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3 de marzo de 2014

SUEÑO MÁS DESPIERTO QUE DORMIDO


Hoy os tengo que contar antes que nada los sucesos paranormales acontecidos en casa el pasado viernes con mi Querido Novio, que como todos sabéis es de despertar alegre (y yo no).


Os lo quiero contar porque me he tirado desde entonces vacilándole con “el suceso” y él solo repite una y otra vez en plan mantra:





-Joe es que encima ahora llegará el lunes y lo pondrás en el blog para el cachondeíto de todo Cristo. Y yo ahí, a aguantar las vaciladas.


Y a mí no me gusta llevarle la contraria a mi Querido Novio porque somos una pareja muy bien avenida así que sí, tiene razón. Cuchifritín, esto va por ti.


Mi Querido Novio y yo formamos parte de esa pobre gente que entra a trabajar a una hora inhumana pero en compensación salimos relativamente temprano –aunque no tan inhumanamente temprano como un panadero o algún trabajo así, esos sí que madrugan-. Esto significa, como ya es mundialmente conocido, que cuando suena el despertador a las 6:45 de la madrugada (¡Cada día!) yo me quiero cortar las venas y remoloneo en la cama mientras mi Querido Novio, con un admirable despertar, se levanta ágilmente y me impide dormirme a mí. Y le gruño. Y él pasa de mis gruñidos. Y yo milagrosamente llego a trabajar a mi hora.


Total, que el viernes, noto que me resucita de entre los muertos un abrazo estrangulador y una vocecilla que canturrea “arriba Bailarina, ¡Que hay que ir a trabajar! ¡Cosita!¡Venga que no hay manera de levantarte!”


El chico se pone dulce para despertarme porque sabe que es como despertar a la bestia y él es un hombre que ama la vida y quiere seguir vivito y coleando muchos años, normal.


Pero el caso es que yo estaba muy dormida, pero muy MUY. Cuando abro el ojo estoy como desconcertada, y es entonces cuando me doy cuenta: no estaba soñando con nada ni con nadie, mi cabeza estaba más en las profundidades, en blanco. Qué raro. Aun en shock, pregunto:




-¿Pero es la hora ya?

-Sí, cariño. Ya es la hora. ¡Venga arriba, que sabes que tienes clase a la tarde y si no te das prisa no llegas!


Yo aun sigo medio dormida, pero también dubitativa, y sigo indagando:

-Perooo… ¿Seguro que es la hora ya? ¿Qué hora es?

-Pues las siete menos cuarto Bailarina, qué hora quieres que sea, si nos estamos levantando. –Ahí lo tenéis, un Querido Novio al que le estaba poniendo un poco nervioso con tanta preguntita impertinente y había decidido azuzar a la bestia, que me veía que estaba muy muy dormida. Viviendo al límite.

- ¿Y ha sonado el despertador? Si no lo he oído siquiera.

-Que sí Bailarina, que ha sonado; lo que pasa es que no te has enterado, que estás muy dormida.

-Pero si estoy muerta de sueño… ¡No quiero ir a trabajar! ¡Estoy enferma! No pienso ir. Llamas y dices que estoy que me muero.

-Bailarinaaaaaa… venga arriba, pesada.

-Vale, vale… Me levanto ya.



Y me levanto, porque yo soy un ser que por las mañanas ni piensa ni razona ni nada de nada, y como le pasa a la Infanta “confío plenamente en mi Querido Novio”. Así que si mi amado me dice “arriba Bailarina” pues Bailarina va arriba y no se hable más del asunto.


Sin embargo, oh sorpresa, servidora se incorpora en la cama lamentándose de la mala suerte de tener que levantarse con lo a gusto que estaba profundamente dormida sin soñar ni nada, y pensando “pero si estoy muerta de sueño, no he dormido nada”, y lo veo.


Oh Dios mío. No puede ser.

Pero sí, es.

Son las 4:45 de la madrugada.


4:45.



Cara de espanto. Ojos inyectados en sangre. Ira creciente dentro de mi cabeza. Y me da el siroco, claro.


-¿¡¿Pero qué coño?!? ¿¿¿Has visto la hora que es????

-Que sí Bailarina veeeenga.

-¡¡¡PERO MIRA EL RELOJ!!! ¡¡¡Son las cinco menos cuarto!!!

-¿¿¿¿Qué????

-Cinco menos cuarto. Cuatro cuarenta y cinco. Míralo ahí. ¡¡Faltan dos horas para que suene el despertador!!

- Ay joder…

-¿Pero qué despertador has escuchado tú, chalado?






-Pues… no… no se… igual… lo habré soñado… o… no se… ¡Madre mía! Si ya me estaba yendo derechito a la cocina a hacerte el desayuno y todo…. ¡Qué empanada mental!


Y, afortunadamente, ha ocurrido una alineación planetaria de bondad atmosférica, y me he empezado a reír.


-Ay mi empanadilla, ven aquí, vamos a dormir que tenemos ¡dos horazas por delante!

-Jo… perdón.

-No te preocupes, si yo ahora caigo como un cesto en la cama y santas pascuas.

-Bueno, eso también es verdad, que eres una marmotilla. Menos mal.

-Ay madre, las cinco menos cuarto de la mañana. Si es tan temprano que ni siquiera ha venido la perra a despertarnos ni nada. Claro, como el despertador ha sonado solo en tu cabeza loca… Encima, ¡vaya trolas me has metido! Que si sí que había sonado el despertador, que si claro que habías mirado la hora que era… ¡Qué jeta!

-Joe Bailarina, que yo creo que estaba dormido yo también…

-Ya sé ya. Pobre, vaya cosas me haces. Anda, vámonos a dormir otra vez. ¡Dos horazas, yuhuuu!


Y nos volvimos a dormir. Bueno, yo me volví a dormir pero mi Querido novio debió de pasar mala noche. Pobre.


El caso es que mi Querido Novio a veces hace estos espectáculos nocturnos para deleite de quien esté a su alrededor. Y son divertidos, no nos engañemos. Al principio te da susto verlo como un loco gritando o hablando o lo que sea en medio de la noche, pero luego te entra una risa que es imposible controlar. Yo me tengo que aplastar la almohada contra la cara para ahogar las carcajadas, porque si me oye ya se despierta y se da cuenta de que está haciendo el ridi. Y me quedo sin show.



Por ejemplo, una vez nos metimos a la cama enfadados el uno con el otro; tan enfadados que yo me notaba que estaba dormida con el morro alargado puesto y todo. Qué cabreo que llevaba. Entonces, en medio de la noche, cuando estaba profundamente dormida (pero aun muy indignada), mi Querido Novio abre los ojos de par en par y me agarra del antebrazo tan fuerte que pensaba que me iba a dejar moratón.


“Lo que faltaba, encima ahora el tío me espachurra el brazo en sueños, tócatelas”. Es en ese momento cuando dejo de pensar en nada y me pongo a mirar con incredulidad al maromo de al lado, porque se puso a gritar a un volumen que pensaba que se me iba a plantar todo el vecindario a los pies de la cama a ver el espectáculo, desquiciado perdido y como un loco:


-¡¡¡Para, para, para para, para!!!-y me mira- ¿¡¿¡Pero es que no has visto que casi te pilla?!?!

Cara de póker- ¿el qué?

-¡¡¡Que casi te pilla, Bailarina!!!

Seguimos con cara de póker -¿Que me pilla el qué?

-¡¡El tractor, Bailarina, el tractor!! ¡¡Casi te atropella!!- Y me lo señala. Bueno, señala a la nada- ¿¿Pero es que no lo ves??

No, claro. No veía su tractor imaginario. Solo veía su cara de espanto total y los ojos de tarado. Y me empecé a reír. Se me pasó el enfado en ese mismo instante y solo me reía del mal rato que estaba pasando mi novio, que me miraba con cara de “y encima esta imbécil se ríe cuando casi la matan hace un momento”.


-Anda, cariño, venga a dormir otra vez.- Le di unos besitos y lo volví a acostar- No ha pasado nada, solo estabas soñando. Yo estoy bien. ¡A dormir!


Menos mal que se dio cuenta en ese momento de que todo había sido un sueño y estaba haciendo el ridículo total con el tractor asesino de novias. Se volvió a dormir y asunto zanjado. Eso sí, no hay día que no le recuerde que me quiso matar en sueños con un tractor pero que me salvó la vida apartándome de él. Mi héroe.



Como veis somos una pareja muy equilibrada. Yo mando dormir y él manda despertar. Y estoy deseando que vuelva a hacer otro de sus espectáculos nocturnos porque creedme: merecen la pena.

24 de febrero de 2014

GUAJIRA GUANTANAMERA


Como ya sabéis, soy una persona de mal despertar. Siendo francos, soy una persona de horrible despertar, de hecho. No os voy a mentir, que ya nos conocemos; “mal despertar” se queda muy corto. Cada mañana cuando me suena el despertador me muero de pena de tener que levantarme de la cama, dejar ese maravilloso templo del descanso y del calorcito.



Los lunes, además, dejar la cama es especialmente horrible porque:

  1. Me he acostumbrado a despertarme tarde el domingo (ya ves qué rápido me acostumbro yo a lo bueno: un día sin madrugar y ya tengo la tradición de levantarme a las mil) y el lunes me quiero morir. Hoy incluso estaba soñando algo cuando el despertador me ha interrumpido. Casi lo lanzo por la ventana.
  2. El domingo es el día oficial del cambio de cama y claro, abandonar ese templo del descanso con esas sábanas recién puestas, planchaditas y aun un poco rígidas cuesta un montón.


Bueno, pero que vosotros ya sabéis que yo formo parte de los muertos vivientes las primeras dos horas del día. No es la primera vez que os lo cuento.


Sin embargo, mi Querido novio es un ser todo espabilado por las mañanas. Se despierta todo activo, parlanchín incluso, y graciosete, para mi desgracia. Es de esa gente rara que amanece de buen humor, de esos especímenes capaces de despertarse sin necesidad de que les suene el despertador.



A mí eso me parece particularmente mágico, la verdad.


Es de esa gente súper rara que llega el sábado, se despierta a la misma hora que si fuera martes (sin despertadores ni nada, insisto) y se agobia en plan “ay, que ya no me duermo”.



Que no se puede volver a dormir, dice. Dios mío de mi vida y de mi corazón, este chico no es muy normal. A mí cuando se me pone así me parece que vivo con un alien venido de Marte. Con lo fácil que es decir “ay qué rico se está aquí en la cama y como es fin de semana no me tengo que levantar a ningún sitio”. Y en ese momento ronroneas un poco, te das media vuelta y sigues durmiendo con una felicidad máxima porque no te tienes que levantar para ir a ningún lado.


Total, que me lío.


El pasado martes estaba saliendo de casa para ir a trabajar con un sueño que me moría. Los martes además son mi día más odiado de la semana, o sea que no iba para nada contenta. Sonámbula y cabreada, mala combinación.


El caso es que además de ir sonámbula y cabreada, iba sola, así que no tenía a mi Querido Novio cerca para comentar lo que me pasó, y claro, luego se me olvidó. Hasta la mañana siguiente.


La mañana siguiente íbamos por la calle a las 7:30 de la madrugada mi novio y yo, paseando a la perra (él) y yendo a la oficina (yo), cuando volvió a pasar ese evento mágico de la madrugada anterior que se me había olvidado.


Resulta que, pasando por una plaza con una zona verde, se han asentado unos pajarillos que canturrean. Son como mi Querido Novio, pájaros madrugadores de buen humor. La cosa es que hay uno que, os lo juro por lo que queráis, no hace pío pío pío como un pájaro normal.


El tío canta Guantanamera.



¡¡Os lo juro que sí!! El martes le oí y pensaba que estaba dormida, que estaba soñando, o, en el peor de los escenarios, que me había vuelto ya loca de remate. Pero el miércoles ya no tenía ni media duda de que estaba ahí, había vuelto el pájaro cantor de Guantanamera.

-¡¡Eh!! ¿Has oído eso? ¿Lo has oído?

-… No… no oigo nada ¿de qué me hablas?

-Ahí, ¿No oyes el pájaro? A ver… que se ha callado justo ahora, espera- y nos paramos en medio de la plaza, yo con los brazos extendidos esperando a que el pájaro cantor volviera a escena. Y volvió- ¡¡Eso!!¡El pájaro! ¿No lo oyes?

Y ahí es cuando mi Querido Novio se me pone a mirarme raro porque yo me he puesto a silbarle Guantanamera al pájaro en cuestión.

-¿Qué haces?

-Canta Guantanamera. El pájaro. ¿No lo oyes? –y le silbo.

-No, Bailarina. No canta Guantanamera ni de cerca.

-Que sí… ¡Ahí está otra vez! –Y le vuelvo a silbar la melodía- Es Guantanamera clarísimamente, vamos.


-Vamos a ver, Bailarina: tú, como mucho, tienes una perra cubana que cuando pasea por la calle mueve el pandero que parece que la hubiésemos traído de La Habana en vez de la perrera. Pero hasta ahí. El pájaro no está cantando Guantanamera, ni nada que se le parezca remotamente. El pájaro hace pío pío normal.

-Que sí que lo canta.

-Que no.


Morros. Claro. No tengo un humor para que me lleven la contraria así de buena mañana. Y es que además lo canta súper claro, de verdad de la buena.


Lo mejor de todo es que el bichejo no me ha abandonado y sigue ahí en la plaza cada mañana. Y pía Guantanamera para mí y para mi Querido Novio, con lo cual, cada mañana tenemos la misma conversación sí–que-es-Guantanamera-no-es-Guantanamera-ni-de-cerca-pesá, que habitualmente acaba con un:


-Claro, como tienes un oído pésimo, que solo hay que oírte cantar en el Singstar que no haces ni 3.000 puntos de lo mal que cantas, pues no oyes Guantanamera. Pero lo canta, ¡Vamos que sí lo canta!


-Lo que tú digas.


Y bueno, por lo menos con esa marcha mañanera llego algo menos dormida a la oficina. De todas formas, yo creo que esta nueva afición a los pájaros se debe a que vimos hace poco Los Juegos del Hambre y me he quedado así con tara.

Está visto que yo no voy a poder ser una it girl, porque en vez de ver películas rusas de cine alternativo y bajos costes me veo superproducciones americanas Hollywoodienses de ciencia ficción que, encima, me dejan la cabeza tonta. Así voy fatal.

Eso sí, mi padre no cree lo mismo, que ayer le dije muy triste después de comer:




-¡Nunca seré una it girl!

Y él me contestó, dejándome el ego tan por las nubes que aun me dura:

-Tú ya eres una it girl, lo que pasa es que en las revistas no se han dado cuenta todavía. Pero tú, con el estilo que tienes, tú eres una it girl en la sombra.
Así es cómo yo me dejo engañar por un señor que no tiene ni idea de moda ni de ropa ni nada, pero me suelta una cosa así y yo me hincho como un pollo.

10 de febrero de 2014

HOY ME QUEDO EN CASA GUARDANDO LA CAMA


Esta mañana me he plantado en la oficina con los justito para subsistir, y es que tengo un lunes en el que mi cuerpo ha salido de la cama y se ha ido a la oficina... pero la cabeza sigue rebozándose en la almohada a estas horas del mediodía.
 
 

Qué cruz. Estoy completamente agilipollada.

Claro que, por otro lado, con este fantástico lunes en el que a Eolo le ha dado por ponerse a soplar como si no hubiese un mañana, en ningún sitio se está mejor que en la cama. Es una pena que el deber me haya llamado a la oficina y esté así, que estoy sin estar.

Mal.

Afortunadamente, tengo un novio que tiene mucho mejor despertar que yo y es capaz de ir ajustando todos mis desastres mañaneros. Esto es muy útil, es verdad, pero a veces dan ganas de estrangularlo con toda su energía mañanera y su buen humor y sus “¡Pero venga Bailarina, que estás atontada perdida!”.

Ya sé que estoy atontada, no necesito que me lo haga ver un listillo todo animado desde el minuto uno de su vida.

Un listillo que, por otro lado, esta mañana se ha descojonado de una servidora a mandíbula batiente. Casi se me mea de la risa sentado frente a su Cola-cao. Y es que he llegado a desayunar mientras radiaban el parte meteorológico, y me ha entrado miedito.

En la radio avisaban de fuertes vendavales, y desde la cocina se oía el viento soplar con mucha fuerza. He mirado en el iPad el parte para hoy (por aquello de una segunda opinión) y me he fijado en la velocidad del viento.

-¡Madre mía, vientos de 54 km/h! ¡Qué barbaridad!

-Pues sí, al final eso de la ciclogénesis explosiva va a ser verdad.

-Pues habrá que llevar atada a la perra por si acaso, ¿No? Que igual se la lleva el viento. 54 km/h es más del doble del peso de Leia.

-Y.. ¿Qué tendrá que ver el viento con de peso de la perra?

Y os lo juro que yo, a las 7 de la madrugada con el desayuno delante lo veía súper claro (he de decir que la física y tal nunca fue lo mío, para muestra un botón, pero lo veía clarísimo cristalino).

-Joe, pues está claro, ¿No? Si la perra pesa 24 kilos y va a soplar viento a 54 kilómetros por hora, pues la va a arrastrar por la calle.



Evidentemente, la cara de mi amado era un poema. Me ha empezado a mirar el cráneo para ver si me estaban saliendo raíces rubias platino, porque tanta tontería junta en una sola frase solo podría salir de la boca de una tonta del culo.

-Pero Bailarina, ¿Qué dices? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Pues kilos de Leia, KILÓmetros por hora… ¿No?
 
No, mi razonamiento no era válido.

-No, Bailarina, no. No tienen nada de nada que ver.

-Ah… vale me callo me callo.

Pero el melón de él no se ha callado, no, porque le había dejado la yugular en bandeja, y mientras íbamos por la calle en el paseo perruno de las 7:30 AM, él gritaba:

-A mi derecha, con 25 kilómetros por hora de peso y rubia como una Barbie… LEIA LA PERRA VOLADORAAAAAA.

Y yo me quería morir. Que la física no es lo mío, pero tampoco era para ponerse así, que estaba muy preocupada por la perra. Yo me la imaginaba volando mientras mi Querido Novio y yo la agarrábamos de la correa para que no se volase y no iba a pasar nada parecido, pues mejor para todos, ¿No?

Estaba dormida, dormida, dormida (y agilipollada). Pero mi dosis de tontería mañanera no había acabado aun. Cuando por fin he llegado a la oficina he empezado a hacer recuento de daños en mi bolso:
 
 

-(ceño fruncido) Qué lerda, me he dejado el gorro en casa, y con el viento que hace yo necesito mi gorro, porque si llueve no podré abrir un paraguas. Bueno, lo cojo a mediodía.

-(Rebusco bolso) Muy bien Bailarina, muy bien. Tú menstrual perdida llorando por tu dolor inhumano y te dejas el ibuprofeno en casa. Pues a ver qué haces toda la mañana sin doping, tendrás que ir a una farmacia.

-(Y mientras seguía rebuscando en el bolso) Ay, joder, ¿el móvil? Juraría que está en el bolso… a ver… Si es que con tantos compartimentos no se encuentra nada, ¡qué asco! Voy a hacerme una llamada perdida que con el sonido lo encuentro más rápido.

¿Y sabéis qué ha pasado? Pues sí, habéis acertado, pequeños Padawan: me he llamado al móvil y, sin embargo, a mi alrededor solo había un silencio sepulcral –de mierda-. La nada más absoluta. Qué previsible soy.

-¡MIERDA! ¡Me he dejado el móvil!

Y he colgado. Pues sí que andaba fina yo hoy, madre mía.

Lo que he empezado a hacer en ese momento mientras degustaba un café ha sido auto sermonearme, claro. Soy una drama-mamá sin hijos, ergo, me auto sermoneo.

“Bailarina, esto no puede seguir así. Ya tienes una edad como para ir así por la vida, sin cabeza ni nada. Que te has dejado la mitad de las cosas que tenías que traer y ahora hasta mediodía no las vas a recuperar. No se puede, así no vas a madurar en la vida, cabeza loca…Y la gilipollez de los kilómetros por hora… eres de torta a mano abierta. Menos mal que no te lo han grabado porque eso es de concurso de Miss por lo menos. Esta misma tarde miras en Wikipedia cómo cojones va lo de los kilos y los kilómetros por hora y no vuelves a hacer el ridículo de esa manera tan estrepitosa, que menuda vergüenza, guapa. Que más te vale ser guapa, porque eres más lerda que un zapato y desde luego por lista no vas a destacar tras lo de hoy…”

Y de pronto, ha sonado el teléfono de la oficina y, al mirar de qué teléfono me llamaban… ¡Oh, sorpresa! Yo conocía ese número, ¡Era el mío!




-Mierda, mierda, mierda, me ha pillado -Y descuelgo el teléfono haciéndome la sueca- ¿Sí?

Y al otro lado de la línea, mi Querido Novio devolviendo la llamada perdida que me había hecho a mí misma.

-Hola cariño, ¿Qué, cuántas cosas te has dejado hoy? ¡Corazón loco!

Qué podía hacer, me había pillado con todo el equipo, se había reído de mí en el desayuno y encima ahora me llamaba desde mi propio móvil. Vaya cagada.

-Pues… ya ves… que estoy de lunes.

-¿Quieres que te acerque el teléfono a la oficina?

-Pues… sí, te lo agradecería, la verdad. Gracias, cariño -Notaba que me estaba poniendo roja de ira/humillación, pero estaba derrotada.

-Nada, tranquila, yo te lo llevo –Notaba la sonrisita victoriosa al otro lado del teléfono, pero qué podía hacer, estaba a su merced- ¿Quieres que te lleve algo más?

-No.

-¿Segura?

-Sí.

-¿Segura segura?

- Que sí.

-No, si yo te lo digo porque están aquí, al lado del teléfono, tu gorro de humaguaqueña y un par de Espidifenes de albaricoque. ¿No querrías que te los acercara también a la oficina?

Y ya ahí me he picado, porque oye, servidora es orgullosa como un pavo real (que no se por qué yo me los imagino orgullosos), y bueno está lo bueno. Un poquito de risa vale, pero eso ya sí que no.

-Joe, pues si estás viendo que están ahí al lado digo yo que será que me los he dejado, que tampoco hay que hacer sangre de estas maneras, ¿No? Vamos, digo yo. Que esto es de un gratuito que tumba ya. Y que sepas que no lo necesito mucho, ya si eso los cojo a mediodía y ya está.

-Ay Bailarina, qué chulita te me pones. –y se me ha empezado a descojonar de risa ¡Otra vez! ¡De mí!- Anda, ya te llevo todo, total, lo mismo da. Calcula que en un cuarto de hora o así paso con el coche por allá.

-Vale…- Y el orgullo herido me ha dejado pronunciar, a pesar de todo- Oye, que… Gracias, cariño.

-Igual un poco más de quince minutos ¿Eh?, que con estos kilómetros por hora igual me lleva el viento por los aires.

-¡Oye vale ya!

-Que es broma, cariño, voy enseguida.

Y efectivamente, al cuarto de hora, servidora ha bajado a la calle a esperar un coche negro. El susodicho coche se ha puesto a su lado y el conductor ha hecho bajar su ventanilla, desde la cual me ha pasado “el paquete”.

Yo he puesto mi mejor cara de no haber roto un plato, mis ojos de lástima máxima y le dado las gracias.

Y él, que me pincha como ninguno, ha decidido sacar la bandera blanca del coche y me ha dicho:

-Me desesperas, pero me gustas así, corazón loco. Que tengas un buen día.