Mostrando entradas con la etiqueta Leia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leia. Mostrar todas las entradas

14 de julio de 2014

IT'S FRIDAY, I'M IN LOVE

Hoy es lunes pero tengo amor verdadero destilando todos los poros de mi piel y estoy más feliz que una perdiz. Qué le voy a hacer, en ocasiones soy una Godzilla sarcástica y borde pero en el fondo soy un pedacito de pan sentimentaloide y cursi.




Y es que hoy no es un día cualquiera, amigos,  hoy es un día especial, hay que brindar por la vida y hacerla festiva alegre y cordial.

¿No os ponían vuestros padres la radio los fines de semana? Yo tengo esa cancioncita grabada a fuego en el hipotálamo.


En fin, que me disperso. Es lunes, sí, pero hoy también…. Musiquita celestial, pajaritos canturreando bellas melodías, ninfas tocando arpas….




Es mi enésimo aniversario con mi Querido Novio. Bueno, con todo lo que ya sabéis de él, nuestro Querido Novio, porque ya es un poco el Querido Novio de todos. Está claro que a mí los aniversarios hasta me cambian el humor, porque estoy incluso generosa, repartiendo pedacitos de QN.


Así, que hoy, me vais a perdonar, pero hoy, cariño, hoy esto es para ti.




Porque no hay día en el que no me sienta afortunada de tenerte a mi lado.


Porque nos tenemos más vistos que el Tebeo el uno al otro, y sin embargo, cuando te vas por ahí un fin de semana o de vacaciones, te echo de menos una barbaridad.


Porque, como decía Jack Nicholson en “Mejor imposible”, tú haces que quiera ser mejor persona.




Porque soy tu súper fan número 1 en todo lo que haces y tu acérrima  defensora número 1 en todo lo que dices (menos cuando dices que soy desordenada. Que sí, que tienes toda la razón, soy un caos, pero tampoco voy a tirarme piedras en mi propio tejado, ¿no?).


Porque te dije que te comprarías el neopreno para hacer triatlones por encima de mi cadáver y ahora que ya lo tienes yo quiero uno también (aunque no sé muy bien para qué).


Porque me encanta poner la música a toda pastilla en casa y bailar juntos en la cocina como dos indies trasnochados.



Porque jugamos al escondite en casa y nadie nos entiende pero nos lo pasamos genial.


Porque te ríes a carcajadas conmigo y el corazón me baila de alegría cuando lo haces.


Porque estoy en pijama con un moño cutre tirada en el sofá y me dices guapa.



Porque me encierro en el baño para ponerme hecha un brazo de mar para una boda y cuando salgo me dices guapa, y me silbas, y yo me río y te digo tonto.


Porque te doy conversación en la cama cuando te estás quedando dormido, y te fastidia pero me hablas y arreglamos el mundo en un pispas.


Por las guerras de cosquillas que siempre empiezo yo, aunque siempre acabo perdiendo porque acabo masacrada a cosquillas medio ahogada de la risa y diciendo “¡¡¡para, para, para, que me hago piiiisss!!” y tú no tienes piedad. Algún día esto de las cosquillas acabará mal.




Por esas carreras nocturnas para ver quién llega el primero de todos a la cama, y generalmente la primera es Leia que te quita tu sitio –y tu almohada-. Parece que tenemos diez años, pero es tan divertido…




Porque me gusta salir a cenar contigo y hacer plan de novios. Ponerme los tacones y un vestido divino, ligar contigo mientras tomamos una copa, pero el plan de peli y pizza (o chino, aunque a ti te va menos) está también en el top 3.





Porque nuestras vacaciones en Menorca van a ser inolvidables, como lo llevan siendo los cuatro últimos años. Y volveremos tostados y gorditos, y nos odiarán por ello, y nos encantará. ¡Qué malos somos, amor!


Porque somos un súper equipo de 2 al cuidado de nuestra perra con ansiedad (y con ganas de tocarnos las pelotas, porque lo de sacar cosas de la basura a pesar de los cierres anti niños que le hemos puesto es mala baba, no ansiedad). ¡Nada podrá con nosotros!


Porque aprendiste la primera semana que no me podías llamar “gordi” como apelativo cariñoso si querías mantener esos preciosos ojos castaños en su sitio. Y aun y todo quisiste intentarlo conmigo.


Porque nunca seremos como esas parejas rollo que se toman las copas a medias. Nunca me llevarás al lado oscuro del postureo gin tonic; tú te tomarás tus copazos y yo los míos, y no se hable más.


Porque nos vamos a cenar y fisgamos a esas parejas que comen en silencio y los dos pensamos "¡Ay pobres! nosotros nunca seremos así". Y es que nunca seremos así.



Porque cuando estoy en la playa tomando el sol hago malabares para no tener ninguna marca de tirantes o de lazos, pero cuando llega la hora de nuestra siesta en pareo tengo que estar dándote la mano o tocándote la pierna, porque si no no me duermo. Y que le den a esas marcas.

Porque hiciste que conociera Nueva York, el viaje de mis sueños, y como el viaje no te parecía suficiente conseguiste sacar fuegos artificiales después.




Porque podré conocer el mundo entero, pero el mejor sitio de todos será siempre contigo.

Por otros muchos años más.

Porque eres único, gracias por todo.


 Te quiero.

17 de marzo de 2014

I WANNA JAMMIN WITH YOU


Esta semana pasada va a pasar a la historia de Bailarina como aquella vez en la que se lió parda. Pero parda pardísima. Os cuento:


Esta ha sido una semana muy intensa de nervios, agobio, angustia, estrés pero que, afortunadamente, ya pasó. Hoy es lunes de nuevo, luce el sol, los pájaros cantan y la vida es maravillosa. Sin embargo, la semana pasada no era así. Yo iba como una zombie histérica por la vida (zombie porque no me enteraba de nada que no fuesen mis circunstancias e histérica por los nervios), y debía de tener semejante cara de agobio, que un amigo me dio un obsequio para alegrarme un poco.




-Toma. –me dijo el miércoles- Que te veo muy agobiada y con esto que me han dado el sábado te echas unas risas a mi salud.

-¿Pero qué es?

-Nada, de las del bar. Que han preparado de éstas para una boda que han tenido y les han sobrado. Son… galletas de maría y me han dado una. Toma, te doy la mitad para ti para que te la tomes el fin de semana y ya verás qué bien.

-¿Cómo maría?

-Sí, maría, marihuana. Para que te entre el jijiji. Toma.


Y cras, partió la galleta en dos y me dio media envuelta en papel de aluminio (me dio la mitad más pequeña, en honor a la verdad).


-¡¡Puf!! ¡Cómo huele al partirla, madre mía! ¡Qué bien te lo vas a pasar el fin de semana! Aquí tienes, ahora te tengo que dejar que he quedado, pero ya me contarás qué tal, ¿eh?

-Eh… sí, claro… hasta luego…




¿Qué? ¿Cómo os quedáis con Bailarina porrera? ¿eh? ¿eh? Espero que tan en shock como yo. ¡¡Galletas de marihuana!! Casi me quedo muerta con el albal en la mano, no entendía nada. Tardé un poco en procesar lo que me acababan de dar de regalo.


A ver, vamos a explicar un poco esto porque claro, yo vivo con miedo de que mis padres algún día lleguen a leer este blog (no confiéis en el empanamiento de los padres y en el desconocimiento que tienen de las nuevas tecnologías, que en un pis pas te han pillado con todo el equipo y tú estás castigadísimo aunque tengas 35 años, os lo advierto).


Aquí la que os escribe tampoco es que sea la reencarnación blanca de Bob Marley, esto por adelantado. De hecho, por no saber, no sé ni liar un porrillo; las manualidades nunca se me dieron bien en el colegio, y ahí sigo, torpe perdida. Con lo cual, que quede claro que no soy fumadora habitual, y tampoco puede decirse que sea fumadora ocasional.


Lo que pasa es que si, por ejemplo, se da una alineación planetaria en la que hay algún fumeta conmigo, es una ocasión especial, el susodicho se hace un cigarrito de la risa para todos y me lo pasa, pues yo voy y le doy un par de caladas y me da la risa y el hambre. Y ya.


..Te lo juro madre que este blog es de humor y mentira cochina todo…



Total, que la galleta era un plan genial, no había que preparar nada. Comer y listo, a reír a tope. Y si la “dosis” se supone que era una galleta por persona con media no me iba a pasar demasiado, que tampoco es que esté yo demasiado acostumbrada a estos planes peace&love. Me metí la galleta en el bolso y me la llevé a casa.


Una vez allí, pensé “vamos a esconder esto bien porque tampoco vamos a tener drogas en mitad del piso, aunque estemos aquí solos mi Querido novio y yo, que esta es una casa de bien”. Y a ello me puse. El mini paquete acabó en un cajón de la cocina camuflado entre vasos, tuppers, sal y azúcar. Bien.


El drama, una vez más, vino al día siguiente y de la mano de la adoptada de cuatro patas que tenemos en casa, y es que la zorra (por inteligente) de Leia tuvo a bien tener un jueves investigador como en los viejos tiempos.


Cuando llegué a casa a mediodía encontré: cajones abiertos, basura desperdigada por el suelo, vasos separados uno a uno y colocados por la cocina sin orden ni concierto, una taza de desayuno rota en mil pedazos…




Y el paquete.


Bueno, el ex paquete. Vacío. Vamos, albal desplegado (que aun sigo alucinada con de desenvolviera el paquete) y miguitas de galleta de la risa.


-¡¡JODER!! ¡¡Leia, que te has comido la media galleta de maría!!- y me fui a por ella derecha, y ella se fue corriendo de mi para meterse en su caseta en plan “no-me-mates”-¡Ven aquí ahora mismo! Mírame, ¡¡mírame!!


Y ahí estaba yo, como una drama mamá yonki, mirando si la perra tenía los ojos rojos de la maría de la galleta. Siendo brutalmente sincera os admitiré que incluso le removí el pelo para ver si le veía si tenía la piel de debajo blanca por si le había dado “un blancazo”. Luego me di cuenta de que lo que estaba haciendo era una gilipollez, claro. Paré de hacerlo. Además, no parecía que estuviera mal. Paseamos y la dejé de vuelta en casa, bostezaba bastante.


El cachondeo llegó a la tarde. Llegué a casa y claro, la media galleta le había hecho efecto ya. La perra estaba catatónica en su cama en plan “uau qué morao llevo, colegui”, y no salía de ahí ni a rastras. Peace&love total. Claro, yo me chiné, porque era YO la que tenía que estar así el sábado no ELLA un jueves con MI media galleta, perra cabrona. Me chivé a mi Querido Novio, al que llamé por teléfono en ese mismo momento:

-¿Sí?

-Cariño, soy Bailarina. ¿Sabes lo que ha hecho la zorra de tu perra?

-A ver, sorpréndeme. Qué ha roto

-No, romper nada, pero ¡Se ha comido mi galleta de maría!

-Cómo galleta de María. ¿Pero si están guardadas en alto?

-¿Eh?

-Tus galletas del desayuno, Bailarina, que las tienes que guardar en el altillo sobre el microondas. ¿Dónde las has guardado esta mañana?

-No, no, esas marías no, maría Marihuana, no Fontaneda, zopenco.

-¿Cómo marihuana? ¿Pero de dónde has sacado tú una galleta de Marihuana si puede saberse? ¿Y dónde la habías dejado para que llegara la perra a comérsela? ¿Está bien?

-¡Joder si está bien! Está en su cama como una reina la tía, fumada perdida que no sale de su cama ni a la de tres, se le cierran los ojillos y todo. Ya te cuento luego la historia de la galleta, que me la habían regalado.

- ¿O sea que está la perra todo ciega? Esta perra va a aprender que no se comen las cosas de los mayores hoy mismo. Vete tranquila que luego la paseo yo cuando llegue.



Y la venganza de mi Querido Novio para con la perra porrera fue de lo más cruel, porque cuando llegó a casa de trabajar le enganchó el arnés y se la llevó a correr con todo el morado puesto. Bueno, la perra se le paraba cada dos por tres y le miraba con cara de “eeehhhh tííííoooo… relax, paso de correr”, pero él fue implacable.


Cuando volvieron a casa la susodicha se tiró en plancha en la cama y no salió hasta el día siguiente. Así que ya sabéis, niños: no se comen las cosas de los mayores. Ea.

10 de marzo de 2014

HOY ME HE LEVANTADO DANDO UN SALTO MORTAL


Esta mañana me he despertado de un humor inmejorable pero se me ha pasado nada más llegar a la oficina porque a mi esa gente que está feliz y contenta un lunes en su oficina me parece que no es gente de fiar. Así de claro lo digo.





Total, que estoy muy bien, ¿eh? No os vayáis a creer. Me lo he pasado chachi piruleta el fin de semana y he dormido como un oso, de manera que estoy descansada. Pero ¿feliz? No, bonita. Eso sí que no. Estar feliz un lunes a primera hora es un sentimiento contra natura.



Sin embargo, como ya os he dicho, la vida tiene pequeños momentos de felicidad que te hacen sentir muy bien; te hacen sentir victorioso y poderoso. Este fin de semana esos momentos han sido:



1.-Pasear por la playa un domingo con un sol de justicia con la perri. Se deja sentir la primavera, esto sí que son brotes verdes.





El colmo de la maravilla hubiese sido que el paseo hubiese sido más o menos tranquilo y que la playa hubiese estado desierta, pero claro, el invierno ha sido largo, tedioso, frío, oscuro, lúgubre  y duro y todos estamos sedientos de luz y de rayos de sol en nuestra piel. No pidamos peras al olmo.




Esto significa que la playa estaba en plan Benidorm pero con gente vestida (menos mal, porque hay cuerpos que en Marzo es mejor mantenerlos vestidos), no cabía un alfiler, y significa también que tenía que estar silbando todo el rato a mi perri para que no se me perdiese. He acabado con el morro que se me ha quedado así puesto en posición boquita de piñón como si fuese Esther Cañadas.





¿Por qué? Me diréis. Pues porque tengo una perra lerda con déficit de atención (y un poco cabrona). Obvio, porque ganas de quedarme con el morro mal puesto de la Cañadas, pues como que no (lo siento, Esther). Tú estás por la orilla vacía de gente paseando por la perra, para que no moleste a nadie, y de repente la ves que se aleja hacia un castillo que están haciendo unos niños.




Mentalmente ya estás pensando “No, no, no, no, no” pero ella corre con paso firme y veloz. Se planta allí y ¿Qué hace?  Pues, como buena perra cabrona la tía coge y se te mea encima del castillo infantil y, para rematar, cuando ella ya ha terminado y los niños están berreando a pleno pulmón “¡Qué asco! ¡Qué asco! ¡Se ha hecho pis en el castillo!”, resulta que no me encuentra.




¡Ajá! O sea que se larga en plan perra independiente por la vida a mearse en castillos ajenos y luego la ves en plan lerda buscando a su dueña. Y yo, claro, a silbarle para que no se vaya.







Pasear por la playa, un planazo. Todo lo demás, mejorable. Menos mal que los padres que me han tocado en la playa eran de los simpáticos y les hizo gracia la perra meona.



2. -Confesiones de mi Querido Novio que demuestran que YO tenía razón. ¡Ajá! Eso sienta bien a cualquiera y a cualquier hora y en cualquier situación.





En esta ocasión, además, la confesión refuerza uno de mis últimos posts, y es que el sábado, mi Querido Novio, que es un sol y un amor como no hay muchos en la faz de la tierra, sacó a pasear a la perri a las tres de la madrugada cuando volvíamos de una cena que se alargó un pelín.





Total, que el susodicho vuelve con la perra a casa y me dice todo serio “oye, oye, Bailarina: que he pasado con la perra por el parque que dices tú del pájaro que canta, y no sé si será porque no había nada de ruido o qué, pero he oído perfectamente que canta Guantanamera, ¡como tú decías!”





¡Toma, toma, toma, toma! Eso sí, resulta que la estrofa de Guantanamera que escucha él con el pájaro no es la misma que escucho yo. ¿Nos estaremos volviendo locos de atar los dos? ¿Le estaré contagiando mi locura?





3.-Recibir recuerdos de amigas exiliadas en el extranjero. Resulta que, no sé si lo sabéis, pero este blog tiene unas estadísticas que me dicen, entre otras cosas, de qué países perdidos de la mano de Dios han entrado a leer a esta tarada de Bailarina Frustrada. Y ahora me salen unas poquitas visitas de México, nuevo país de residencia de nuestra adorada Jager Queen. Total que ahora, además de los mensajitos de rigor, miro las estadísticas y cuando aparece México pienso “¡¡Hola Jagger Queen!!”





Como se quede mucho tiempo por allí la rebautizo a Tila Tequila.






4. -Quedar nada menos que quince personas para cenar un sábado. Y reírte a pleno pulmón, y contar historias graciosas, y que te cuenten historias de llorar de la risa, y que te den noticias geniales, y que todo el mundo se alegre de verdad, y no querer que se acabe la velada por nada en el mundo porque está yendo todo genial.





Pero que, como todo lo bueno acaba, cuando hay que volver a casa y estás en un pueblo perdido de la mano de Dios con una cola del horror en la parada de los taxis, haya una amiga (que ha pasado al nivel de DIOSA) que diga:    





-Tengo un amigo que trabaja esta noche en la centralita de radio taxi, le voy a llamar para que nos mande uno. No pienso esperar toda esa cola que hay ahí ni de coña.









¡¡¡Y que nos mandaron un taxi al momento!!! ¿Se puede ser más VIP que eso? Que me caiga muerta aquí mismo si se puede, porque no, no se puede. Mi Querido Novio, que odia esperar o hacer cola más de tres minutos o cualquier otra cosa por el estilo, ha empezado a amarla en secreto. No os digo más.





5. -Tener amigas geniales que cuando te da por ponerte en plan pedorrilla te sacan de ahí en un momento vía whatsapp y con un icono de “cara que echa humo por la nariz”. ¿Quién puede ponerse en plan “seguro que no molesto si voy” cuando te ponen ese icono como toda respuesta?





NADIE.









Máxime cuando te han puesto tantas veces el icono de la cara que echa humo por la nariz que ha pasado a los iconos favoritos de tu interlocutora. Gracias, amiga Friki. 


En definitiva: mirar a mi alrededor y ver que me gusta lo que hay. ¿Se le puede pedir más a la vida?



10 de febrero de 2014

HOY ME QUEDO EN CASA GUARDANDO LA CAMA


Esta mañana me he plantado en la oficina con los justito para subsistir, y es que tengo un lunes en el que mi cuerpo ha salido de la cama y se ha ido a la oficina... pero la cabeza sigue rebozándose en la almohada a estas horas del mediodía.
 
 

Qué cruz. Estoy completamente agilipollada.

Claro que, por otro lado, con este fantástico lunes en el que a Eolo le ha dado por ponerse a soplar como si no hubiese un mañana, en ningún sitio se está mejor que en la cama. Es una pena que el deber me haya llamado a la oficina y esté así, que estoy sin estar.

Mal.

Afortunadamente, tengo un novio que tiene mucho mejor despertar que yo y es capaz de ir ajustando todos mis desastres mañaneros. Esto es muy útil, es verdad, pero a veces dan ganas de estrangularlo con toda su energía mañanera y su buen humor y sus “¡Pero venga Bailarina, que estás atontada perdida!”.

Ya sé que estoy atontada, no necesito que me lo haga ver un listillo todo animado desde el minuto uno de su vida.

Un listillo que, por otro lado, esta mañana se ha descojonado de una servidora a mandíbula batiente. Casi se me mea de la risa sentado frente a su Cola-cao. Y es que he llegado a desayunar mientras radiaban el parte meteorológico, y me ha entrado miedito.

En la radio avisaban de fuertes vendavales, y desde la cocina se oía el viento soplar con mucha fuerza. He mirado en el iPad el parte para hoy (por aquello de una segunda opinión) y me he fijado en la velocidad del viento.

-¡Madre mía, vientos de 54 km/h! ¡Qué barbaridad!

-Pues sí, al final eso de la ciclogénesis explosiva va a ser verdad.

-Pues habrá que llevar atada a la perra por si acaso, ¿No? Que igual se la lleva el viento. 54 km/h es más del doble del peso de Leia.

-Y.. ¿Qué tendrá que ver el viento con de peso de la perra?

Y os lo juro que yo, a las 7 de la madrugada con el desayuno delante lo veía súper claro (he de decir que la física y tal nunca fue lo mío, para muestra un botón, pero lo veía clarísimo cristalino).

-Joe, pues está claro, ¿No? Si la perra pesa 24 kilos y va a soplar viento a 54 kilómetros por hora, pues la va a arrastrar por la calle.



Evidentemente, la cara de mi amado era un poema. Me ha empezado a mirar el cráneo para ver si me estaban saliendo raíces rubias platino, porque tanta tontería junta en una sola frase solo podría salir de la boca de una tonta del culo.

-Pero Bailarina, ¿Qué dices? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Pues kilos de Leia, KILÓmetros por hora… ¿No?
 
No, mi razonamiento no era válido.

-No, Bailarina, no. No tienen nada de nada que ver.

-Ah… vale me callo me callo.

Pero el melón de él no se ha callado, no, porque le había dejado la yugular en bandeja, y mientras íbamos por la calle en el paseo perruno de las 7:30 AM, él gritaba:

-A mi derecha, con 25 kilómetros por hora de peso y rubia como una Barbie… LEIA LA PERRA VOLADORAAAAAA.

Y yo me quería morir. Que la física no es lo mío, pero tampoco era para ponerse así, que estaba muy preocupada por la perra. Yo me la imaginaba volando mientras mi Querido Novio y yo la agarrábamos de la correa para que no se volase y no iba a pasar nada parecido, pues mejor para todos, ¿No?

Estaba dormida, dormida, dormida (y agilipollada). Pero mi dosis de tontería mañanera no había acabado aun. Cuando por fin he llegado a la oficina he empezado a hacer recuento de daños en mi bolso:
 
 

-(ceño fruncido) Qué lerda, me he dejado el gorro en casa, y con el viento que hace yo necesito mi gorro, porque si llueve no podré abrir un paraguas. Bueno, lo cojo a mediodía.

-(Rebusco bolso) Muy bien Bailarina, muy bien. Tú menstrual perdida llorando por tu dolor inhumano y te dejas el ibuprofeno en casa. Pues a ver qué haces toda la mañana sin doping, tendrás que ir a una farmacia.

-(Y mientras seguía rebuscando en el bolso) Ay, joder, ¿el móvil? Juraría que está en el bolso… a ver… Si es que con tantos compartimentos no se encuentra nada, ¡qué asco! Voy a hacerme una llamada perdida que con el sonido lo encuentro más rápido.

¿Y sabéis qué ha pasado? Pues sí, habéis acertado, pequeños Padawan: me he llamado al móvil y, sin embargo, a mi alrededor solo había un silencio sepulcral –de mierda-. La nada más absoluta. Qué previsible soy.

-¡MIERDA! ¡Me he dejado el móvil!

Y he colgado. Pues sí que andaba fina yo hoy, madre mía.

Lo que he empezado a hacer en ese momento mientras degustaba un café ha sido auto sermonearme, claro. Soy una drama-mamá sin hijos, ergo, me auto sermoneo.

“Bailarina, esto no puede seguir así. Ya tienes una edad como para ir así por la vida, sin cabeza ni nada. Que te has dejado la mitad de las cosas que tenías que traer y ahora hasta mediodía no las vas a recuperar. No se puede, así no vas a madurar en la vida, cabeza loca…Y la gilipollez de los kilómetros por hora… eres de torta a mano abierta. Menos mal que no te lo han grabado porque eso es de concurso de Miss por lo menos. Esta misma tarde miras en Wikipedia cómo cojones va lo de los kilos y los kilómetros por hora y no vuelves a hacer el ridículo de esa manera tan estrepitosa, que menuda vergüenza, guapa. Que más te vale ser guapa, porque eres más lerda que un zapato y desde luego por lista no vas a destacar tras lo de hoy…”

Y de pronto, ha sonado el teléfono de la oficina y, al mirar de qué teléfono me llamaban… ¡Oh, sorpresa! Yo conocía ese número, ¡Era el mío!




-Mierda, mierda, mierda, me ha pillado -Y descuelgo el teléfono haciéndome la sueca- ¿Sí?

Y al otro lado de la línea, mi Querido Novio devolviendo la llamada perdida que me había hecho a mí misma.

-Hola cariño, ¿Qué, cuántas cosas te has dejado hoy? ¡Corazón loco!

Qué podía hacer, me había pillado con todo el equipo, se había reído de mí en el desayuno y encima ahora me llamaba desde mi propio móvil. Vaya cagada.

-Pues… ya ves… que estoy de lunes.

-¿Quieres que te acerque el teléfono a la oficina?

-Pues… sí, te lo agradecería, la verdad. Gracias, cariño -Notaba que me estaba poniendo roja de ira/humillación, pero estaba derrotada.

-Nada, tranquila, yo te lo llevo –Notaba la sonrisita victoriosa al otro lado del teléfono, pero qué podía hacer, estaba a su merced- ¿Quieres que te lleve algo más?

-No.

-¿Segura?

-Sí.

-¿Segura segura?

- Que sí.

-No, si yo te lo digo porque están aquí, al lado del teléfono, tu gorro de humaguaqueña y un par de Espidifenes de albaricoque. ¿No querrías que te los acercara también a la oficina?

Y ya ahí me he picado, porque oye, servidora es orgullosa como un pavo real (que no se por qué yo me los imagino orgullosos), y bueno está lo bueno. Un poquito de risa vale, pero eso ya sí que no.

-Joe, pues si estás viendo que están ahí al lado digo yo que será que me los he dejado, que tampoco hay que hacer sangre de estas maneras, ¿No? Vamos, digo yo. Que esto es de un gratuito que tumba ya. Y que sepas que no lo necesito mucho, ya si eso los cojo a mediodía y ya está.

-Ay Bailarina, qué chulita te me pones. –y se me ha empezado a descojonar de risa ¡Otra vez! ¡De mí!- Anda, ya te llevo todo, total, lo mismo da. Calcula que en un cuarto de hora o así paso con el coche por allá.

-Vale…- Y el orgullo herido me ha dejado pronunciar, a pesar de todo- Oye, que… Gracias, cariño.

-Igual un poco más de quince minutos ¿Eh?, que con estos kilómetros por hora igual me lleva el viento por los aires.

-¡Oye vale ya!

-Que es broma, cariño, voy enseguida.

Y efectivamente, al cuarto de hora, servidora ha bajado a la calle a esperar un coche negro. El susodicho coche se ha puesto a su lado y el conductor ha hecho bajar su ventanilla, desde la cual me ha pasado “el paquete”.

Yo he puesto mi mejor cara de no haber roto un plato, mis ojos de lástima máxima y le dado las gracias.

Y él, que me pincha como ninguno, ha decidido sacar la bandera blanca del coche y me ha dicho:

-Me desesperas, pero me gustas así, corazón loco. Que tengas un buen día.
 
 

3 de febrero de 2014

QUE ME DUELAN SUS DOLORES, MULTIPLICADOS POR NUEVE


Esta semana he tenido un sustito que me ha subido los ovarios a la garganta, así de crudo. Y es que pensaba que había quedado al descubierto con la peor persona con la que podría quedar al descubierto: mi drama mamá.

 

Mi madrecita del alma querida es una muy buena madre, que a veces tiene sus momentos dramáticos sobreprotectores maternos, pero en general es una madre que mola un montón.

 



Tengo que admitir que en este blog no he hecho mucha justicia con ella, porque siempre que ha sido protagonista la he puesto en plan madre histérica, y en realidad tampoco es así del todo. Bueno, la vez que me hice el corte en el pie fue así tal cual como os lo conté, sin media coma menos. Fue exactamente así.

 

¿Y por qué estoy reculando de esta manera tan cutre y tan ridícula? Preguntaréis. Pues simple y llanamente, porque el jueves pensé que mi madrecita había dado con este blog y que me había leído; evidentemente, mi primer pensamiento fue “¡Mierda! ¡Tierra, trágame!”. Luego no me quedó del todo claro si había llegado a descubrir el blog o no, pero por lo que pueda pasar yo me voy retractando desde ya de mis palabras. Que amo la vida.

 

Los acontecimientos se sucedieron más o menos así:

 

Habíamos salido de compras juntas porque mi madre, que es también personal shopper a la caza de chollos súper monos para sus hijas, había visto en una tiendita un vestido precioso para mí. Estaba rebajado y era el último que quedaba. Mini punto para mi mamá.

 

Evidentemente, yo estaba contenta y desprevenida. Y es cuando me suelta de golpe y porrazo:
 

-Oye, con todo lo que llueve en esta ciudad, ¿por qué no le compramos un chubasquero a Leia? He visto que hay un montón de gente que lleva a los perros con chubasqueros de esos. Pero uno bonito, en rojo, que seguro que está guapísima.
 
 

-¿Y… cómo se te ha ocurrido lo del chubasquero, madre?- mientras tanto en la cabeza resonaba una vocecita que decía una y otra vez “ha leído tu blog, sabe que eres la Bailarina, huye si quieres vivir, ¡Insensata! Como se entere de todo lo que has dicho de ella te cruje, te mata y te descuartiza”.

-Pues no sé, de tanto llover, supongo. ¿Qué te pasa? Estás como blanca… ¿Te encuentras bien?

-Sí, sí, fenomenal.

 

  Y ahí quedó el tema. Pero que mi madre sacara a relucir lo del chubasquero una semana después del post del chubasquero de Leia me pareció sospechoso. Con lo cual, hoy me bajo los pantalones y os voy a decir lo mucho que mola mi mamá:

 

1.   Mi mamá me mima (como todas).
 
Y no voy a entrar en lacrimógenas descripciones de lo que me quiere y me educa y me cura las heridas y me apoya y bla, bla, bla. Es madre, es obvio que es así.


2.   Mi mamá busca y compra una ropa monísima para sus hijas (ya lo habéis leído).

  

3.   Mi mamá es graciosa.

¿Y por qué es graciosa? Pues porque una ex hippie que se iba de vacaciones con su novio y después marido (mi padre) en una mítica furgoneta VW que se caía a pedazos no es una madre al uso. Eso imprime carácter.

 
 
Tiene sus partes malas, como la de no querer una hija ñoña vestida de princesa en carnaval, porque es sexista. Pero tiene sus cosas buenas.

Para empezar, le encanta la fiesta. Una juventud a base de noches sin dormir y pulmonías post carnavales lo demuestran (y lo que no sabremos). Eso, a pesar de los años, se le nota.

Ahora no se va a ir contigo a una discoteca hasta las tantas (dice que para hacer el ridículo ya están los borrachos que hacen el payaso en los bares, que ella no está por la labor), pero si le montas una fiestecita clandestina petit comitè en casa con música y copas… lo peta.

 

4.   Mi mamá no sabe qué le gusta beber (y bebe de todo)

 

Esto es un poco controvertido pero es así. Tú le dices:

-Bueno, la hora de los copazos. Madre, ¿qué quieres beber?

Y ella, haciéndose la fina:

-¿Una copa yo? No, no, déjate de copas. Yo no quiero nada.

Pero claro, luego llega el momento en el que estamos todos de sobremesa y ella “tiene sed”. Y empieza con el cuestionario-curioso:

-¿Y tú qué bebes?

-¿Yo? Vodka-Cola –Mi hermana-. ¿Quieres probar un poco?

-Bueno… un traguito, va.

Glu, glu. Traguito.
 
 

-¿Y tú, hija mía?

-¿Yo? Lo mismo pero con limón, ¿Quieres probar?

-Bueno, a ver a qué sabe…

Glu, glu, glu.

-No está mal, pero me gusta más el de tu hermana

-¿Te pongo una copa igual que la suya?

-No hombre, una entera yo no bebo.

-Bueno, vale.

Y entonces va donde sus sobrinos (mis primos de Zumosol):

-¿Y vosotros qué bebéis?

- Ron-Cola, tata, lo que hay que beber. ¿Quieres un poco?

-Bueno… un poquito para probar.

Glu, glu, glu, glu.

 

Después de beberse a medias con mi hermana el vodka, con mis primos el ron y con mi tío la ginebra le digo ya:

 

-Oye, te pongo una copa de lo que tú quieras, pero deja de beber de todo que vas a salir de aquí a cuatro patas, que estás venga a mezclar venga a mezclar.

-Uy, qué cosas me dices hija, que soy tu madre ¿eh? A cuatro patas… ¡Que te he dicho que no me bebo una copa entera!

-Bueno, pues a medias con alguien. A ver, qué te ha gustado más de todas las que has probado.

-El cubata.

-El cubata. Ale, pues pongo una y te la bebes a medias con tu sobrinito querido ¿Vale?

-Vale, pero infantil ¿eh? Con poquito ron.

-Poquito ron, hecho.

 

Total, que mi madre no sabe distinguir una copa infantil con tres gotas de ron de una copa con ron para matar a un pirata. Pero una vez entrada en faena ella bebe. Y si es con sus sobrinitos predilectos, mejor que mejor.

Ahora bebe cubatas a medias con mis primos y se siente la más cool del lugar.

 

5.   A mi mamá le gusta el champagne

 


Y le gusta un montón. Además, he comprobado que si le vas rellenando la copa ella se la va bebiendo y es capaz de tomarse media botella de Moët sin sentirlo apenas (hasta que se levanta de la mesa). Y entonces volvemos al punto 3. Mi mamá es graciosa.
 
Ah, y dato importante: en mi casa de bebe el champagne con sacarina. ¿Por qué? me preguntaréis. Pues muy fácil: porque le quita el gas. Sin la sacarina las burbujas se te suben a la nariz y pica. Champagne con sacarina es bien.
 
Que las amigas de tu madre crean que se toma algún tipo de droga de diseño con el champagne es mal, así que si lo vais a probar explicad que es sacarina, no droga. Droga es mal.

 

6.   Mi mamá es fan de Miguel Bosé

 

…e ir con ella a uno de sus conciertos es la bomba. Miguel, vuelve a hacer una gira porque esos momentos son irrepetibles.
 

 
Hasta ahora he ido con ella a dos conciertos. En el primero, yo gritaba a Miguel más que ella para que se desmelenara y le gritara piropos. En el segundo ya se había aprendido la lección y lo dimos todo.

Ver a tu madre con los brazos en alto gritando a miguel bosé “¡¡Tío buenoooooooooooo!!” no tiene precio. Bueno, verla así gritando y también haciendo amigas con las fans de alrededor del recinto. La bomba.

 

7.   Mi mamá es hipster

 

Dicho por ella misma, ojo ahí. A ver cuántas madres conocéis que hayan dicho eso. El caso es que se compró unas gafas para su presbicia, porque la pobre ve menos que un pato de goma, y la verdad es que son las gafas más modernas que he visto jamás. Los gafapastas están trasnochadísimos al lado de mi madre, cuyas lentes son de pasta, pero redonditas, pero color caramelo… lo más de lo más vaya.

 


Cuando las vi le dije

-Joe madre, estas hecha toda una moderna.

Respuesta:

-Esa boca, niña. Ni joé ni joá. Y claro que estoy hecha una moderna, que yo soy súper hipster, qué te crees. Estas gafas son lo último, pero como tú eres una rancia no te las pondrías hasta que ya fuesen la peste y las llevara todo el mundo.

 

Sigo recuperándome del mazazo.

 

8.   Mi mamá tiene una genética envidiable.

 

Aunque no tenga nada que ver con el resto de atributos maternos iba a reventar si no lo decía. Tiene una genética envidiable (herencia de su madre) que le hace tener muy pocas arrugas.

 

Esta tersa tez hace que la gente le eche muchos menos años de los que tiene en realidad (hablamos de echar a la baja entre 7 y 10 años menos). Claro, cuando se lo dicen se parte la caja; menudas carcajadas suelta. Ahora bien, la sonrisa de oreja a oreja que se le queda para el resto del día no se la quita nadie. Normal.

 Espero seguir la saga anti arrugas, aunque últimamente me estoy notando un poco de pata de gallo en los ojos. Mal.
 


 

Por estos y mor millones de millones de motivos más: Mi mamá mola.

 

 

…Y ya con esto quedo liberada de toda culpa ¡Toma! Ya puedo seguir metiéndome con ella.