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17 de marzo de 2014

I WANNA JAMMIN WITH YOU


Esta semana pasada va a pasar a la historia de Bailarina como aquella vez en la que se lió parda. Pero parda pardísima. Os cuento:


Esta ha sido una semana muy intensa de nervios, agobio, angustia, estrés pero que, afortunadamente, ya pasó. Hoy es lunes de nuevo, luce el sol, los pájaros cantan y la vida es maravillosa. Sin embargo, la semana pasada no era así. Yo iba como una zombie histérica por la vida (zombie porque no me enteraba de nada que no fuesen mis circunstancias e histérica por los nervios), y debía de tener semejante cara de agobio, que un amigo me dio un obsequio para alegrarme un poco.




-Toma. –me dijo el miércoles- Que te veo muy agobiada y con esto que me han dado el sábado te echas unas risas a mi salud.

-¿Pero qué es?

-Nada, de las del bar. Que han preparado de éstas para una boda que han tenido y les han sobrado. Son… galletas de maría y me han dado una. Toma, te doy la mitad para ti para que te la tomes el fin de semana y ya verás qué bien.

-¿Cómo maría?

-Sí, maría, marihuana. Para que te entre el jijiji. Toma.


Y cras, partió la galleta en dos y me dio media envuelta en papel de aluminio (me dio la mitad más pequeña, en honor a la verdad).


-¡¡Puf!! ¡Cómo huele al partirla, madre mía! ¡Qué bien te lo vas a pasar el fin de semana! Aquí tienes, ahora te tengo que dejar que he quedado, pero ya me contarás qué tal, ¿eh?

-Eh… sí, claro… hasta luego…




¿Qué? ¿Cómo os quedáis con Bailarina porrera? ¿eh? ¿eh? Espero que tan en shock como yo. ¡¡Galletas de marihuana!! Casi me quedo muerta con el albal en la mano, no entendía nada. Tardé un poco en procesar lo que me acababan de dar de regalo.


A ver, vamos a explicar un poco esto porque claro, yo vivo con miedo de que mis padres algún día lleguen a leer este blog (no confiéis en el empanamiento de los padres y en el desconocimiento que tienen de las nuevas tecnologías, que en un pis pas te han pillado con todo el equipo y tú estás castigadísimo aunque tengas 35 años, os lo advierto).


Aquí la que os escribe tampoco es que sea la reencarnación blanca de Bob Marley, esto por adelantado. De hecho, por no saber, no sé ni liar un porrillo; las manualidades nunca se me dieron bien en el colegio, y ahí sigo, torpe perdida. Con lo cual, que quede claro que no soy fumadora habitual, y tampoco puede decirse que sea fumadora ocasional.


Lo que pasa es que si, por ejemplo, se da una alineación planetaria en la que hay algún fumeta conmigo, es una ocasión especial, el susodicho se hace un cigarrito de la risa para todos y me lo pasa, pues yo voy y le doy un par de caladas y me da la risa y el hambre. Y ya.


..Te lo juro madre que este blog es de humor y mentira cochina todo…



Total, que la galleta era un plan genial, no había que preparar nada. Comer y listo, a reír a tope. Y si la “dosis” se supone que era una galleta por persona con media no me iba a pasar demasiado, que tampoco es que esté yo demasiado acostumbrada a estos planes peace&love. Me metí la galleta en el bolso y me la llevé a casa.


Una vez allí, pensé “vamos a esconder esto bien porque tampoco vamos a tener drogas en mitad del piso, aunque estemos aquí solos mi Querido novio y yo, que esta es una casa de bien”. Y a ello me puse. El mini paquete acabó en un cajón de la cocina camuflado entre vasos, tuppers, sal y azúcar. Bien.


El drama, una vez más, vino al día siguiente y de la mano de la adoptada de cuatro patas que tenemos en casa, y es que la zorra (por inteligente) de Leia tuvo a bien tener un jueves investigador como en los viejos tiempos.


Cuando llegué a casa a mediodía encontré: cajones abiertos, basura desperdigada por el suelo, vasos separados uno a uno y colocados por la cocina sin orden ni concierto, una taza de desayuno rota en mil pedazos…




Y el paquete.


Bueno, el ex paquete. Vacío. Vamos, albal desplegado (que aun sigo alucinada con de desenvolviera el paquete) y miguitas de galleta de la risa.


-¡¡JODER!! ¡¡Leia, que te has comido la media galleta de maría!!- y me fui a por ella derecha, y ella se fue corriendo de mi para meterse en su caseta en plan “no-me-mates”-¡Ven aquí ahora mismo! Mírame, ¡¡mírame!!


Y ahí estaba yo, como una drama mamá yonki, mirando si la perra tenía los ojos rojos de la maría de la galleta. Siendo brutalmente sincera os admitiré que incluso le removí el pelo para ver si le veía si tenía la piel de debajo blanca por si le había dado “un blancazo”. Luego me di cuenta de que lo que estaba haciendo era una gilipollez, claro. Paré de hacerlo. Además, no parecía que estuviera mal. Paseamos y la dejé de vuelta en casa, bostezaba bastante.


El cachondeo llegó a la tarde. Llegué a casa y claro, la media galleta le había hecho efecto ya. La perra estaba catatónica en su cama en plan “uau qué morao llevo, colegui”, y no salía de ahí ni a rastras. Peace&love total. Claro, yo me chiné, porque era YO la que tenía que estar así el sábado no ELLA un jueves con MI media galleta, perra cabrona. Me chivé a mi Querido Novio, al que llamé por teléfono en ese mismo momento:

-¿Sí?

-Cariño, soy Bailarina. ¿Sabes lo que ha hecho la zorra de tu perra?

-A ver, sorpréndeme. Qué ha roto

-No, romper nada, pero ¡Se ha comido mi galleta de maría!

-Cómo galleta de María. ¿Pero si están guardadas en alto?

-¿Eh?

-Tus galletas del desayuno, Bailarina, que las tienes que guardar en el altillo sobre el microondas. ¿Dónde las has guardado esta mañana?

-No, no, esas marías no, maría Marihuana, no Fontaneda, zopenco.

-¿Cómo marihuana? ¿Pero de dónde has sacado tú una galleta de Marihuana si puede saberse? ¿Y dónde la habías dejado para que llegara la perra a comérsela? ¿Está bien?

-¡Joder si está bien! Está en su cama como una reina la tía, fumada perdida que no sale de su cama ni a la de tres, se le cierran los ojillos y todo. Ya te cuento luego la historia de la galleta, que me la habían regalado.

- ¿O sea que está la perra todo ciega? Esta perra va a aprender que no se comen las cosas de los mayores hoy mismo. Vete tranquila que luego la paseo yo cuando llegue.



Y la venganza de mi Querido Novio para con la perra porrera fue de lo más cruel, porque cuando llegó a casa de trabajar le enganchó el arnés y se la llevó a correr con todo el morado puesto. Bueno, la perra se le paraba cada dos por tres y le miraba con cara de “eeehhhh tííííoooo… relax, paso de correr”, pero él fue implacable.


Cuando volvieron a casa la susodicha se tiró en plancha en la cama y no salió hasta el día siguiente. Así que ya sabéis, niños: no se comen las cosas de los mayores. Ea.

21 de octubre de 2013

ALLERGIES, ALLERGIES, SOMETHING'S LIVING ON MY SKIN


Bueno, bueno, bueno, bueno, amigos. Qué semanita he pasado.

Hay veces que se me olvida completamente, pero en ocasiones la realidad me abofetea cruelmente en la cara para recordarme que soy una mari pupas de campeonato. Si lo de la picadura del pez araña en el mes de julio fue ya extraño, ahora además hay que sumarle que esta semana se me ha desarrollado una alergia en mi cuerpo serrano.

Ahí, para tener también una anécdota graciosa en otoño. Ahora me ha dado por ser alérgica, ya ves tú.
 
 

Aquí donde me veis yo era una chica resistente a toda comida o atmósfera. Ninguna alergia a nada conocido, ya fuera polvo, comida o la llegada de la primavera en general. Siempre he sentido un pequeño aguijonazo de orgullo cuando me preguntaban en el médico “¿Alergias?” y yo respondía con una sonrisa en la boca, rotunda y orgullosa “No, ninguna”. Entre líneas se leía el mensaje “ninguna alergia, no, que no soy ninguna finolis”.

De hecho, os confesaré que toda esa gente que se pone a moquear en primavera y empieza con su discurso “no, es que esto es alergia, porque en primavera bla, bla, bla…” siempre me ha aburrido y, es más, nunca me he llegado a creer del todo que lo de las alergias sea siquiera algo real.

Vamos, que a mi me suena a pantomima y a cuento chino. O me sonaba. Hasta el pasado miércoles.

El pasado miércoles me salió un ronchón en el brazo derecho. Rojo bermellón, picante como una guindilla. Y yo pensé que me había picado el último de los mosquitos de la temporada 2013.

Después. Me salió otro ronchón, esta vez en el cuello, y doble. Vamos, que aquello parecía una mordedura de vampiro. Cualquier teenager fan de Crepúsculo estaría encantada, pero yo empecé a pensar que tenía una araña cabrona en casa y que la tenía tomada conmigo.

El mosquito que pasó a araña pasó a ser después una pulga, o una plaga de pulgas, presuntamente contagiadas por Leia, esa perra sucia y sin corazón. Para entonces tenía el brazo derecho llenito de ronchones desde el hombro hasta la muñeca, pero había conquistado nuevas zonas de mi ser: espalda, hombros, escote, brazo izquierdo y por último un macro ronchón junto al ombligo.

Ningún bicho por muy cabrón que sea te hace semejante harakiri. De manera que en un “aquí te pillo aquí te mato” digno de antología, el domingo pasado pillé a una amiga médico por banda en mitad de la calle y me quité la chaqueta para enseñarle mis ronchones.

La strip-performance estaba ya premeditada, así que tenía una camiseta de tirantes para enseñar mis miserias sin ningún tipo de censura. Y la médico alucinó.
 
 

-¿Pero qué tienes ahí? Esto es una reacción alérgica, ¿Eh? Pero vamos sin lugar a dudas –y me toquiteaba cada ronchón con el dedo índice-. Sí, sí, esto es alergia seguro. Pues te tienes que tomar un antihistamínico y en cuanto puedas tienes que tomar cortisona para parar esto. Es que tienes una reacción brutal, ¿Eh?

Y yo, planchada. Había ido evolucionando el tamaño y la forma del bicho cabrón que me había picado muchas veces y en muchos sitios, ¿Pero una reacción alérgica? No podía ser posible. Tener un don para que todos los bichos me piquen a mi y pasen olímpicamente de chuparle la sangre a mi Querido Novio, que va por la vida sin un mísero habón, puede. Pero alérgica yo… Alérgica yo, jamás.

Jamás… hasta ahora, puesto que Bailarina es alérgica, dicho nada menos que por cuatro doctores.

La médico amiga me dijo “es alergia” en mitad de la calle, pero no tenía ningún medicamento para darme; así que me fui a un centro de salud para que me dieran drogas que me quitaran el picor intratable que tenía en todo mi cuerpo. El médico número dos que me atendió me dijo que era alergia. Sí, él también me lo dijo.

Ambos coincidieron en que aquí la que os escribe es, como mínimo, imbécil integral, porque es evidente que lo que tenía era una alergia, y nada de picaduras. Ahora bien, ¿Alergia a qué?

Según la médico 1:

-Uf, es que te puede haber salido a cualquier cosa, desde algo de comida, a algo ambiental… No sabría decirte. Esto lo mejor es que vayas al médico y te pidan hora para hacerte las pruebas de la alergia.

-¿Puede ser alergia a la vacuna de la gripe? Me la puse le miércoles y me empezó ese mismo día…

-¿La de la gripe? Pues sinceramente no lo creo. Los efectos secundarios de la vacuna son de otro tipo, hinchazón pero más localizada en la zona del pinchazo, y desde luego así no. No había visto nunca esta reacción por la vacuna. Yo creo que no.

Según el médico 2:

-Es una reacción alérgica.

-Es que al principio yo pensé que igual me había picado algún mosquito.

-Cara de “pues para creer eso hace falta ser gilipollas, guapa” sin dejar de mirar la pantalla del ordenador- No, no. Es una reacción alérgica a algo, seguro.

-Pero no soy alérgica a nada.

-Hasta ahora.

-¿Y alergia a qué?

-Puede ser a cualquier cosa.-Seguimos mirando apasionantemente la pantalla del ordenador.

-¿Puede ser a la vacuna de a gripe?

-Puede.

Como veis, el doctor era parco en palabras.

-Toma, ahora cuando salgas le das esto a la enfermera y que te pinche. Notarás que la urticaria baja.
 

Y bajó, sí. Pero a qué precio. Tras el pinchazo y la pastilla esa me convertí en una fusión perfecta entre Bob Marley y Carmina Ordoñez. Manejaba un globo memorable.

Lo peor de todo es que he llevado ese globo, aunque en un tamaño más reducido, todos los días a la oficina. Porque el pinchazo fue tan solo uno, pero la pastilla esta hay que tomársela en ayunas cada día, y nunca antes la había tomado, porque yo no soy/era alérgica. Y qué semana. No me enteraba de nada. Tenía tanto sueño que el mínimo de cafés en una mañana eran cuatro, y aun así seguía con sueño.

Pero el sueño no era ni de lejos lo peor. Lo peor era la sensación constante de haberme fumado cuatro porros y estar en la oficina, y lo que es peor, ¡Cara al público! Tuve que coger una llamada a la que tenía que darle un número de teléfono, y darle los números uno a uno se me hizo un esfuerzo hercúleo.

Vamos, que un morao enorme. Y para dar pábulo a la gente que me miraba raro, de vez en cuando canturreaba “stand up for your rights” de Marley, y los dejaba patidifusos, y yo me reía. Porque el morao daba sueño pero también risa tonta. Es decir, que lo he pasado mal pero tampoco ha sido horribilis la cosa.

Así, fui a ver al médico de la empresa. Porque en esta empresa seguimos una política 0,0 y venir bebido o drogado a trabajar está prohibido (lo normal), pero te hacen pruebas aleatorias de alcohol y drogas para comprobar que vas entero (ya un poco más raro). Básicamente el mensaje a transmitir era: No estoy fumada, son las pastillas, así que no me hagas test de drogas. Y en otro orden de cosas, so perra, esta vacuna que me has puesto me ha dado alergia porque yo NO SOY/era alérgica a nada hasta el pasado miércoles.

Pero la médico 3 era reticente a creerlo.

-¿Pero seguro que no tienes alergia a nada más?

-No, porque yo no soy/era alérgica a nada, y lo único diferente que hice el miércoles fue ponerme la vacuna de la gripe. De hecho yo lo que pensaba es que era un mosquito…

-No, de un mosquito es imposible. Esto es una reacción pero me extraña muchísimo que sea por la vacuna. Este tipo de reacciones suelen ser más de tipo alimentario, no de la vacuna, aunque está hecha sobre huevo ¿eres alérgica al huevo?

-No, yo no tengo/tenía alergias hasta el miércoles.

-Bueno, pues te tendrás que hacer las pruebas de la alergia, y ya te dirán qué te ha producido semejante reacción. Me cuesta mucho creer que haya sido la vacuna lo que te ha producido esta reacción tan BRUTAL -sí, sí, dijo que mis ronchones eran una reacción brutal, tal cual, sin paliativos- pero por de pronto el año que viene no nos ponemos la vacuna, por si acaso. Y procura no conducir porque este tipo de medicamentos pueden dar positivo en algunas pruebas.

Con una tercera doctora que no sabía a qué tenía alergia (pero a su vacuna NO) fui a ver a mi médico de cabecera para volver a enseñar mis ronchones -ya se estaba tornando en una afición exhibicionista- y que me hicieran las pruebas de la alergia.

 
Y con la medico 4, más de lo mismo: fase “Cómo pudiste creer que ESO eran picaduras de mosquito, so melón”, fase “Es alergia, seguro, aunque no se sabe a qué hasta que no te hagan las pruebas, puede ser a cualquier cosa”, fase “tu sigue tomando las pastillas aunque parezcas Carmina Ordoñez” y por último tuve la novedosa fase “Te llamarán del hospital para darte la hora para hacer las pruebas. Adiós, sí, déjame la puerta abierta, gracias”.
 
Ahora estoy esperando a que me llamen para las pruebas y resuelvan el enigma de los ronchones, pero tal y como está Sanidad se están haciendo de rogar un poco, porque aquí no llama nadie. Esperaremos.

Ya os contaré a qué le tengo alergia…