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22 de septiembre de 2014

I'VE GOT A BIKE, YOU CAN RIDE IT IF YOU WANT

La semana pasada sufrí un acontecimiento súper paranormal en mi vida. ¿Os acordáis de la película BIG? ¿Esa en la que Tom Hanks pide a una maquinita con un mago dentro el deseo de ser grande, y se convierte en grande –en altura- pero no en adulto –de cabeza-?




Pues he vivido algo similar con mi Querido Novio y sus amigos. Y, la verdad, aun me dura la cara de shock.


Sí, queridos, este es un nuevo capítulo de “Querido Novio y el Deporte”, que sé que es un tema que os chifla mogollón. Y es que mi amado cumple años en un par de semanas, pero el regalo ya ha llegado a nuestras vidas.


¿Qué le hemos regalado? Pues, para su gozo máximo, una nueva bicicleta para salir a jugar con sus amiguitos. La bici es de estas súper chachis de carbono que no pesan y… es gris, y… bueno, básicamente, la bici cuesta un riñón, la ha elegido él, y la ha comprado por Internet; nosotros le hemos hecho aportaciones monetarias para pagarla y yo no tengo ni idea de por qué es tan molona.


Total, que el chico está que no cabe en sí de felicidad. Desde que la compró ha estado haciendo el seguimiento del pedido como si fuese eso el peregrinaje de los Reyes Magos al portal de Belén. Después, vio que el regalo le llegaría mientras él estaba en la oficina (y yo también), y le dio un perrenque.




Este es el diario de LA bicicleta:


Día B -1:

-Cariño, que mañana llega LA bici. Como estás currando solo por la mañana en la oficina… ¿podrías quedarte esperando por la tarde en casa a que llegue?

-¡Sí, Claro que sí! Tu regalo de cumple ya llega ¡yuju!- yo le noto emocionado, y chica, pues a mí se me contagia rápido la emoción ajena. Me emociono yo también.

-Muchas gracias, ¡eres la mejor!- El Querido Novio haciendo la pelota, y yo, pues como que me lo medio creo.

-¡¡Si no me cuesta nada, tonto!!- y le sonrío.

-Bueno, pero gracias de todas formas… Y… ya que estás, otra cosita…-empiezo a temblar.

-Dime

-Que… si me llama el mensajero diciendo que me la traen pero por la mañana y no estamos ninguno claro porque estamos trabajando… ¿te puedes acercar tú a casa a abrirle?




¿¿¿PERDONA??? Esa ya sí que no me la espero.


-¿Que me vaya de la oficina para abrirle la puerta a tu bicicleta?

-Sí… pero es solo un momentito de nada, abrir y luego ya vuelves.


El chico está tan convencido de que es un momentín de nada y está tan feliz y tan nervioso que ni siquiera puedo darle una respuesta rotunda en plan “pero tú qué te crees de la vida, chaval, que estoy para recaditos frikis tuyos o qué”. Solo articulo un:


-Bueno, tú, si eso, llámame cuando te llame el mensajero y a ver si me puedo escapar.


Qué otra cosa podía decir, estaba contagiada por la euforia, y era la mejor novia, ¡¡no podía decirle que no!! Afortunadamente, no hizo falta que fuese a abrir a puerta a nadie…


Día B (mañana)


Llega LA bici. Me llama mi Querido Novio:



-Dime, ¿Voy a abrir la puerta? Me puedo escapar un momentito ahora.

-No, no hace falta. Es que… me ha llamado el mensajero y no me he podido aguantar, ¡he venido a casa y le he abierto yo! Así tampoco te molesto.


Se le nota la sonrisa de oreja a oreja incluso a través del teléfono. Es un niño con bici nueva el día de Reyes.


-¿Te has venido desde tu curro hasta casa para abrir la puerta, tú? ¡Pues sí que tienes ganas de bici! Bueno, y cuéntame ¿cómo es?

-No… es que la quiero abrir contigo porque fuiste tú la que me animó a comprármela.


Maldita la hora.


-¿Y te has quedado ahí con las ganas? ¡¡Madre mí qué fuerza de voluntad!! Esta tarde la abrimos, sí.

-Sí, he pensado que me esperes en casa cuando salga de trabajar y la abro entonces, ¿te parece?


Y yo, que tengo en mi vida planes muuuuuucho mejores que ver a mi amado sacar una bici de una caja, que esto del ciclismo me importa un pimiento morrón, evidentemente, le digo con una sonrisa de par en par:

-¡¡claro que sí, CARIÑO!! ¡Me hace muchísima ilusión ver tu bici nueva!



Mentirosa, mentirosa y mentirosa. Te mereces todo lo malo que te pase, Bailarina.


Dia B (tarde)


Mi penitencia. Mi Querido Novio me espera a que llegue a casa y se pone a abrir el paquete conmigo como espectadora de excepción. “El paquete”, es, básicamente, una caja como un muerto de grande.


Normal, tiene dentro una bici entera, pensaréis.


Pues sí, pero no, ¡¡porque la bici está sin montar!! ¡¡Y mi Querido Novio la tiene que montar!! ¡¡Y yo tengo que verle montar LA bici!! ¡¡Y a mi todos esos temas de construcciones siempre me han dado un p’atrás de cuidado!!


Mátame camión.


Cojo una silla y me siento a su lado a verle montar la susodicha.



Qué sopor.

Qué modorra.

Qué rollo.


Pero el hombre, ahí está, feliz de la vida, que lleva una hora en gallumbos metiendo piezas como si eso fuese un mecano y no se le va la sonrisa de la boca ni a la de tres.


Y me explica lo que es cada cosa (y la fotografía, y se la manda a sus amigotes).


Es como si me hablase en suajili.


Y me habla de lo que hace cada cosa (y se lo cuenta todo minuciosamente también a sus amigos, un público mucho más agradecido que una servidora).




Porque a mí, plin. Y porque ellos le entienden, que oye, es un punto.


Y se me empiezan a cerrar los ojos, así que decido colgar la lavadora. Y para que colgar una lavadora sea un buen plan, es que el montaje de la susodicha es un rollo repollo. Lo siento, amor.


Pero él está feliz, porque él tiene a sus amigos de su rollo, y están todos emocionados con LA bici nueva, y le dicen cosas bonitas por Whatsapp de su juguete: que si qué grande, que si qué ligera, que si qué bonita, que si déjamela para dar una vuelta… y él, pletórico como está, dice a todo que sí que sí.


Y claro, pasa lo que pasa, que  en cuanto te despistas un poco poniendo pinzas a una camiseta se te ha plantado un amigo en casa a ver la bici de primera mano, porque le has dicho que sí, que le dejas dar una vuelta. Así que ya no es uno, sino que son DOS frikis de las bicis juntos en una habitación admirando la bici nueva.




-Es que qué guapa, tío.

-Ya te digo, chaval

-¿A ver a ver?-y la levanta con una mano. Se parte el pecho. No entiendo nada- ¡Si es una mierda esto, no pesa nada! ¡A ver coge la anterior! ¡buah vaya piedra!



Y así con el freno, con el radio de la rueda súper tenso (que es bueno), la amortiguación, el sillín, la rueda, el portabidones y que si en la quebranta va a ir debuti y que para la extreme no sé cuál también genial para rodar.


Lo que te digo, suajili nivel Proficency.


Afortunadamente, son las 20:30, la perra tiene que salir a pasear, y los dos amigos están como si hubiesen engullido media farmacia de la felicidad, así que por fin, POR FIN, bajan a la calle a probar LA bici en condiciones: montando en ella.


¡¡Y se llevan a la perra de paseo!! ¡Olé!



Así que yo me quedo en paz y tranquilidad y aprovecho la coyuntura para darme una ducha zen ultra purificadora.




14 de julio de 2014

IT'S FRIDAY, I'M IN LOVE

Hoy es lunes pero tengo amor verdadero destilando todos los poros de mi piel y estoy más feliz que una perdiz. Qué le voy a hacer, en ocasiones soy una Godzilla sarcástica y borde pero en el fondo soy un pedacito de pan sentimentaloide y cursi.




Y es que hoy no es un día cualquiera, amigos,  hoy es un día especial, hay que brindar por la vida y hacerla festiva alegre y cordial.

¿No os ponían vuestros padres la radio los fines de semana? Yo tengo esa cancioncita grabada a fuego en el hipotálamo.


En fin, que me disperso. Es lunes, sí, pero hoy también…. Musiquita celestial, pajaritos canturreando bellas melodías, ninfas tocando arpas….




Es mi enésimo aniversario con mi Querido Novio. Bueno, con todo lo que ya sabéis de él, nuestro Querido Novio, porque ya es un poco el Querido Novio de todos. Está claro que a mí los aniversarios hasta me cambian el humor, porque estoy incluso generosa, repartiendo pedacitos de QN.


Así, que hoy, me vais a perdonar, pero hoy, cariño, hoy esto es para ti.




Porque no hay día en el que no me sienta afortunada de tenerte a mi lado.


Porque nos tenemos más vistos que el Tebeo el uno al otro, y sin embargo, cuando te vas por ahí un fin de semana o de vacaciones, te echo de menos una barbaridad.


Porque, como decía Jack Nicholson en “Mejor imposible”, tú haces que quiera ser mejor persona.




Porque soy tu súper fan número 1 en todo lo que haces y tu acérrima  defensora número 1 en todo lo que dices (menos cuando dices que soy desordenada. Que sí, que tienes toda la razón, soy un caos, pero tampoco voy a tirarme piedras en mi propio tejado, ¿no?).


Porque te dije que te comprarías el neopreno para hacer triatlones por encima de mi cadáver y ahora que ya lo tienes yo quiero uno también (aunque no sé muy bien para qué).


Porque me encanta poner la música a toda pastilla en casa y bailar juntos en la cocina como dos indies trasnochados.



Porque jugamos al escondite en casa y nadie nos entiende pero nos lo pasamos genial.


Porque te ríes a carcajadas conmigo y el corazón me baila de alegría cuando lo haces.


Porque estoy en pijama con un moño cutre tirada en el sofá y me dices guapa.



Porque me encierro en el baño para ponerme hecha un brazo de mar para una boda y cuando salgo me dices guapa, y me silbas, y yo me río y te digo tonto.


Porque te doy conversación en la cama cuando te estás quedando dormido, y te fastidia pero me hablas y arreglamos el mundo en un pispas.


Por las guerras de cosquillas que siempre empiezo yo, aunque siempre acabo perdiendo porque acabo masacrada a cosquillas medio ahogada de la risa y diciendo “¡¡¡para, para, para, que me hago piiiisss!!” y tú no tienes piedad. Algún día esto de las cosquillas acabará mal.




Por esas carreras nocturnas para ver quién llega el primero de todos a la cama, y generalmente la primera es Leia que te quita tu sitio –y tu almohada-. Parece que tenemos diez años, pero es tan divertido…




Porque me gusta salir a cenar contigo y hacer plan de novios. Ponerme los tacones y un vestido divino, ligar contigo mientras tomamos una copa, pero el plan de peli y pizza (o chino, aunque a ti te va menos) está también en el top 3.





Porque nuestras vacaciones en Menorca van a ser inolvidables, como lo llevan siendo los cuatro últimos años. Y volveremos tostados y gorditos, y nos odiarán por ello, y nos encantará. ¡Qué malos somos, amor!


Porque somos un súper equipo de 2 al cuidado de nuestra perra con ansiedad (y con ganas de tocarnos las pelotas, porque lo de sacar cosas de la basura a pesar de los cierres anti niños que le hemos puesto es mala baba, no ansiedad). ¡Nada podrá con nosotros!


Porque aprendiste la primera semana que no me podías llamar “gordi” como apelativo cariñoso si querías mantener esos preciosos ojos castaños en su sitio. Y aun y todo quisiste intentarlo conmigo.


Porque nunca seremos como esas parejas rollo que se toman las copas a medias. Nunca me llevarás al lado oscuro del postureo gin tonic; tú te tomarás tus copazos y yo los míos, y no se hable más.


Porque nos vamos a cenar y fisgamos a esas parejas que comen en silencio y los dos pensamos "¡Ay pobres! nosotros nunca seremos así". Y es que nunca seremos así.



Porque cuando estoy en la playa tomando el sol hago malabares para no tener ninguna marca de tirantes o de lazos, pero cuando llega la hora de nuestra siesta en pareo tengo que estar dándote la mano o tocándote la pierna, porque si no no me duermo. Y que le den a esas marcas.

Porque hiciste que conociera Nueva York, el viaje de mis sueños, y como el viaje no te parecía suficiente conseguiste sacar fuegos artificiales después.




Porque podré conocer el mundo entero, pero el mejor sitio de todos será siempre contigo.

Por otros muchos años más.

Porque eres único, gracias por todo.


 Te quiero.

19 de mayo de 2014

SWIM UNTIL YOU CAN'T SEE THE LAND

Hace ya cuatro días que me encuentro en shock profundo, y los que me tenéis en Facebook sabéis ya el por qué. No me podía guardar semejante bombazo hasta el lunes, claro: resulta que aquí mi Querido Novio ha dado un paso adelante en esto de ser un auténtico friki del deporte y se quiere apuntar a su primer triatlón. (Cara de susto- icono de los ojos como platos de Whatsapp).





-¿Y ahora por qué te quieres apuntar a esta mierda, si puede saberse?
-Pues… no sé, me apetece.
-“Me apetece”. Ya. Seguro que tus amiguitos se han apuntado y tú hala ahí detrás de ellos porque es que para el deporte eres culo veo culo quiero, y todo competitividad, que eso de ser tan competitivos entre vosotros no sé, vais a acabar mal algún día ¿eh?
-Pues no, cariño-Y ahí venía el zas en toda la boca-. Mis “amiguitos”, como tú los llamas, se han apuntado a hacer una prueba de bici ese mismo día en otro sitio pero a mí no me apetece ir, y he visto que había esta otra prueba y me he dicho “Ah, mira, pues me apunto, que es de las cortitas y el recorrido es facilón”. Nunca he hecho un triatlón y me apetece ver qué tal estaría.





Nuevamente, icono de los ojos como platos de Whatsapp. ¿Pero qué he hecho yo para merecer esto?



Pues sí, amigos, algo he hecho mal. El chico está fatal, fatal, pero muy fatal. Esto se nos está empezando a ir de las manos, porque es evidente que un triatlón no es lo mismo que correr como un desgraciado o pedalear como si no hubiese  un mañana (y nada más). Esto ya es otro nivel. Pero oye, que según mi novio, soy una exagerada de libro, porque esto que quiere hacer (que todavía no está decidido del todo porque no ha hecho la inscripción, pero que lo va a hacer al 90%), no es para tanto.


Aquí mi cari dice que la carrera esta que se ha topado es una cosa súper fácil para no expertos en triatlones, porque son muchos menos metros que en una carrera normal y esto él, con todo lo que anda en bici y todo lo que corre, lo hace un tris. Un  triatlón infantil, vaya.





El único problema que le veo yo al triatlón es que aparte de correr y de la bici hay que nadar. Y NO SABE.


-¿Pero cómo vas a nadar si no sabes?
-Oye que sí que sé nadar, qué te crees tú. Y voy a ir así- y me hace el gesto de nadar a braza- poquito a poco y luego ya lo compenso con la bici y la carrera.
-¿A braza? ¿Cómo una rana? ¡Pero si braza es la modalidad más lenta de las cuatro oficiales!
-Bueno pues iré de espaldas que es más rápido
-¿En mar abierto sin ninguna referencia?
-¡¡Bueno, Bailarina, que no sé!! ¡Ya veré lo que hago!


La primera ronda se saldó con un Querido Novio cabreado conmigo y acordándose de mis padres por haberme apuntado a natación en plena edad del pavo. Si hubiese sido más ignorante en la materia lo habría dejado más en paz.


Pero servidora ha hecho natación, y sabe lo chungo que es nadar, ¡Vaya si lo sé! Es chungo chunguísimo.





-¿Y cuántos metros son?
-Ná, 20 kilómetros en bici y 5 corriendo.
-¿Y nadando, cuánto?
-Súper poco, de verdad.
-¿Cuánto? A ver por lógica tiene que ser menos de un kilómetro para ir en proporción al resto. ¿800 metros?
-¡¡800 metros!! ¡¡Qué exagerada!! ¡Es todavía menos que eso!
- DIME CUÁNTO ES.
- 750 metros.
-¿¿Y me dices exagerada por decirte 50 metros menos?? ¡¡Es solo un mísero largo de diferencia!! ¡¡Y A BRAZA!! Tú no haces es triatlón este ¿eh? Desde ya te lo digo, vamos. ¡Que te me ahogas nada más empezar! ¿Y quieres ir ahí en modo ranita de la charca 750 metros? Ni hablar del tema.


Pero nada oye, él, erre que erre.





-Que sí que lo voy a hacer, Bailarina. No se hable más.
-Que no que no, que es que no estás pensando cuánto son 750metros, no vas a llegar. Además, ¿Dónde vas a entrenar?
-¿Entrenar? ¿Para 750 metros?
-Cómo, como, cómo, cómo ¿¿¿QUE NO PIENSAS NADAR EN UNA PISCINA ANTES?? ¿PERO TÚ TE HAS VUELTO LOCO O QUÉ TE PASA?


Ahí ya vio que estaba despertando a la bestia que vive dentro de mí y que el asunto del triatlón a lo loco sin haber nadado antes ni un largo se estaba poniendo feo feo.

-Pues sinceramente, no, no pensaba…
-Mira, querido, te voy a decir las cosas claras porque esto ya está pasando de castaño a oscuro y no tengo yo el hornillo para oír más tonterías: tú no sabes nadar.
-Pero…-Y se calló, porque le estaba ya mirando con cara de asesina con el dedo índice levantado- vale, me callo. Dime.
-Gracias. Como iba diciendo antes de que me interrumpieras –mirada de advertencia- tú no sabes nadar.  Lo siento, pero es así. Para 750 metros, no estás ni de coña. Y por mucho que sea un triatlón corto, no puedes ir nadando a braza igual que a mí no se me ocurre coger y hacer una carrera ciclista con ruedines. Bien.
-Pero…
-No he terminado.
-Vale, vale, sigue.




-Bien, gracias. Así las cosas, tienes que ir a una piscina y probar a hacer 750 metros aunque sea para que veas que no es tan fácil, pero vamos, es que ni de coña es como tú te crees. Que en Menorca te ibas a chapotear 400 metros y volvías a la sombrilla pensando que eras Phelps…
-Perdona pero en Menorca nadaba mogollón mogollón e iba súper bien. Además, que me hacía más de 400 metros.
-¿Tú? Ni de coña vamos. Así de clarito. Mira, no voy a discutir, voy a dejarte las cosas muy claras, no quería llegar a esto pero ya te veo por dónde vas y por ahí no vas a seguir: no sabes nadar, en lugar de ir a un triatlón deberías ir a aprender a nadar al club Tintín con los niños.
-Un poco hiriente, el comentario ¿No?
-Sí, es hiriente pero así es la cruda realidad. Así que te digo una cosa: como no entrenes en una piscina te prometo que NO TE DEJO IR AL TRIATLÓN.


Cara de estupefacción supina. Normal. Nunca le había dicho nada semejante a mi Querido Novio:


         -¿Que no me dejas?
         -No te dejo
-¿No eh? –el melón de él todavía se reía de mí mientras lo decía- Mi novia no me deja. Toma ya.
-No. No te dejo ir. Ya me has oído. Si quieres voy contigo a nadar o lo que tú quieras pero como no entrenes no hay triatlón. Punto.


Y solo por la risa que le dio oírme decir que no le dejaba hacer algo me ha hecho caso (parece). Estamos mirando bonos de piscina para que vaya a entrenar y lo voy a tener a remojo en agua con cloro hasta que llegue el día del evento.








Mi pretensión es que después del primer día en la piscina vea lo chungo que es hacer 750 metros y ceje en su empeño de hacer la dichosa prueba, pero bueno, si no lo consigo, al menos no tendré un Querido Novio inconsciente que se mete al agua por primera vez esta temporada para hacer nada menos que un triatlón. Y yo, a lo mío: de supportive girlfriend.