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16 de junio de 2014

TE HE VISTO BRACEAR EN PROFUNDAS LAGUNAS CON NADADORES

Antes que nada os quiero dar las gracias a todos por haber aguantado estoicamente el monográfico “Querido Novio y el Deporte” que llevé a cabo la semana pasada. La cosa es que ya me puse seria con el susodicho y le dije que esto de practicar deporte se le estaba yendo de las manos, que no había día en el que no hiciese algo y que  estaba como un yonki con eso de “es que el día que no hago deporte me siento como mal” y que ya le valía, básicamente.




Él, todo chulito, me dijo que era una exagerada y que no era en absoluto cierto que se estuviera pasando. Que qué tontería era esa de que era un yonki, que no le dijese esas cosas ni en broma (¡”ni en broma”, me dijo! Como si le estuviese hablando en broma o algo) que le iba a preocupar y que, además, no tenía razón porque el deporte que él practicaba, en realidad, no era para tanto.


-¿Que no es para tanto lo que haces? ¿Me estás diciendo eso en serio? - estaba echando humo por las orejas, lo notaba
-Pues sí, Bailarina, no hago tanto como dices tú.
-¡¡Pero si vas a hacer algo TODOS LOS DÍAS DE LA SEMANA, de lunes a domingo!! ¡No descansas ni un día!- la vena del cuello me iba a reventar.
-Eso no es verdad, los domingos no hago nada.
-¿Y el domingo qué tienes? Cuéntame.

Cara de pillo, touché



-Pero es que es la prueba de triatlón. - y cara de “pues claro que voy a hacer deporte el domingo, si estaba apuntado a eso, vaya tontería”
-¿Y el pasado domingo? ¿Y el domingo anterior a ese?
-Bueno pero es que eso era porque estaba entrenando para la triatlón pero que ya no hago más.
-Pero si esa prueba friki es la gota que colma el vaso lleno de un montón de gotas, que la culpa no es del triatlón, la culpa la tienes tú que vas a más y a más y a más y no sabes parar.
-Qué exagerada eres, Bailarina, de verdad, ¿eh? Que no hago tanto.
-¿Qué no?
-No.
-¿Seguro?
-Seguro.
-¿Quieres que te demuestre todo el deporte que haces y cómo es el epicentro de tu vida?
-Vale.
-Hecho.



Y ahí he estado, una semana haciendo en el Facebook de Bailarina frustrada un remember de posts en los que se hablaba de mi no tan Querido Novio y su siroco deportista, donde no han faltado:

  •          La vez en la que fui a verle andar en bici.

  •          La vez en que me regaló por nuestro aniversario un pulsómetro para el gimnasio (¿¿Perdonaaa??)

  •           La vez que se apuntó a hacer una maratón (42 kilómetros corriendo, casi cuatro horas, pero ojo que él con el deporte tiene una relación SANÍSIMA, cuidado. La exagerada soy yo, por supuesto).

  •          La vez que me dijo que se apuntaba a la triatlón esta (y que evidentemente ha estado entrenando para la prueba, es decir, aprendiendo a nadar).

  •          La cantidad ingente de pruebas a las que se ha apuntado para que haya desarrollado tal síndrome de Estocolmo, ¡¡que me lo paso bien cuando voy a hacer de animadora!! (algo falla en mi cabeza, está claro)

  •          Y ahora, por supuesto, la primera triatlón de mi Cuchifritín, que fue ayer.


¡¡Me han faltado días y estoy segura de que me he dejado algún escrito en el tintero!! Con esto creo que queda bastante clara mi opinión de que estamos siendo un poco excesivos en esto del deporte, ¿No?


Pero volvamos al presente…



Las jornadas previas al día T (de triatlón, o sea, ayer) también han estado graciosas, no os creáis, porque claro, para el bautismo del triatleta hace falta un look especial triatlón, y mi pobrecito novio no tenía el modelito adecuado para la prueba de ayer. Este drama supuso que el jueves se fuese a alquilar un neopreno.


Cuando quedamos a última hora de la tarde, evidentemente, le pregunté por el neopreno, porque yo le pongo verde pero al mismo tiempo soy su mayor fan y me preocupo por él, no os penséis.


-Bueno cariño, cuéntame, ¿Qué tal el neopreno?
-Pues me queda súper bien la verdad, eso sí, el tío de la tienda me ha dado uno nuevo para estrenar porque en realidad no tenía ninguno para alquilar… y no se… me da como cosa.
-Bueno pero eso es decisión suya, si te quiere dar uno de los nuevos pues mejor para ti. ¿Y cuánto te ha cobrado?
-Es que…. Bueno que no me ha cobrado nada tampoco.
-¿Nada de nada?
-Bueno algo sí, pero no el neopreno.


¡¡¡¡¡Alarma, alarma, alarma!!!!!





-¿Cómo que “no el neopreno"? Querido… ¿Qué has hecho?
-Es que… le dije al de la tienda que pensaba vestirme con un coulotte y una camiseta debajo del neopreno y me dijo que no que no, que eso se me iba a mover todo y que a ver si no tenía un mono de triatlón… y bueno que le he comprado uno.
-¿Y cuánto te ha costado el mono?
-70€
-¡¡Setenta euros por una camiseta con short incorporado!!
- Ya pero es que me no me ha cobrado el neopreno nada, y bueno así ya tengo todo listo para el domingo… ¿qué, de qué te ríes?


Y ahí estaba yo, en modo “jijiji”.


-                   - No, nada amor, que me parece fenomenal. Es que… tenía que contarte yo otra cosa que me he comprado y que era secreto pero con esto ya… pues estamos en paz.


Risa de pillo, claro, estábamos en tablas.


-      Querida… ¿qué has hecho?
-      Es que… ¡¡Es que salió una promoción de Furla en Vente Privée y me compré dos bolsos!! Y te lo tenía que contar pero me daba cosita y lo he ido dejando pasar y dejando pasar pero llegan la semana que viene y ya no puedo esperar más porque me vas a pillar con todo el equipo…
-      ¿Así que dos bolsos, eh?
-      Sí…
-      De Furla, ¿eh?
-      Sí…
-      O sea, que te ha salido más caro que mi “camiseta con short incorporado” ¿Verdad?”
-      Sí… sí… -Eso ya estaba siendo un poco ensañamiento, la verdad, pero bueno- ¡¡Que me parece muy bien, amor!! Los dos con juguetes nuevos y contentos, muy bien. Pues luego te enseño el mono y tú me dices qué bolsos te has comprado ¿De acuerdo?
-      ¡¡Claro que sí, amore!!





YYYYuuuuuuupiiiiiiii


Así que estos días he estado haciendo de coach (qué ganas tenía de usar esa palabra en mi vida) motivando a mi amado a tope pero a la vez diciéndole cosas como “pero tú con cuidado, ¿eh? Que tampoco vas a competir por puesto, tú con que acabes ya de sobra”. Una es como es, y yo no puedo evitar ser una drama mamá sin hijos.


Y ayer fue el gran día, primer triatlón, domingo, 10 de la mañana. Había dormido 5 horas pero yo me planté allí porque la primera fase es la de nadar y mi miedo era que mi Querido Novio no saliera del agua. Pero salió, ¡Menos mal!


Cosas que os tengo que contar de un triatlón:

·         La gente es muy friki. Como en una carrera a pie o en bici pero diez veces más frikis. Claro, ellos hacen tres deportes en una prueba, y se les nota que están grillados (muy friki todo, en serio).

Lo que os digo, como regaderas.


·         Tú te vas a las 9:30 de la mañana a ver a tu Querido Novio salir a las 10 al agua ¿Y qué pasa?, pues que no se ve nada de nada. Eso es una mancha negra llena de nadadores.

Con llegar a la parte de la bici suficiente.


·         Ese momento en el que hay unos tíos que entran desnudándose a la zona de las bicis, mientras otros se quitan los neoprenos a patadas, mientras otros corren descalzos, mientras otros salen con la bici corriendo y se ponen las zapatillas mientras la bici ya está en marcha….



Por mucho que os empeñéis en llamarle a eso “la zona de boxes” como si fuese la F1, eso es un frenopático en toda regla, que estáis todos grillados, y se os nota.


·         Esa gente que se baja de la bici en marcha y descalza “para perder el menor tiempo posible” es mal. Yo que iba de fan pazguata que ni sabía lo que se hacía en un triatlón casi me caigo muerta del susto de cómo se bajan de las bicis. Para más inri se metieron un súper sopapo tres frikis de esos a mis pies

¿Y por qué?

POR FRIKIS. Porque con frenar un poco más atrás y de forma ordenada no habría pasado nada pero noooooo señores, aquí todos tienen que ir con la puta rueda hasta la línea de meta y llevarse lo que haya por delante. Y claro, si lo que hay delante es otro friki se lo llevan y zas, montonera de ciclistas a los pies de Bailarina. Casi me muero.





·         Mi Querido Novio sobrevivió a la transición bici-correr ante los ojos atónitos y la cara de terror máximo de una que os escribe, que en su alma de drama mamá sin hijos veía a su novio en otra montonera de frikis y bicis, y con un brazo roto, o algo. Pero no, menos mal, aunque estaba tan histérica que ni pude animarle en condiciones, y claro, no supo que estaba allí. MAL.

Sobrevivió con nota a la carrera a pie.

Llegó a meta encantado de la vida. Y en tiempazo.

Ha quedado a mitad de tabla en su primera prueba. Y descansado. Que no lo dio todo por si acaso, me dice.

Dice que le da pena devolver el neopreno “con el que ha hecho su primera triatlón”. Me juego un brazo a que esta tarde lo esconde en el armario y se lo queda para siempre.

Ya está hablando de “en la próxima prueba…”.

Busca amigos para hacer la próxima con ellos (estáis advertidos, no os dejéis engañar).






Y ante esto yo solo puedo decir una cosa…Mátame camión.

25 de noviembre de 2013

RUN TO THE HILLS, RUN FOR YOUR LIVES


Como algunos de vosotros ya sabéis, tengo un novio que llegó a la crisis de los treinta y se puso a hacer deporte como si no hubiera un mañana (sí, lo siento, querido, este post también habla de ti).


Ya os conté en otra ocasión que a mi Querido Novio le gustaba salir a andar en bici, que se apuntaba a algunas carreras populares de Mountain Bike y que yo había ido con él una vez a una de esas carreras a hacer de groupie con una amiga. Fue muy divertido.

Sin embargo, no todo puede ser salir a andar en bici porque resulta que salir con la bicicleta requiere de una infraestructura  y una planificación previa que complica los entrenamientos. Además,  que salir con la bici para estar solo una hora no compensa (Querido Novio dixit, yo ni idea de que no compensara), y por eso hay que hacer otro tipo de deportes “para mantenerse en forma”.

Y este es el motivo por el cual mi amado corre.


Corre, y mucho. Porque los hombres tienen una cosa en la cabeza que les impide correr sin más, y luego irse a su casa satisfechos por el trabajo realizado. No señorita, aquí hay que demostrar al mundo que dentro de los atletas no profesionales que se mueven en la mediocridad tú corres súper bien.


Entonces, un buen día allá por mayo, mientras tú estás con una copa de vino blanco en la mano a la salida del gimnasio, porque oye, te has hecho una clase de cardio de una hora y estás agotada “Y además, que hemos quemado un montón, me voy a tomar un vinito, que me lo he ganado con creces. Y me voy a pedir una de esas tapas que hay en la barra también, que yo creo que estoy un poco mareada de todo lo que he quemado”, tu Querido Novio te aparece emocionado porque ha hablado con sus amigos y se van a apuntar a hacer una maratón.


Ahí, a lo grande. Porque ya se han apuntado a otras carreras de unos 20km y las hacen sobrados. Así que te dice, para tranquilizarte y que se te quite esa cara de pavor, que se han bajado un plan de entrenamientos de otro friki (que en Internet de esos abundan y ahora son más fáciles de encontrar), y que con eso en noviembre se hacen la maratón fácilmente.



-¿Qué, Bailarina, qué te parece?

-Esto… ¿Me pides otro blanquito?


Total, que estos meses mi Querido Novio y sus amigos han pasado a ser -en sus mentes- corredores semi profesionales: que si voy a ver este reportaje de este hombre del que no tenía ni idea de su existencia hasta ahora, pero ha grabado su experiencia como maratonista primerizo en no sé dónde; que si mira lo que me he comprado para correr, son unas medias de compresión que te mantienen los músculos en su sitio y no tienes agujetas, y esto otro son unas zapatillas que no tienen amortiguación y que son lo más parecido a ir descalzo, porque he leído en Internet que hay una teoría que…



Desconexión.


Tú que te creías que correr era salir a la calle y dar un pasito y otro pasito después a una velocidad un poco alta. Pues no. Hay todo un mundo de tarados sueltos en el universo running.


Consecuencias de creerse un deportista de élite:


El muro del Facebook y el TL del Twitter de mi Querido Novio son un coñazo. Ale, ya lo he dicho. Solo se habla de correr, de bicis, de artículos de gente que corre y gente que anda en bici y comentarios y fotos de cómo mi amado y sus amigotes corren y andan en bici.


Un rollo rollo rollo rollo.


Dado que el buen señor que tengo como pareja trabaja, sus sesiones de entrenamiento han sido o bien por las tardes después de salir de trabajar, o bien AL ALBA, a eso de las 6 de la madrugada, antes de entrar a la oficina, mientras yo ocupaba toda la cama que dejaba entera para mí.



Luego cuando le dejo sin sitio se queja. ¡Si casi no la usa!

Tenemos una perra culturista. Sí, lo que leéis. Mi amado ha estado saliendo a entrenar con ella atada a la cintura en una correa especial (sí, el universo perro también tiene DE TODO) y ahora es un can incombustible hecho de pura fibra. De haber seguido la rutina, el año que viene la pobre perri hubiera estado capacitada para hacer media maratón tranquilamente además.

Por último pero no por ello menos importante, mi cuchifritín habla raro desde que se apuntó a esto de correr desaforadamente. Dice cosas como “Hoy toca sesión tranquila: 30 minutos en Z2- léase Zeta 2-” o bien “hoy tocan series de 30 minutos en Z2 y Z3”.


Que diréis vosotros “¿Qué mierda es eso del Z2 y Z3?”. Y preguntáis bien, porque eso es señal de que no estáis infectados por el virus runner. Según parece son las zonas de frecuencia cardíaca: zona reposo, zona aeróbica, zona anaeróbica…


Es decir: friki, friki, friki, friki.


Total, que tras estos meses de duro entrenamiento, ayer domingo mi Querido Novio corrió en el Campeonato de España de maratón, que se celebró en San Sebastián, a una agradable temperatura de cuatro gélidos grados, dicho sea de paso.
                                                             Clima ideal... TURURÚ


Evidentemente, yo fui de groupie. Y como no podía ir de cualquier manera a hacer de groupie, me compré un gorro súper trendy en Oysho el sábado. La moda ha conseguido que me haya comprado un gorro de humaguaqueña que hace dos años no me hubiese puesto en mi cabeza ni aunque me lo regalaran. Estoy fatal, soy una víctima de la moda, pero ande yo caliente...

Eso sí, no os imagináis el cachondeo de mi novio silbándome a King África cada vez que veía el gorro para decirme, inmediatamente después, cuando veía mi mirada de odio profundo: pero que me gusta, ¿Eh?. En fin, volvamos a la maratón.

La maratón de San Sebastián está súper bien para hacer de fan porque como la ciudad es pequeña, para hacer 42 km. hay que dar vueltas y vueltas y vueltas al mismo recorrido. Y claro, en vez de ver a tu atleta pasar matándose a correr una sola vez, le ves un montón de veces y en sitios diferentes, y le animas y le saludas súper efusivamente como si se te fuera la vida en ello cada una de las ocasiones en las que os cruzáis.

No obstante, tener un novio que corre una maratón por primera vez para una persona que tiene alma de drama-mamá es algo horrible. Cada vez que veía a algún corredor que se paraba, o que se tiraba al suelo por los tirones en las piernas, o que iba corriendo como un zombie por el recorrido con una cara horripilantemente espantosa, se me encogía el alma y pensaba “Ay mi pobrecito niño estará igual o peor, el pobre”.



Eso sí, el sumun venía cuando veía u oía pasar una ambulancia, porque entonces ya me venía arriba en pensamientos chungos y me decía (como buena drama-mamá en potencia) “Oh Dios mío, ¿A que el que va dentro es mi pobrecito novio? No ha aguantado todo el recorrido, pobre”. Y miraba en el móvil la app de Runloc que te chivaba por dónde andaba para confirmar que el medio muerto de la ambulancia era mi novio.


Pero no era, menos mal. Y como no era, cuando lo veía pasar me ponía a saltar y a gritar como una descerebrada (había que entrar en calor. Recuerdo: 4 grados). El último saludo fue en el kilometro 40 y los ánimos fueron más o menos así:

-¡Vamos cariño, venga que tú puedes! ¡No te queda nada, va, va! ¡Vas súper bien, y ya estás casi! ¡Venga, voy contigo! –Me pongo a correr a su lado, entregadísima a la causa que no me lo creía ni yo- ¡Vamos cosita! ¡Va…. Uy… pero… qué rápido vas!... Te pierdo… ¡Te veo en meta! Adiós…


Y nada, a meta que se fue. Humillante cuanto menos que después de 40 kilómetros no fuese capaz de seguir el ritmo a mi Querido Novio ni siquiera  diez metros, pero así es la vida.

Ahora mi Querido Novio tiene en su haber una maratón terminada. Y como yo le digo, tiene el doble de mérito que el que ha ganado la prueba, porque estuvo corriendo nada menos que el doble de tiempo que él. Y oye, que correr dos horas no está mal, pero correr cuatro ¡Es una pasada!

Felicidades.


Ahora bien, como te oiga pronunciar “la próxima maratón” nos divorciamos ipso facto. Quedas avisado. Ah, y nada de hacerme llevarte otra vez la ropa de repuesto en una cutre mochila de propaganda. A mí me das una mochila por la que hayamos pagado dinero y sea bonita, he dicho. Que servidora tiene una reputación.

28 de octubre de 2013

HOY QUIERO CONFESAR, …


Que lo cierto es que la Pantoja no me gusta, pero me viene muy bien el título para hacer el post de hoy, sobre secretos que ya no quiero guardar más (léase con tono “no me vas a grabar más” de la Panto). Así que hoy quiero confesar…

 Que odio el plátano con todo mi ser. Es posible que no tenga mucho peso en comparación con el resto de confesiones pero tenía que soltarlo. Lo odio. Su olor, su color, sus hilitos asquerosos que se quedan pegados a la fruta… No se debe hablar así de la comida pero ¡PUAJ!

Por eso me da asquito la gente cuando se está comiendo un plátano, y ahora que tengo un novio atleta y se ha creído esa chufla de que los plátanos son ricos en potasio (o ricos, sin más, hay que tener agallas y una carencia absoluta de papilas gustativas para creerse eso), yo lo estoy pasando mal. Porque es verle comiendo una de esas frutas del averno y gustarme un poco menos. Es así, lo siento por todas esas asociaciones que te meten sus puñeteras cinco piezas de fruta al día por las orejas si es necesario, pero no puedo. Lo veo ahí, masticando esa fruta todo fálica, y me da asquito. Punto.

Que tengo alma de drama mamá. Esto significa que soy de cabreo fácil me dedico a mandar, sermonear y echar broncas a diestro y siniestro. Sin embargo, no todo el mundo conoce mi vena sermoneadora; el círculo de “afortunados” se limita a mi Querido Novio y a mis amigas que son de las pocas personas capaces de aguantarme. Por eso, no vale ser consciente de mi mal café y adelantarse a él para paliar la bronca/sermón. Hablo de hacer cosas como decirme “¿Te puedo decir una cosa si prometes no enfadarte?”. Mal, muy mal, porque:

1.    Haré que no me he enfadado pero en el fondo estaré enfadada por lo que me cuentan y también por hacerme esa jugarreta fea de hacerme prometer que no me voy a enfadar. Mal, aunque me puedo aguantar. El ingenio también se premia.


Pero fundamentalmente no me podéis hacer eso porque lo que es aún más importante:


2.    Como buena persona con alma de drama mamá voy a pensar que estáis metidas en temas chungos, negros, oscuros, tenebrosos, de drogas o ajustes de cuentas entre bandas rivales como mínimo minimísimo, y de ahí a cosas más escabrosas y chungas. No me deis estos sustos innecesarios. Por favor.







Por cierto, hay que leer a la Drama Mamá original, fundamentalmente porque ni es única ni es inimitable. Todos tenemos una en casa. Aquí el blog de la autora. Ahora os compráis los libros, que hay que leer.

Que le estoy pillando el punto a esto de hacer de groupie de mi Querido Novio el atleta. Tampoco es que sea el plan de mi vida, pero al final me entretengo viendo a todos esos atletas pasar delante de mi sudando la gota gorda, y me vengo muy arriba cuando el atleta en cuestión es el susodicho Querido Novio y salto y le animo a gritos. Y es que después, cuando lo vas a recoger a meta está tan contento de que hayas ido a verle y a animarle que oye, al final te compensa.

Además, luego toca aperitivo dominguero, que como plan es fantástico. No obstante, creo que vamos a tener que plantearnos un poco las dimensiones que esta afición está tomando.

Porque yo hoy estoy arrastrando un sueño infernal y una cara que sería mejor hundir en una almohada y que no volviera a ver la luz del sol. Dios mío, qué sueño, y qué cara más mala. Y todo este sueño ¿Por qué? Pues porque esto de ser supportive girlfriend se me está yendo de las manos y está impregnando todo mi subconsciente.

De tanto ir a hacer de groupie a las carreras, y preguntar por los entrenamientos, por su evolución como atleta amateur que se está profesionalizando y por las zonas de frecuencia cardíaca en las que ha ido mientras estaba en carrera, me he obsesionado. Me he obsesionado y he pasado una noche toledana, qué horror.

Resulta que me he tirado toda la noche soñando que era yo la que se había apuntado a una media maratón y que la carrera era al día siguiente y que no había entrenado ni flores y que me iba a morir en la carrera, básicamente. Yo, que siempre digo que correr es de cobardes, y que a enemigo que huye puente de plata, y que a mi no me verán haciendo el gilipollas corriendo por la calle ni aunque me paguen, porque yo no corro. No corro y punto pelota.

Y ahí me he pasado toda la noche agobiada porque tenía carrera. Qué agobio de verdad. Para más inri, en mi sueño llegaba el día D y me quedaba dormida, de manera que iba tarde y no podía llegar a la salida a no ser que fuese corriendo, pero yo no quería correr porque  me iba a cansar y después no iba a poder acabar la carrera de las pelotas. Un show.

Por otro lado, mientras iba caminando agobiada hacia la susodicha prueba:

1.    Me escondía de la gente conocida para que no supieran que me había apuntado a una carrera.

2.    Me escondía de los compañeros del gimnasio para que no me obligaran a correr a su ritmo.

3.    Me escondía porque una pequeña parte de mi yo del sueño barajaba seriamente la opción de agazaparse en algún sitio y pasar olímpicamente de ir a la carrera, pero callarse como una puta y no confesar que había hecho pira de la prueba.

Total, que igual hasta salgo a correr para reafirmarme en mi posición de “correr es una mierda” y no volver a tener sueños en los que tengo que correr, porque ha sido horrible. Estoy agotada.

Que llevo al día los estudios del Máster que me estoy haciendo. Esto queda fatal y contraviene totalmente con mi muy curtida y trabajada imagen de estudiante pasota, que no va casi a clase, que va a la Uni para quedarse en la cafetería, que no estudia y sale de fiesta… vamos, una malota de manual. Sin embargo, ya no somos lo que un día fuimos.

Ahora me siento en la fila uno (¡FILA UNO! Con lo que he sido… Madre de Dios), atiendo y tomo apuntes. Y como si todo esto no fuera suficiente, luego en casa me hago los apuntes –a limpio y con información extendida- y me lo estudio. ¡Tócatelas!

Espero que este furor uterino que me ha entrado sea por la novedad de ser estudiante de nuevo y se me pase pronto, porque de lo contrario me muero. Voy a pasar a ser eso que siempre he aborrecido: una rancia empollona antisocial. Y ESO SÍ QUE NO. Con un equilibrado punto medio entre malota de hermano mayor y empollona insufrible me conformo.

Que la vanidad me está ganando al pudor que siento cuando hablo in person de este blog. Cada vez me cuesta menos decir a la gente “pues yo tengo un blog, a ver si lo lees” –que siempre me había parecido un comentario bastante snob, pero como ahora ya cualquiera puede tener un blog en el que vomitar las chorradas que se le vienen a la cabeza pues p’adelante como los de Alicante-. Eso sí, igual también es porque nadie ha osado criticar lo que hago (aun), que el día que me pase igual me da un patatús.

Que estoy enamorada. Oye, si lo dice el original de la canción pues lo voy a decir yo también.  Y así el fin de post me queda redondo. Cuchifritín, que tienes conmigo más paciencia que el santo Job. ¡Gracias!

Si vosotros también estáis enamorados y queréis dar con la más auténtica y sincera muestra de amor verdadero, amigos, no busquéis flores ni bombones ni rancias declaraciones escritas (o cantadas) de amor. Si queréis demostrar un amor que no conoce límites lo que hay que hacer es “el culito amoroso”.

¿Y qué es eso? Ay, qué incultura. Hacer el culito amoroso supone estar en la ducha, con el vapor empañando la mampara y el espejo, mientras tu amado está fuera haciendo cualquier cosa. Entonces tú vas todo amorosa y le dices:

-Mira cari, ¡para ti! ¡Te quiero!

Y zas, pegas tus melocotoncitos (o sea tu culo) contra la mampara del baño para que se queden dibujados. Aquí la cara de estupefacción del amado es evidente.

A ver, que yo esto no lo he hecho nunca jamás, ¿Eh? A mí me lo han contado, pero yo creo que a la hora de poner los melocotoncitos hay que tener cuidado y poner solo la parte central del culillo para que quede bien la performance. No sé, me da en la nariz que tiene que ser así.

Total, melocotoncitos a la mampara. Cara de susto. Acto seguido separas tus bellos melocotoncitos de la mampara y se ve que el dibujo que queda son las dos montañas de cuando dibujas un corazón.

Completas el dibujo haciendo el pico del corazón con la mano, y listo. Culito amoroso hecho, corazón de melón completado. True love, está clarísimo. Si después de semejante atrocidad seguís juntos ya no hay nada que pueda destruir esa relación.

Esto sí que es una verdadera manualidad y no lo que enseñan en Art attack.