya no estaba loca. Ya era fan-fan.

-¡Oye tía! Que sí que te ha mirado ¡Qué fuerte! ¡Te ha mirado! ¡Tenías razón!

Inciso: Normalmente no somos tan gilipollas al hablar, pero estábamos en momento histérico de concierto. Entiéndase la frase dentro de ese contexto, gracias.



Felicidad completa. Concierto 10 y mi ídolo sabía que existía en medio de la masa. ¿Se podía pedir más? PUES SÍ. Porque de fiesta por bares de dudosa reputación nos llamaron para darnos el chivatazo: Los de el Canto del Loco estaban en una disco a 10 minutos de donde estábamos.

-¿Y los Hombres G?- pregunté yo con un hilito de voz.

-Sí, aquí hay unos señores también con pinta de ser esos que te gustan a ti.

Puta gente ignorante. ¡UNOS SEÑORES! Qué poca vergüenza. No me puse en plan fan-fan porque ya que nos habían dado el chivatazo no iba a montar el numerito, pero era como para sacarles los ojos en cuanto tuviera oportunidad.

Sin embargo, prioricé tareas: ¿Sacar ojos u Hombres G? HOMBRES G. Y allá que nos fuimos, corriendo. Y digo bien corriendo, porque literalmente corrimos por la calle a su encuentro. Que luego se estuvieron horas en la discoteca en cuestión, pero una fan-fan tiene que hacer lo que tiene que hacer, y eso es correr. Y estaban, y los vimos, y nos vieron, y felicidad inmensa.

Como iba en plan fan-fan y no fan histérica, lo que hice fue ponerme al lado de donde estaban, mirando a mis ídolos desde un discreto segundo plano, pero haciéndome la indiferente con la situación. En plan “Sí, que están aquí a mi lado los Hombres G, no pasa nada, esto me pasa a diario”. Hasta que vino ÉL, y me sonrió, y se acercó a mí, y ya esto de hacerme la dura se fue a la mierda.

La conversación con mi ídolo David Summers, que se acercó él a mí, insisto, fue la siguiente:

-Hola, ¿Qué tal?

-Bien, bien, gracias. ¿Y tú?

-Bien también. Me llamo David, ¿Cuál es tu nombre?

-Hombre, ya sé quién eres.-Ahí haciéndome la dura- Yo soy Bailarina. (A ver si os creéis que os voy a decir mi nombre de verdad, ¡Listos!)

-Ah, encantado.-y me plantó dos besos, ¡DOS BESOS! Iba a explotar de emoción- Ya te he visto en el concierto ¡Cómo has cantado!

Y zas, se me cayó la mandíbula hasta el suelo. Me había visto, se acordaba de mí, Dios mío era la persona más feliz sobre la faz de la tierra. Sólo pude decirle como una lerda total: Ah, pensaba que no me habrías visto ni de casualidad.

-Pues sí, te he visto sí. Bueno ya nos vemos por aquí. ¡Hasta luego!

Y se fue, y allí me quedé yo anclada, mirando al infinito, con la mandíbula aun en el suelo y la copa que me iba a beber de trago acto seguido en una mano. Flipada. Feliz. No pude reaccionar hasta que no vino una amiga a sacudirme en plan fan-histérica de pacotilla “Que te ha hablado, tía, lo he visto todo, qué fuerte, te ha hablado”.
 
 

El momento más feliz de mi vida. Tal cual.

Desde entonces soy súper fan-fan. Tengo unas pobres amigas mártires que la verdad es que solo por la murga que les doy pues ya les gustan los Hombres G también, y me piden Hombres G en los bares y me dicen “¡Es para ti!”, y me acompañan a conciertos a dos horas de distancia de donde vivimos, y para que no parezca la colgada del concierto estudian las canciones antes para así parecer más un grupo de fan-fans en vez de una loca de atar que arrastra a sus pobres amigas a un concierto.

El pasado verano me acompañaron a un concierto a medianoche en una ciudad a hora y media de la nuestra y nos volvimos cuando acabó. Nos fuimos en el coche oyendo Hombres G, y nos volvimos a las 3 de la mañana oyendo Hombres G de vuelta a casa. Hicimos cola pacientemente antes de que abrieran el paso al escenario, y cuando lo abrieron eché a correr hacia el escenario…y ellas no, ¡ELLAS NO!

-¿Pero qué haces? Si estamos de las primeras, vamos a estar adelante, seguro.-Ponían cara de “¿Pero ésta qué hace? Yo no corro ni muerta”.

-¡Pero igual en la fila 1 no!- iba a entrar en brote.

-Pero mujer, si no es la uno será la dos a lo sumísimo.

Y ahí es cuando solté mi frase legendaria que aun recuerdan palabra por palabra y me la sueltan en cuanto tienen a bien para recochinearse de mi persona:

-A VER, NO HEMOS VENIDO HASTA AQUÍ PARA HACERNOS LAS FINAS AHORA, ASÍ QUE ¡CORRED!

 
Y alucinad en colorines, flipad como Dumbo en su pesadilla de elefantes de colores, pero aquí mis amigas corrieron, CORRIERON. Pusieron cara de estar en shock con mi brote, pero corrieron sin rechistar. Tampoco fue aquello un sprint a lo loco, pero corrieron conmigo, y estuvimos en fila 1, en medio del escenario, ahí. Y los hombres G nos vieron, y nos miraron, y nos sonrieron, y David Summers me escribió por Twitter al día siguiente.
 

Unas benditas. GRACIAS.