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9 de junio de 2014

MAMA TOLD ME NOT TO COME

Como os he contado en varias ocasiones, ir a una sesión de depilación láser es una experiencia semi religiosa en mi vida: siempre me pasa algo (ya os he escrito sobre estos sucesos en posts anteriores aquí y aquí también. Lo sé, soy muy sota, caballo y rey, os pido disculpas).



Un resumen de lo que ya os he contado: que si vete allí, ponte una braga ridícula, aguanta estoicamente los calambrazos de esa esteticién hija de una hiena con voz suavecita que te habla dulcemente, y ahora también, disfruta de ese maravilloso previo a la láser con ese tinglado fantástico de untarse de crema anestésica el cuerpo serrano  (y, por supuesto, que tu madre se crea que se te va a anestesiar hasta el alma y vas a aparecer tirada en el suelo dormida como si fueras la Bella Durmiente), y envolverte toda tú en film transparente.


O lo que mi hermana, esa mujer que en ocasiones tiene una crueldad verbal insultada, lo llama “El choricico”. Sí, amiga sufridora de la depilación láser: que sepas que cuando te vas a un centro estético haciendo cras-cras-crás por el camino, y tú toses para disimular el ruidito que vas haciendo porque estás envuelta en ese film, mi hermana te llama choricico.


Y ya que estamos, que sepas que la tos no te disimula nada la banda sonora de cras-cras-crás, así que ni lo intentes. Pero bueno, volvamos a la actualidad, porque en mi operación "Puesta a punto para verano 2014", esta semana pasada me ha tocado la última sesión de láser antes de volverme una lagarta tanoréxica.





Esto significa que:
1.- A día 9 de junio, sigo pareciendo copito de nieve. Pero esto se acaba YA MISMITO. Empieza mi mutación a mulata sabrosona. ¡Viva Mozambique!

2.- Tengo algo que contaros sobre mi experiencia láser (otra vez, sí). Os juro que intenté hacer las cosas bien y no dar la nota en la depiladora, pero es que siempre me pasa algo, no lo puedo evitar. Yo os prometo que lo he intentado, pero nada, no hay manera, chica. Mi afán de protagonismo siempre me supera.



En esta ocasión, mi gran error fue como consecuencia de un mal uso de la crema anestésica, y es que se ve que tengo una curva de experiencia muy poco desarrollada. Vamos, que la cagué con a cremita.



La cosa es que me apliqué el ungüento, me envolví en el plastiquito, ¿Y qué hice?



Adivinad, amigos.



Pista: ¿Hemos aprendido algo de Scartlett Johansson? 
¿De esas súper famosas a las que les hackean el móvil y las muy guarrillas se han hecho selfies en pelotas que al final las ve medio planeta? 
¿No os han dicho vuestros padres (en una brutal renovación de charla parental) eso de “a ver tú qué fotos te sacas y a quién se las mandas por ese guasá que aquí sois todas amiguísimas para toda la vida pero luego ZAS, te la clavan suciamente por la espalda y todo Cristo con tu foto en su móvil”?




Noooooo. No hemos aprendido nada.


Y por ese motivo, una que os escribe, en plan teenager inconsciente y rebelde a la que esas charlas le chupan un pie, me planté delante del espejo en bragas y con el choricico puesto, y me saqué una foto ridícula hasta decir basta (por lo menos no se me ve la cara así que siempre puedo negar que ese cuerpo envuelto en film sea el mío).


Y como no conozco el pudor, le mandé la foto a mi hermana por whatsapp con un mensaje que rezaba “te lo dedico”. En plan musa del Albal.


Soy así, no conozco el miedo y vivo siempre a límite. Cuando voy a la pelu y me hago las mechas, me envuelven los mechones en papel albal (¡qué curioso, el albal es una constante en mi vida!) y me hago siempre siempre siempre un súper selfie con el secador envolviéndome la cabeza y los albales en la cabellera.



Me encanta esa foto (esta no, la mía), parezco sacada de Star Wars (y me gusta más aun, claro). Y como me gusta tanto, la mando sin contemplaciones a todo pichichi. Si algún día me hago famosa ME MUERO. Tengo unas fotos muy turbias por ahí al alcance de cualquiera.


Pero volvamos a la depiladora, porque lo peor no fue la foto de choricico volando por whatsapp. No. Lo peor de todo fue que cuando estaba de camino a ese centro del dolor, me di cuenta de que se me había partido una uña, y decidí hacerme un apaño mordiéndomela. Qué otra cosa podía hacer.


Cuando llegué a la sala de espera del centro de belleza ahí estuve, ñan ñam con el dedo en la boca un par de minutos para hacerme el mínimo destrozo posible. Hasta ahí todo normal. El problema vino cuando, a los cinco minutos, empiezo a notar un hormigueo en la boca.


“Ay, que la he liado”.



Me llevo la mano a la boca, y efectivamente, la he liado. No noto el labio inferior. Lo toquiteo, lo manoseo, lo pellizco, lo muerdo… nada de nada de nada. Labio inerte. Cara de pánico, yo sola en la sala de espera estirándome el morro como si fuese una negra zumbona de labios hiper carnosos. Y cara de pánico.


“¡¡¡Joder, joder, joder!!! ¡Que se me ha dormido el labio! Pero si me he lavado las manos después de ponerme la crema esta… ¿Por qué no noto la boca? Dios… ya no sé ni lavarme las manos bien. Soy gilipollas, ¡soy gilipollas! Me he anestesiado el labio. Bailarina, eres gilipollas de manual”


Y efectivamente, soy gilipollas de manual. Pero me estaba riendo en la sala de espera cosa mala. Sin embargo, ¿por qué fui una auténtica gilipollas-de-manual?

¿Por dormirme el labio con la anestesia de la depilación?

¿Por estirarme los morros hasta dejarme la cara roja de la barbilla a la nariz?

¿Por ponerme los labios como una negra zumbona sabrosona?





No. Soy gilipollas por coger y contárselo a mis padres por whatsapp en el chat de la familia. Y os reproduzco la conversación:


Bailarina dice: ¡Hola familia! Os voy a contar lo que me ha pasado para que os riáis (sigo aquí esperando). He ido al centro este con la anestesia y parece que no me había limpiado bien las manos.
Madre de Bailarina dice: ¿Y?
Bailarina dice: Porque se me ha partido una uña y me la he metido en la boca (sí, me he mordido una uña)… ¡¡Y se me ha dormido el labio de abajo!!
Padre de Bailarina dice: jajajajajaja
Bailarina dice: Soy leeeeeeeeerda
Madre de Bailarina dice: ¡Bailarina, por favor!
Bailarina dice: Os lo juro.
Madre de Bailarina dice: No es broma. Te puedes envenenar.



Ole, ole y ole.


Olé ahí esa drama mamá de libro viendo muertes por envenenamiento anestésico. No veáis qué súper bronca me cayó al día siguiente (sí, a mi edad): que si soy una inconsciente y me puedo morir y que menos bromas con esas cosas que me doy así a lo loco y luego mira lo que me pasa, que a ver si no me enseñaron a lavarme las manos bien, porque es que mira que hace falta ser torpe para que me pase algo así, que si eso de morderse las uñas ya me ha dicho una y mil veces que no se hace y luego mira lo que me pasa…



En fin. Aguantamos el chaparrón estoicamente. Pero de esta ya he aprendido la lección: cuidado con el Whatsapp.

5 de mayo de 2014

YO TE DOY CREMITA, TÚ ME DAS CREMITA

Hoy me dirijo a vosotros terriblemente traumatizada y con el ego herido de gravedad. La semana pasada volví donde ese ser que odio con todas mis fuerzas porque me humilla sin contemplaciones cada vez que voy: la depiladora.


Sí, amigos, la operación bikini ya está aquí y eso incluye eliminación de vello de zonas donde el vello no está bien visto (a no ser que seas alemana). Total que, como siempre, sufrí un dolor infernal. Nada nuevo bajo el sol.



La gracia de esta ocasión es que tuve con mi hermana (y también con mis padres, que fueron espectadores VIP del show)  un maravilloso previo a la depilación digno de mención.


Sucede que la pistola asesina de mi esteticién hace un daño que deseo estrangularla con todas mis fuerzas cada vez que voy. Este es también el motivo por el cual, si puedo, me escaqueo de las sesiones de la láser. La constancia no es lo mío; yo voy a verla por inevitabilidad (y porque he pagado ya un ojo de la cara por ir a SUFRIR –sí, así en mayúsculas- con ella).


Hace dos sesiones, al ver mi cara de odio supino, mi enemiga acérrima vio que su vida peligraba ya en serio y me dijo que me pusiera para la próxima sesión una crema anestésica en las zonas a tratar. La sesión anterior seguí sus instrucciones a rajatabla y usé la susodicha crema, y para esta he hecho lo mismo.



¿La diferencia? Pues que en esta ocasión me ayudó mi hermana con la crema, y no paró de reírse a mandíbula batiente durante todo el proceso.


Explico a los afortunados que no tenéis que pasar por en trance de aplicar sobre vuestros cuerpos la mierda de la crema anestésica de las pelotas: Esta fantástica crema ha de aplicarse dos horas antes del momento esteticién asesina con pistola láser.


“¿Cómo, como si fuese una crema hidratante normal pero que te atonta?” Pues parecido, pero no. Hay que aplicar una generosa capa de crema y dejarla ahí para que actúe, nada de esparcir.


“Pero entonces, si estás con esa capa por tu cuerpo, ¿Cómo te vistes? ¿Lo pringas todo?” Ay, amiga preguntona, has llegado al quid de la cuestión. La esteticién jamás dejaría que esto fuese algo tan soso como darse una crema y pringar la ropa, no. Ella es más retorcida que todo eso. Por eso, cuando te has terminado de untar la crema, tienes que coger el film transparente de envolver bocadillos y envolverte a ti misma.


Sí, amiga sí, como si fueras un bocadillo. O, como me dijeron a mí en casa “¡Como un choricillo, ay mi choricilla!”.


Empecé a untarme la pierna 1, y todo iba bien hasta que el film transparente apareció en escena.

-¿Pero qué haces?- Mi hermana, con los ojos como platos
-Ya te he dicho que tenía que ponerme la crema esta. No me vengas con “pero qué haces” ahora.
-¿Pero te tienes que poner eso así?
-Sí.
-¿sí?
-Sí.
-¿Segura?
-QUE SÍ JODER.
-Pues esto no lo cuentan cuando te hablan de la láser ¿eh? No sé cómo mi amiga María va a hacérsela en coche si tiene las piernas así aprisionadas. –Y me sigue escrutando con la mirada mientras yo giro el tubo de film sobre mi pierna- Qué graciosa, ¡si pareces un choricillo!-y se empieza a descojonar, la graciosa de ella- ¿Pero vas a poder andar con eso puesto?
-¡Claro que sí!- Y sigo con la pierna 2. Primero la crema y después el film.
-Esta pierna te está quedando mejor que la otra ¿eh? Pero igual ¿no está demasiado apretada?
-No, hermana, es así.
-Ya veo ya. Me dejas pasmada. A mi madre –la llama así, como si no fuera también madre mía. Es la costumbre de estar separadas- no le hacen así cuando va a la láser.
-Pero es que a tu madre, y a la mía, le hacen con otro láser diferente.-Acabo con la pierna 2 y mejoro el vendaje de plástico de la pierna 1, que me había quedado un poco chuchurrío.
-Ya veo.
-Bueno. Esto ya está. Ahora lo divertido. ¡INGLES!





Y darse la crema en las ingles es especialmente divertido porque ahora todas las mujeres sobre la faz de la tierra tenemos un pubis con un vello que no es humanamente posible tener de manera natural. Esto significa crema anestésica a cascoporro y por doquier.


“¿Por qué?” joe, amiga preguntona, hay que decírtelo todo. Pues sencillamente, porque ahora las mujeres nos reducimos a dos tipos en lo que a este tema se refiere: Skinhead –calva como el calvo de la lotería- o Crestica –así en plan punky-. Nada de pelo “normal”.


En resumen: mucha, mucha, mucha crema anestésica.


Mientras estaba yo dándome la en los rincones más recónditos de mi ser –y en unas posturas cuanto menos inverosímiles- me inquiere mi hermana:


-¿Y tú esto por qué no lo has contado en la Bailarina? –y yo no me lo puedo creer. Me incorporo y la miro incrédula con los ojos como platos.
-Pero vamos a ver, hermana, vamos a ver: MÍRAME. ¿Tú crees que esto –y me señalo eso todo lleno de anestesia- lo voy a contar en el blog? Esto es ya demasiado ridículo hasta para mí.
-Pues no veo por qué no lo cuentas. Total, con lo que has escrito ya… ¡Esta la cuentas!
-Ni hablar, y punto.


Y mira, aquí estoy, hermana. Hablando de mi eso. Siéntete “agradecida”.


Bueno, volviendo a la anestesia, termino con la zona 0 -con mi hermana estudiándome cada movimiento como si fuese una paciente de frenopático y negando con la cabeza cada dos minutos- , y en el momento film, con todas las manos aun pringadas de crema, le miro con cara de auxilio.

-Esto… ¿Me puedes ayudar?
-¿Que te QUÉ?
- Aver, lerda, que no me tienes que toquitear nada ¿Eh? Tiquismiquis… Mira, me pongo yo la primera capa de plástico –y, efectivamente, así lo hago. Pongo sobre mí una tira de plástico en modo compresa de noche XXXL- ¿ves? Lo que pasa es que se me mueve y necesito ajustarme más esto. Entonces, si me lo pones así tipo faja por la cadera para que aguante…
-A ver que te ayude. Trae -y coge el film- ¿Así?- me dice mientras me envuelve toda yo.
-Sí… bueno así está bien. Más vale que sobre que no que falte.


Eso supuso estar envuelta de muslos a cintura y desde la rodilla hasta los pies. Algo discreto, vamos. Una vez terminada la envoltura, me puse la ropa interior y ¿Qué hice? No podía quedarme sin que el mundo viera la maravillosa obra de arte que acabábamos de realizar, era toda una Bailarina-momia-choricillo-transparente-apretada, así que ni corta ni perezosa me fui al salón, donde mis padres estaban viendo la tele:



-¡¡Miradme!! ¡Vengo del futuro! Os voy a llevar a mi nave del tiempo…
-¡¡¿¿Pero hija mía, qué te has puesto??!! ¿Y qué es eso que llevas AHÍ? –y le propina un súper codazo a mi padre, que estaba un poco “traspuesto” después de comer- ¿Pero tú has visto eso? ¿Has visto lo que se ha puesto tu hija?
Mi padre, pragmático donde los haya, abrió un ojo, me miró, y murmuró antes de ponerse de nuevo a roncar:
-Hay que joderse.


Fin de las aportaciones de mi padre a mi figura de choricillo. Así que con mi hermana descojonada perdida, mi padre durmiendo y mi madre muy horrorizada me vestí para irme ya a mi esteticién asesina. Fue un lapso de tiempo cortísimo pero mi madre me pilló por banda y empezó a lanzarme preguntas a mil por hora mientras mi hermana se meaba viva de la risa:


-¿Pero tú estás segura de que es así esto que te tienes que poner?
-jijiji- Mi hermana.
-Sí, madre. Lo he hecho otra vez más y es así
-¡Oye pero es que tú suenas a plástico cuando andas! ¿Cómo vas a ir así? No tendrás que ir andando, ¿verdad?
-jijiji- Mi hermana.
-No, madre. Voy en autobús.
-No me llames madre que pareces una paleta de pueblo, eso es de carcas. ¿Y cómo vas a ir al autobús?¿Ya puedes andar?¿Estás segura de que no se te van a dormir las piernas? A ver si te caes en medio de la calle por la anestesia que no te responden las piernas.
-jojojojo- Mi hermana, otra vez.
-Mamá, por favor. Que esto solo te duerme la piel, puedo andar perfectamente.
-¿Estás segura? Le despierto a tu padre ahora mismo de la siesta y que te lleve en coche, que me quedo más tranquila. Si es que mírate cómo andas por el pasillo, que pareces Robocop, ¿Cómo vas a llegar así a ningún sitio?
(sí, ya sabéis quién se reía)
-Madre, ya estoy vestida, ya he ido así más veces y no me ha pasado nada y voy a volver a ir así con los plásticos en la pepitilla…
-¡¡BAILARINA!!
-…en la pepitilla y en autobús donde la esteticién. Y ya está.
-Ala lo que ha dicho, qué fuerte- Mi hermana metiendo baza, claro.
-¡¡Esa boca, esa boca, esa boca que te la anestesio de un guantazo!!
-¡Mo-vi-da, Mo-vi-da!- ya jaleando a tope el ambiente.
-Es verdad, perdóname. Pero bueno, ya estoy. No te preocupes de verdad que voy bien, llego bien y cuando vuelva a casa te llamo. No se me van a dormir las piernas por la calle, puedo andar perfectamente, tengo aquí dinero para el bus y las paradas están de puerta de casa a puerta del centro. Ale, me voy. Un beso, hermana- Muack, y le cayó un “perra cabrona” al oído como una catedral-. Madre –muack-. ¡Hasta luego!



¿Y sabéis lo peor de todo? Que ni siquiera eso fue lo peor. No amigos. Lo peor fue tener que ir en un autobús rodeada de desconocidos con film transparente sobresaliendo de los pantalones hacia los pies ¡¡Hacia los dos pies!!



Todos en ese lugar supieron que estaba cubierta de film como una choricilla. Qué vergüenza. 

2 de mayo de 2013

De orígenes de nombres, bragas higiénicas y otras ideas que nadan por mi cabeza loca


Día dos de blog y aun sigo al pie del cañón, ¡Bien por mi! Esto del blog ha cambiado en 48 horas mi forma de vivir, y voy por la vida pensando “¡Uy, esto para el blog! Que no se te olvide, que a ver si un día te quedas sin saber de qué escribir”.

Total, que para hoy tenía pensado hablaros del porqué del nombre “Bailarina Frustrada” cuando nunca jamás hice ballet, presentaros a mi drama mamá (porque no, Amaya Ascunce no es la única que posee una de esas, palabrita), pero he sufrido un acontecimiento que me ha empujado a cambiar mis panes. “Mis dos lectores anónimos tienen que saber de esto”, me he dicho, y aquí estoy.



El caso es que di con mis huesos en un centro de estética porque claro, la operación bikini ya ha empezado, y estoy en plena campaña de retirada de pelusilla en mi cuerpo serrano. Que me estoy haciendo la láser, vamos. Y como si estar tendida en una camilla con unas posturas inverosímiles delante de una desconocida “armada” no fuese ya suficientemente humillante, para estas maniobras me hacen ponerme una  “braga higiénica desechable”.

Espero que sepáis de lo que os hablo sin necesidad de mostrároslo, porque de hecho, pensé “Voy a sacarle una foto a esta cosa y hago la entrada en el blog de esto”, pero es que era una cosa TAN sumamente espantosa, que no fui capaz de fotografiar semejante atrocidad.

Pero vamos a ver, esteticienes y masajistas del mundo mundial (Copyright: Manolito Gafotas): ¿En qué momento se os ocurrió ponernos ese invento del diablo a vuestros pobres clientes? ¿Qué objetivo tiene? Porque, sinceramente, yo higiénico no lo veo con todo ahí al aire. Partiendo de la base de que esa “braga” tapa lo mismo por delante que por detrás, ya se ve que algo no marcha bien; o sea que tapar, tapa poco.

Por otro lado, en el caso de los masajistas… esto, vamos a ver: cuando el común de los mortales nos imaginamos a nosotros mismos disfrutando de un masaje relajante que te pone el vello de punta en ningún, ningún, ningún caso entra esa telita chunga en el fantaseo. Yo, personalmente, solo he ido a recibir un masaje una vez en mi vida, y no vuelvo. Solo podía pensar  “Dios mío, que me está viendo con esta braga chunga asquerosa, ¡Qué vergüenza! Que se acabe esto ya…”. Total, que un masaje nada placentero.
 




Moraleja: por favor, a quien corresponda, vamos a replantearnos la utilidad de esas bragas asquerosas, que no les veo yo mucho sentido.

¡Feliz día!