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23 de junio de 2014

IN SUMMERTIME WHEN THE WEATHER IS HOT

Hoy vuelve a ser lunes pero es un lunes muy diferente a todos los anteriores porque hoy… ¡Es verano!



Tengo unas ganas locas de disfrutar de este verano que promete y mucho. He revisado el calendario y me quedan tres fines de semana libres para hacer planes, el resto están ya adjudicados con viajes o citas ineludibles ¡va a ser genial!


Y es que hay sensaciones que solo se tienen en verano, pero son tan maravillosas que su recuerdo dura todo el año, y lo mejor de todo… ¡son todas gratis! Esas cosas son:





  • ·         Desterrar la ropa de invierno de tu vida. No hay nada más satisfactorio que ir vaciando todo tu armario de prendas de lana, cosas de cuello vuelto, abrigos de pelo o de plumas y meterlo todo en una bolsa. Yo particularmente quemaría esa bolsa después, pero claro, luego llega octubre y la necesito de nuevo, así que nada, la castigo con mi indiferencia.



  • ·         Sacar toda la ropa de verano a tu vida. Olvidarte del negro y del gris por unos meses y ver los pasteles y los crudos y los blancos. Y lo mejor de todo ¡que te siente bien!





  • ·         Estás más guapa, estás de mejor humor… estás morena.




  • ·         Estás más rubia. Tus amigas se ríen de ti y te dicen que leas más rápido porque para cuando llegue agosto ya vas a ser tan rubia que se te va a haber olvidado leer del todo. Y te ríes, porque es verano y estás de buen humor.

Me dicen eso en marzo y les corto el cuello.





  • ·         Ir medio en pelotas a todas partes. Con dos trapitos ya vas vestida y perfecta para cualquier sitio. Claro, tardas menos en vestirte por las mañanas para ir a trabajar, menos en cambiarte para ir a la playa, menos cuando vas al gimnasio… y lo mejor, ¡no vas cargando como una mula con la ropa que te vas quitando según avanza el día!




  • ·         Ir a la playa a tomar el sol. No hay mejor sensación en el mundo que sentir el calorcito de los rayos del sol en tu tripa. Simplemente maravilloso.



  • ·         Notar el calor de la arena en los riñones cuando te tumbas sobre el pareo y claro, con tanto calorcito, pues te amodorras, y te quedas así medio traspuesto tan ricamente.





  • ·         Ese runrún de gente que está en la playa, y algún niño que está jugando y riendo de fondo, y las olas del mar. Esa es la mejor música con la que echarse la siesta (siempre y cuando la gente que hay en la playa no sea de esa chusma maleducada que habla a gritos para todo el mundo y el niño en cuestión no sea de esos demonios capaces de ser abofeteados por la mismísima supernanny).




  • ·         Ese punto justo después de haberte dado un baño en el que ya no estás empapada pero tampoco se han secado todas las gotas de tu cuerpo. Momento exacto de frescor en tu cuerpo. ¡Cómo me gusta! Solo dura un minuto, ¡¡pero qué minuto, señores!!




  • ·         Salir del gimnasio a las 8 de la tarde y que sea de día. Salir incluso a las 9 y que siga siendo de día. ¡El sol no se escapa nunca!



  • ·         Estar en una terraza.


Da igual para qué, da igual la hora. Habla por sí solo. Terraza es bien.


  • ·         Pasar calor. Sí, pasar calor es una sensación maravillosa y los nazis del aire acondicionado que te ponen las oficinas a 18 grados deberían aprender a disfrutar de ella.




Basta de pulmonías por aire acondicionado en mitad de julio. Dejadnos disfrutar del calor, pesaos.


  • ·         La jornada intensiva. Algunos afortunados trabajamos solo por la mañana y podemos disfrutar de toda la tarde libre para hacer lo que queramos. Y con la jornada intensiva a veces son las 6 de la tarde de un martes y ni siquiera tienes la sensación de haber estado en la oficina esa mañana, porque has hecho tantas cosas que parece imposible que hayas trabajado también.



Y te sientes todo orgullosa porque eres una súper heroína que puede con todos los planes que le propongan.


  • ·         Tomar un granizado de limón mientras caminas por la calle y notar el sabor a cítrico, el frío del hielo. Y sentirme como una niña si me tomo el sorbete con mi madre, porque tenga la edad que tenga acabo sorbiendo de la pajita y haciendo ruido, y ella echándome la bronca “por sorber como una gorrina” “¿Pero es que no vas a aprender nunca a tomar un granizado como una persona normal y decente?”.


Ay… Hay cosas que no cambian nunca.

  • ·         Y lo mejor, lo mejor, lo mejor, es disfrutar de todos los días con los incondicionales que te quieren. ¡Eso sí que mola!




No quiero olvidarme de decir que esta noche “mágica” para algunos y de fiesta y locura total para otros, es para nosotras solo una parte de un gran gran día de celebración: nuestra amiga Friki cumple nada más y nada menos que treinta maravillosos y preciosos años…

¡¡¡Muchas felicidades!!!




Y porque los treinta son geniales y redondos, y porque nosotras lo valemos, nosotras celebramos el día de Friki mientras el resto del mundo celebra la noche de San Juan. Porque los treinta son únicos y hoy con más razón que nunca ¡arde la ciudad!

Te queremos muchi, amiga. Tus piñas. 


14 de octubre de 2013

GAUDEAMUS IGITUR, IUVENES DUM SUMUS


Supongo que muchos de vosotros estaréis entrando aquí con un ojo cerrado para no ver con todo su esplendor toda mi ira cayendo sobre mi Querido Novio, que se metió por aquí sin mi consentimiento y además me puso a caer de un burro en el post la semana pasada.

No obstante, el jodío ha sabido bien cuándo entrar, porque el viernes es su cumpleaños y ahora está oficialmente bajo la protección del cumpleañero. No vale enfadarse, ni malos rollos ni nada. Ahora todo es felicidad y “¿qué será, qué será el regalo de tu cumple?”.

Ahora las conversaciones son del tipo:

-Cosita bonita, capullito de alelí, el viernes tu cumpleañitos, yupi. ¿Y qué te va a caer de regalo, eh, eh, eh?

-Ah, pero ¿Ya tienes mi regalo comprado?

-Pues claro que sí, ¡cosita! Desde hace un  montón.

-¿Y qué es? ¿Qué es? Ay qué nervios.

-UN PULSÓMETRO PARA QUE TE JODAS. Que nooooo, ¡tontín!

De manera que la sangre no ha llegado al río. Hay coñas, pero no sangre.
 
 

Para los que me habéis preguntado “¿Oye pero… estáis bien ahora vosotros?” O también “¿Cómo de cómodo es vuestro sofá? Porque ¿vais a dormir juntos después de esto?” os diré que todo va bien, sobre ruedas, como siempre. También para una preocupada amiga-cuñada Torpe que me escribió “oye por favor arreglad esto que yo quiero boda. ¡Quiero ponerme una pamela por una vez en mi vida!”. Tranquilidad, no sé nada de bodas pero montaremos algún sarao, y te pones lo que quieras.

Así que, dejamos al Querido Novio a un lado, y cambiamos de tema. Porque ay amigos, en qué jardín me he metido.

Como mi vida no es completa, y me sobra tiempo a raudales, voy a volver a estudiar. A pesar de trabajar cara al público en una pecera, ir a hacer el ridículo al gimnasio tres veces por semana mínimo, escribir este blog (que os creéis que esto son cinco minutitos de ji ji ji, ja ja ja, y post listo, y nada más lejos de la realidad) y tener una perra ansiosa, he decidido que me faltaba algo más para rellenar mi “tiempo libre”.

Una chispa, un meneo, un aliciente a mi día a día. Porque yo soy muy de apalancarme en el sofá si tengo esa oportunidad, y una vez me meto ahí ya no me sacáis de ese bucle de vaguerío de perdición. Porque sin hacer nada se está muy a gustito, para qué engañarnos.

Pero no, amigos míos, yo me he sobrepuesto a mis ganas de tocarme mi pequeña nariz y me he ido al otro extremo. Voy a estudiar, sí, pero nada de cursillitos tontos de unas pocas horas, que eso es una chufla para rellenar currículum. Yo voy a lo grande: vuelvo a la Universidad a hacerme un Máster.

Ole ahí.
 
 

Total, que como me va la marcha, y a su vez soy un desastre en lo que a tener fuerza de voluntad se refiere, el máster es presencial 100%, y así me obligo a ir. Tengo clase los viernes tarde (absolutamente toda la tarde) y sábados por la mañana (absolutamente toda la mañana) en una facultad que no puede decirse que esté cerca de casa precisamente. Está en la provincia de al lado.

Y eso de que esté en la provincia de al lado significa que los viernes por la noche voy a pernoctar en hostaluchos y pensioncillas, que voy a viajar en autobús más que en el resto de mi vida entera, y, presumiblemente, que retomaré los “viernes universitarios” de cenas y “cañas” (yo iré a vinos blancos o Martinis, que la cerveza… no).

Para comenzar la fase académica con buen pie os diré que tres días antes de empezar las clases me fui a una papelería y arrasé con todo. Porque aquel anuncio de El Corte Inglés que rezaba “volver a estrenar zapatos y libros…” ha hecho mucho daño a nuestra generación, y ya vamos cada año con la tara de tener que comprar material escolar nuevecito y resplandeciente (y, en mi caso, el más caro de la tienda).

Me planté en clase con un precioso estuche de coches de colores, una funda para los apuntes, y bolis y rotuladores de la más diversa índole (porque no, un solo boli azul o negro no es suficiente, hay que darle COLOR a los apuntes, que si no, vaya rollazo). Asimismo, me compré una carpeta clasificadora para guardar los apuntes en casa una vez ya usados y paseados de provincia en provincia.

 Preciosa. Rosa. Forrada en piel de mentira.

La más cara de toda la tienda. Y cuando digo la más, es LA MÁS. Que una carpeta normal cuesta como 3,50€ y la mía me salió por nada menos que 18 Eurazos. Que estaba yo en la cola de la caja pensando “Pero Bailarina, vamos a ver, si es una puñetera carpeta ¿qué más dará el color? ¿Tan importante es que sea rosita?” y me respondía a mí misma “Sí, sí, me importa. Quiero esta que mira qué mona es… y lo necesito para motivarme” y me volvía a decir “anda que vaya tipa, estás hecha una cursi y una imbécil, porque vas a pagar un dineral por la chorrada de que sea rosa” y la discusión mental acabó con un “pues sí, seré gilipollas, pero esta carpeta rosa que me cuesta un ojo de la cara me la pago yo y yo me la llevo para casa, ea”.


 
Y así fue, y lo mejor de todo es que reunidas el comité de sabias (léase Torpe, Friki y Cremitas) acordamos que había hecho muy requetebién comprando esa carpeta y no esos otros abortos de carpetas de colores infumables. Porque como muy bien me dijo Friki, que es Doctora en Psicología  “Has hecho muy bien, que esa carpeta luego queda para siempre, y siempre no se puede ser cutre”.

Y si una Doctora te dice eso, pues te quedas reforzada.

Pero no todo es estudiar. Para comenzar la fase lúdica del máster con buen pie os diré que según llegamos a clase teníamos a uno de los “veteranos”, que está acabando su máster ahora, para darnos una calurosa bienvenida. En un plan “aquí te pillo aquí te mato” de libro, le pidió permiso a la profesora para meterse en el aula, y cuando le dijo que sí, se subió a la mesa de los ponentes para darnos su particular speech inaugural. Desde allí, nos vino a decir cuatro cositas sobre el máster y… que teníamos cena de clases a la noche. Nos habían reservado mesa, ellos ejercían de Pigmalión con nosotros y nos descubrían el sector hostelero nocturno de la ciudad.

Pues oye, ni mil palabras más. Si nos organizan una cena, tendremos que ir.

Y fuimos, claro. Para algo tenía yo cogida una pensión chunga. Cuantas menos horas pasara allí, mejor.

Total, que como yo soy “de los de fuera” y los viernes de aquí a diciembre de 2014 la gente me tiene que sacar a cenar por ahí sí o sí, sean de la ciudad o pernoctadores de hostales como yo, pues ahí estuve, al pie del cañón. Making friends. Desde luego los de mi edición del máster estarán contentos porque al final me quedé como la única representante de la clase –y por alguna extraña razón a ninguno de mis amigos “de verdad” les pareció raro que me quedara hasta el final cuando les conté la cena. Por qué será-. El último compañero me abandonó a las 5 de la mañana, y yo me quedé hasta las 6 con los de la edición pasada del máster, que acaban sus clases en diciembre.
 




Es decir, un plan abrazafarolas inimitable. Que me daba igual a quién me pusieran ahí para hacerme compañía que yo me iba con ellos sin dudar. De vez en cuando hacíamos una “ronda de nombres” para ver quién era quién, y listo. La gente de los grupos a nuestro alrededor flipaba en colorines, claro, porque éramos el grupo más animado de cada bar al que entrábamos y no teníamos muy claro quién venía con nosotros y quién no.

Total, que el viernes vuelvo a clase con las presumibles miraditas entre nosotros de “ey, el viernes pasado, qué guay estuvo, ¿eh?”. Y tan mal no estaría porque ya estamos organizando la siguiente cena. Ahí, una clase comprometida con las actividades extra para “hacer equipo”.

Vuelta a la uni. ¡Qué suerte la mía!

Acabo mi post de hoy con una nota para mis queridas amigas: me consta que habéis estado elucubrando anécdotas en las que no salgo precisamente bien parada, todo para establecer una alianza común con mi Querido novio y en contra de mi persona.

Anécdotas del tipo “¿os acordáis de cuando nos invitó a cenar a su casa y total que tenía que hacer un writing para sus clases de inglés y nos hizo estar ahí a todas en la mesa elucubrando ideas y traduciéndolas al inglés? Parecía una negrera. ¡Si hasta las 11 de la noche no nos dio de cenar!”.

A vosotras os digo: sentíos completamente libres de escribir lo que os plazca, porque estar a las duras y a las maduras es lo que tiene. Que se os quiere, y por eso aquí tenéis barra libre.
 
 

Eso sí, no me hagáis otro blog que me creáis competencia desleal y me quedo sin visitas y eso sí que no puede ser.