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24 de marzo de 2014

DE UNA CAMPIÑA INFINITA SIN SENDEROS NI CERCADOS


Este fin de semana me he liado la manta a la cabeza y me he ido con tres amigas de relaxing plan de spa a una casa rural perdida de la mano de Dios. Se ve que no quedé escarmentada del último fin de semana de amor rural con mi Querido Novio que acabó saliendo rana. Así soy yo, amo vivir al límite.




Total, que este fin de semana nadie ha caído enfermo y hemos disfrutado de un agradable tiempo primaveral y de paseos al sol. ¡Bien! Sin embargo, no todo podía ser perfecto, claro: el surrealismo ha hecho acto de presencia en nuestras vidas.


Y es que parece que no puedo irme a una casa rural y que todo vaya bien, no señorita. Por H o por B tiene que pasarnos algo que se sale de lo normal. En este caso, ha sido culpa de la propia casa -rural-, y para colmo de males, el fin de semana, de relaxing tuvo más bien poco porque dormimos cuatro horas en total. O sea, mal.


Para empezar, cambiamos dos veces de habitación. Porque según las extensas conversaciones que mantuvimos con la recepcionista, nada más llegar:


-La habitación que teníais asignada no tiene calefacción, está estropeada. Os metemos en estas otras, aunque las que teníais antes la verdad son más amplias.


Oh, qué pena, pero de acuerdo. Cogimos nuestras mini maletas trolley y clanc clanc clanc clanc, rodamos por la gravilla de la casa rural al edificio en el que estaban nuestras nuevas habitaciones. Después de pasar todo el día fuera, y antes de nuestro momento spa, volvimos a la casa y la frase de la recepcionista fue:




-El técnico ha pasado y ha conseguido arreglar la calefacción. Podéis ir a vuestras habitaciones de origen. ¡Qué suerte!


Con lo cual, hicimos las maletas de nuevo, las cerramos y clanc clanc clanc clanc, rodamos por la gravilla de la campiña hasta el edifico de los elegidos, donde las habitaciones eran más amplias y la calefacción estaba recién reparada.


Sin embargo, cuando estábamos arreglándonos para salir a cenar en una habitación que resultaba estar gélida como un puñetero témpano de hielo (esa calefacción nueva no parecía templar demasiado), la ya íntima amiga recepcionista volvió para tocarnos la puerta y decirnos:


-Parece que al final el técnico no ha podido arreglar la calefacción –“¡oh, qué sorpresa, amiga recepcionista! Si me estoy pintando el ojo con una pasmosa dificultad porque NO ME SIENTO LAS MANOS, perra”–si os parece, podéis volver a la habitación que teníais antes.


Pues claro que queremos ir a la habitación de antes, tía cachonda, que aquí vamos a acabar como las primas de los pingüinos del polo. Así que, por enésima vez, recogimos todo, volvimos a hacer la maleta y nos volvimos clanc clanc clanc clanc de vuelta a la casa 1 donde ya nos quedamos a pasar la noche ahí definitivamente. META.


Personalmente y después de tanta vuelta, o dormíamos ahí o montaba una revuelta en la casa rural perdida de la mano de Dios en la campiña que iban a alucinar. Lástima que esa casa también tuviera su “pero”.


Y es que, ay amigos, no podemos ir a una casa rural y sentir el silencio del campo y el maravilloso piar de los pájaros como único sonido que enturbia nuestro descanso, no señor. A nosotras nos va la marcha, y el ruido, parece ser.


Estábamos plácidamente dormidas a las 8 de la madrugada del domingo (que como todo el mundo sabe, madrugar un domingo es pecado mortal), cuando una terrorífica voz salida de ultratumba empezó a sonar encima de nuestras cabezas:



-Isaaaaaaaaaaaaa

¿Qué era eso?

¿La chica de la curva?, no, estábamos en una casa. ¿Un poltergeist?, quizá demasiado de día para uno.


-Isaaaaaaaaaaaa. –La voz daba diarrea solo de oírla, qué miedito.


Metí la cabeza dentro de las sábanas, barrera protectora anti espíritus malignos mundialmente conocida. ¿Qué era eso? ¿La madre muerta de Psicosis? ¿Algún amigo del niño del sexto sentido? ¿La novia de Chucky? ¿La niña del exorcista?


No, claro que no. Aunque la voz en cuestión acojonara un huevo,  pertenecía a una simple mortal. Concretamente, a una pobre anciana demenciada que vivía en la casa y que se tiró dos horas de reloj llamando a esa tal Isa como si se estuviera muriendo, ¡DOS HORAS!


Una simple mortal, pero bastante zorra, la vieja.



Luego, en el desayuno, la vimos en una sala de estar tan pichi, como si no hubiese estado dando por saco a todos los huéspedes. Casi la estrangulamos. Menos mal que nos habían dado de desayunar comida suficiente para alimentar a 30 personas y no podíamos ni movernos que si no… qué empacho, y qué sueño teníamos.


Pero, para ahondar aún más en la herida, os confesaré  que  ni siquiera eso fue lo más cómico del relaxing plan de spa de fin de semana. No, aún hay más, porque el finde no fue relaxing, pero es que tampoco puede decirse que fuese de spa.




La casa rural se vendía a sí misma con los siguientes “extras”: Jacuzzi, Termas, zona de relajación mental y gimnasio. Genial. Y había que reservar la hora del Spa porque era “privado”. Reservamos las 19:00 del sábado, para no romper la tarde en dos. 


El problema vino cuando nos indicaron dónde estaba el susodicho Spa: ni en el edificio número 1 ni en el edificio número 2, sino en una especie de sótano entre los dos edificios al cual se accedía por la calle.

Sí, por la puta mitad de la gravilla de la campiña de la casa rural. Por ahí se accedía al spa.


Y qué Spa. ¡Lo de Internet era una descripción totalmente fraudulenta del lugar! Lo que ellos denominaban Spa se reducía a un sótano, decorado con mucho estilo y con luces de estas tenues que van cambiando de color, eso sí, pero un sótano al fin y al cabo. Y ahí, en el fondo del sótano, un pocito minúsculo con un jacuzzi.


FIN DEL SPA.


Es decir, el “gimnasio” directamente no existía (aunque tampoco lo eché de menos), y el “jacuzzi” y las “termas” eran lo mismo: el pocito donde nos metimos las cuatro a remojo culito con culito (claro, no entrábamos de otra manera). Pero lo mejor de todo, sin lugar a dudas, era la zona de “zona de relajación mental”.


Hay que tenerlos cuadrados para estar haciendo la web de tu casa rural y poner, sin ningún pudor, “ea, que tenemos un spa con zona de relajación mental”, y quedarse tan pichi.


¿Zona de relajación mental? ¿¿¿Perdonaaaa??? Lo único que había ahí era un puto banco de mierda en el sótano. ¡Un banco! Nada más. Por no haber no había ni esa típica música de restaurante chino que invita a la relajación. Nada.


Un banco, un pocito, y cuatro amigas con cara de estupor. Fin.


¿Y qué hicimos nosotras? Pues meternos al agua una hora enterita, reírnos mucho, relajarnos más bien poco y después, cuando se acabó nuestra hora de spa privado exclusivo, nos fuimos dignamente.  


¿Cómo de dignamente?




Pues corriendo a nuestras habitaciones por mitad de la campiña, envueltas por una toalla y con las chancletas, disfrutando de una apasionante carrera entre las vacas de ese ambiente tan rural. Una imagen que no olvidaremos fácilmente. Y, por supuesto, que no admitiremos jamás haber vivido.

2 de diciembre de 2013

SICK OF LOVE


Este viernes tuve una agradable tarde lectiva del máster que me he apuntado a hacer. Nuestra profesora del día era una culo inquieto, twitera empedernida, Directora de comunicación de una empresa, bloguera de renombre y experta en redes sociales.

Una crack, vaya.

Nuestra profesora-ponente nos habló de Internet y su universo paralelo, y dijo cosas que me dejaron de pasta de boniato, y me reafirmaron en que he emprendido el camino equivocado como Bailarina-Frustrada-bloguera-que cuenta-sus-miserias-para-descojone-del-personal.
 
 

Resulta que, en el universo paralelo de Internet, la gente con muchos followers en el Twitter y los blogs con muchos lectores son generadores de opinión (Hasta aquí, todos enterados). Lo que pasa es que, ahora, las empresas se han dado cuenta de que la gente hace caso a esos blogueros ocultos tras su ordenador y han pensado “oye, que igual hay que invitar a estos frikis que escriben por el Internet a comer en nuestro restaurante/dormir en nuestro flamante nuevo hotel/invitarles a un fin de semana en Soria/llevarles de cata de vinos a nuestra bodega/regalarles este inventito que acabamos de hacer, y que luego lo pongan bien en su blog y nos vengan clientes con la Visa en la boca”.

¡Y lo hacen!

Total, que estoy yo aquí haciendo el blog-indio mientras ahí fuera hay gente que se pega la vidorra padre a costa de empresas que les pagan juguetitos y mini vacaciones. Todo para que luego digan “En no sé qué restaurante se come súper bien. Recomiendo especialmente el arroz con foie. Aquí la dirección”.

Estoy indignadísima. Yo también sé escribir eso, como manjares cual niña desnutrida y bebo como una rusa siberiana. Podría recomendar un millar de cosas. Podría hasta prestarme voluntaria para tan arduas tareas.

Pero no todo es indignación,  ya que nuestra profesora-ponente también dijo “Yo siempre recomiendo abrir un Word antes de abrir un Blog, porque escribir un blog con contenido todos los días es complicado”, y yo lo hago todas las semanas desde hace ya ocho meses. Lo del contenido interesante no lo tengo tan claro, pero escribir, escribo.

De manera que con esto ya me quedo más contenta. Y, siendo realistas, mucho me temo que tampoco es que tenga hordas de lectores, así que no creo que me fueran a invitar a ningún lado.

En cualquier caso, Querido Novio mío: te hago saber que la profesora ponente en cuestión era Puy Trigueros, de La Rioja Turismo, y he decidido que nos vamos a ir en plan amor-amor a La Rioja de bodegas ¡Ya! Que tengo un antojo malo malo malísimo de bodeguita vinicultora, cata de vinos ricos, Calle Laurel y comer como una ceporra.
 
 

Me imagino que las charlas de nuestra profesora no tenían como objetivo que la relacionáramos con vino, pero mi cerebro a veces me hace estas gracietas. Cada vez que la veía pensaba “Uy qué ganas me da esta mujer de irme un fin de semana a disfrutar a La Rioja”.

Lo siento, Puy. El resto de la clase estuvo bien, pero aquí servidora es de buen comer. Es lo que hay.

Además, mi Querido Novio y yo nos debemos una escapada de mucho amor-amor y más yo-mi-me-conmigo, que nos tenemos que resarcir de este fin de semana que hemos pasado.

En teoría, nuestro plan era fin de semana los dos juntos con la perra de excursión. Paseos románticos por el campo, comidas ricas, noche acurrucados al calor de una chimenea en una casa rural. Es decir, plan moñas romántico total.

En la práctica, la idealización del fin de semana se fue al carajo. Y ahora os cuento por qué. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes:

El plan de excursiones se tuvo que abortar a eso de las cinco de la tarde porque evidentemente, es ya diciembre y anochece temprano. Como es lógico, andar por mitad del campo a esas horas es cuanto menos suicida (y yo tengo pánico agudo a la oscuridad). Bye bye, paseos amorosos de la manita con la perra correteando feliz y contenta a nuestro alrededor.

Por otro lado, y siendo brutalmente honestos, pasear por el campo chupando frío de manera gratuita es bastante estúpido. Y no os quiero ni contar cuando nos pilló un chaparrón en medio de la nada. Las comedias románticas sobrevaloran ostensiblemente el romanticismo del frío y la lluvia. El frío y la lluvia dan frío y mojan. Se te congelan los pies y moqueas. No es romántico. Es un engorro y una una M I E R D A. He dicho.
 
 

Las comidas ricas tampoco pudieron ser. “¿Por qué?” preguntaréis vosotros mientras leéis esto “si eres una zampabollos de cuidado y te chifla comer”. Correcto, veo que me vais conociendo. Sin embargo, si vas agarrando una can de una correa, como es lógico, no te dejan entrar a un restaurante. Así que tuvimos que conformarnos con malcomer unas raciones en la calle (vuelvo a insistir por si esto no había quedado claro: chupando frío).

Con estas características tan maravillosas como descripción de nuestro plan del sábado, huimos a la casa rural en busca de calorcito. Y aquí llegó el plato fuerte del “finde amor-amor”.

Las pelis románticas no cuentan que la lluvia y el frío son lo peor y que además, te hacen enfermar.

Por fortuna, servidora está vacunada de la gripe y me he convertido en una especie de gladiadora de la enfermedad. Soy fuerte como un roble e inmune a sus ataques. Puedo pasear a cuatro grados por la puñetera nada más absoluta bajo la lluvia que yo me mantengo sana y lozana.

Sin embargo, no todos son tan suertudos como yo, y es que mi amado novio (sí, ese tan deportista) se puso malo malísimo.
 
 

Claro, tanto frío, tanta lluvia, tanto “vamos a comer en esta terraza que tiene una sombrilla para que nos tape de este diluvio infernal que está cayendo” y tanto paseo tanto paseo, que al final, salió el bicho.

De manera que el fin de fiesta fue: 19:30 del sábado, el Querido Novio temblando por la fiebre en la cama con siete -sí, 7- mantas encima, bien de doping en el cuerpo y sueño reparador. Servidora se fue a la cama a las diez sin cenar y tras mirar todas y cada una de las gilipolleces que eran dignas de leer en la red (Gracias, 3G, no sé qué habría sido de mi sin ti). El domingo amanecimos a primera hora, desayuné por los dos (mi Querido Novio no estaba para fiestas) y vuelta a casa. Hogar dulce hogar.

Un plan que, como veis, dista mucho de ser romántico empalagoso. Sin embargo, lo peor no ha sido que el fin de semana. Lo peor ha sido explicar a las mamonas de mis amigas el fin de semana que he pasado. La conversación anoche fue más o menos así:

-Bueno bueno, Bailarina. Cuéntanos, ¿Qué tal el fin de semana de amor rural?

-Pues nada, se chafó. El Querido Novio se puso malo el mismo sábado por la tarde y me tocó hacer de enfermera en la casa rural esta que estaba en el mismísimo Mordor, y esta mañana vuelta casa a primera hora.

-¡Qué me dices, vaya pena! ¿Pero está bien?

-Sí, ahora ya está muchísimo mejor. Pero se siente culpable de haber chafado el plan.

-Ay, qué pobre. ¿Y no hiciste de enfermera sexy? ¡Era el momento de sacar el disfraz de enfermera putorro!
 

 
Aclaro desde este momento que no tengo ningún disfraz de enfermera putorro, por lo que sea que estéis pensando, depravados.

-Sí, claro. Estaba e hombre para disfraces de putorro. Además, con la bronca que le eché me habría venido mejor el disfraz de dominatrix.

Vuelvo a aclarar que tampoco visto disfraces de dominatrix. Cómo estáis hoy, amigos.

-¿Y eso?

-Pues porque es malísimo enfermo y empezó a entrar en pánico con que estaba fatal y que le iba a dar algo, que no podía parar de temblar y le tuve que llamar al orden y hacerle entrar en razón a gritos. Vamos, un show.

-¡Pobre!

- Sí, pobre. Eso sí, no creo que el disfraz de dominatrix pegue mucho con abrirle la cama y ponerse a calentársela a base golpear la sábana bajera a mano abierta antes de que se metiera.

-Madre mía, qué cosas te pasan, mujer ¡Vaya situación!


Pues sí, vaya situación, pero ya pasó, y mi Querido novio está mucho mejor, que lo he cuidado súper bien.
 
 
 

Ahora bien, la próxima nos vamos a La Rioja y nos enganchamos un pedo tonto con vinitos. El plan no será tan “romántico” pero seguro que nos reímos más, y además, que el romanticismo es una engañufla y está sobrevalorado.

30 de septiembre de 2013

ME VOY P’AL PUEBLO, HOY ES MI DÍA:


No os podéis imaginar el trancazo que manejo; este fin de semana he recogido millones de boletos para comenzar un proceso gripal de dimensiones estratosféricas y ahora, como buena recolectora, me toca sufrir.

 

Estoy hecha una basurita.

 

Sin embargo, como diría mi amiga Torpe “¡No me arrepiento!”, porque realmente este fin de semana ha merecido la pena. Madre mía qué manera de reír, que pensaba que además del trancazo iba a tener agujetas en la faja abdominal. Por Dios, por Dios, por Dios.

 

Este fin de semana, mi querido novio tuvo a bien ceder su casa del pueblou (yo lo llamo pueblou, con U, y después de dos días todos lo llaman así, porque queda como más castizo), y nos hemos ido con “los amigos del ex curro”.

 








Los amigos del ex curro somos un grupo de pirados que hemos coincidido en una pequeña oficina y resulta que nos llevamos genial. Hay que agradecer al departamento de Recursos Humanos la selección hecha, y también a mi exjefe que en la elección del candidato final para un puesto siempre haya dado en el clavo.

 

Eso sí, al exjefe le puede dar algo si se entera de que somos amigos, él que es firme defensor de NO entablar amistades en el trabajo. Chupaos esa, modernitos gafapasta con teorías absurdas sobre el  ambiente laboral y demás patochadas. A la oficina se va a TRABAJAR, y nada más. Nosotros somos como amantes que se ocultan al mundo; nuestra relación es secreta.

 

Total, que este fin de semana el equipo curro constaba de: Dos chicas que siguen ahí en esa oficina al pie del cañón, la becaria que entró en febrero y ha superado con nota el acceso al equipo, y los tres ex becarios que hemos ido pasando uno a uno por la oficina durante los últimos tres años.

 

Y una de las que sigue trabajando en esa oficina es… ¡¡Cremitas!!

 

En la casa del pueblou también estaban mi querido novio y su hermana, que casualmente sucede que también es nuestra amiga…¡¡Torpe!! ¡Sí! Y Leia, cómo no. Han hecho de súper anfitriones, y creo que han flipado en colores con nosotros, y ya con imaginarnos a nosotros en una oficina y trabajando… Una vez más, RRHH, no sé qué habéis hecho en la selección.

 

Total, que como a mi exjefe anti amistades laborales le llegue de manera “anónima” alguna foto de todos juntos en amor y compañía le dan los siete males uno detrás de otro y se coge una baja por depresión por los siglos de los siglos.

 

Amén.

 

Para que todos estemos en igualdad de condiciones, y por aclamación popular, voy a poner nombres en clave a cada uno de los integrantes del fin de semana en el pueblou, para que luego me sea más sencillo nombrarlos.

 







Los ya conocidos, que somos:

 

Leia, que ha sido rebautizada este fin de semana como “Prin-ce-saaaaaaaaa”, y ahora ya no podemos parar de llamárselo. La pobre se está volviendo más tarada de lo que está.

Mi Querido Novio

Torpe

Cremitas

Y una servidora

 

Y ahora “los nuevos”:

 

Fru-frus: ha sido la tutora de todos los becarios que hemos ido pasando, salvo de la actual, y será tutora pero está fatal de la cabeza. Pero muy mal. La que peor de todas. Resulta que se transforma cuando tiene acceso a un micrófono: hace cualquier cosa por llegar a él y después no lo suelta ni a la de tres. Y canta (fundamentalmente Como una Ola, de Rocío Jurado, aunque no le hace ascos a nada), baila en plan performance canciones como Una mujer en el armario de Rafaella Carrá, y rapea hits propios que se inventa al momento. Es una poetisa.

 

Sacó a la luz la existencia de este blog al resto de los compis después de dos vasos de Martini y no fue capaz de decir “Frustrada” de una vez, de manera que decidió alargar la palabra hasta que le saliera algo similar. Dijo “frrrufruussstrada”, y se quedó tan ancha. De ahí el “Fru-frus”.

 

Nancy Tatoos: es el chico que entró después de que yo saliera de la empresa. Aunque al principio disimulaba su estilo yendo a trabajar con las camisas que le compró su madre, que tenía la vana esperanza de modificarlo un poco, resulta que él es un modernito de ropa cool y gorras a la cabeza.

 



Hasta el viernes estaba nominado a ser Nancy Anoréxica, porque estaba en plan “es que no me entra comer nada” o “ay, vamos a comer pollo por favor” o “no, es que estoy a dieta” (y no, no es gay); pero este fin de semana ha comido como un ceporrito y cenó Mc Donalds el domingo cuando el resto solo pudimos meternos un yogur, así que le he levantado el castigo de ser Anoréxica, y como está empecinado en tatuarse entero como si fuera Mario Vaquerizo… (Y no, no es gay, qué pesados).

 

Jager Queen: la siguiente becaria. Es una gran aficionada a invitar a chupitos de Jägermeister si te ve por ahí a la noche y te pilla desprevenida, y más te vale tener una gran excusa con la que deshacerte de ese vaso de veneno sin que la nena se ofenda. Menos mal que en la casa no había esa asquerosidad porque de lo contrario habríamos caído todos, que somos de moral débil. Nos dio una clase magistral sobre cómo bailar una canción que no has oído en tu puñetera vida como si en realidad hubieras estado esperando a que sonara durante toda la noche. Es digno de ver. Le sale increíble.

 

También nos enseñó un vídeo de una chica, una tal Marta Ocampos, que se graba a sí misma sentada ante el PC cantando no se qué ataviada con una gorra como las que le gustan a Nancy Tatoos. También es digno de ver, pero por motivos completamente diferentes.
 

 
Independence Girl: es la más loca de atar que ha pasado por esa empresa, y por eso es GENIAL estar con ella.  No conoce lo que es tener vergüenza y suelta por su boca lo primero que se le pasa por la cabeza.

Pretendía encontrar un “mozo majo” en el pueblou. Cuando le dijimos que solo tenía tres habitantes sus aspiraciónes de emular a Julieta en su balcón con un mozo Romeo le hablara amorosamente desde el jardín quedaron definitivamente rotas.




Tuvo a bien deleitarnos con uno de los primeros momentos surrealistas del fin de semana, porque se me ocurrió enseñarles el pezón doble que tiene Leia en una de las tetillas y nos soltó, así a bocajarro:

 

-Yo también tengo un tercer pezón.

 

Los ojos de plato que se nos quedaron a todos fueron memorables, y se hizo un silencio sepulcral, pero ella misma lo rompió aclarando (porque nos veía que teníamos dudas):

- Pero es pequeño, ¿eh? Y no da leche.

 

¡Ni que fuera una mujer permanentemente lactante! Casi nos oyen las carcajadas en el pueblo colindante. (Rima del estilo de las de Fru-frus. Lactante, colindante… Sí, mejor lo dejo).

 

El mote es por su nueva película favorita, Independence Day, que bordó la descripción el sábado a la tarde jugando a las películas por equipos.

 

Bien, con ese grupo y todo lo que nos hemos reído, sería muy ingrato contar una anécdota tras otra, porque desmerecería los momentos vividos. No obstante, si pertenecéis a esa gente que tiene que organizar algún fin de semana con amigos en el pueblou, aquí os van unas recomendaciones:

 

-Remarcad que es un plan muy rural. La mayoría llevará vaqueros y zapatillas, un look trotero, pero habrá alguno que se pasará de frenada y llevará un chándal como toda prenda para el fin de semana. Después tendrá que taparse los pantalones en las fotos una y otra vez. (¿Eh, Nancy T?)

 

-Llevad el singstar. Sí o sí. Es necesario y obligatorio para un fin de semana rural. Y hay que acabar cantando una canción todos juntos en amor y compañía. Y ya si el único juego que tienes es el de operación triunfo y la canción es “A tu lado me siento seguro” después hay abrazos.

 



-El Buzz también es una gran opción como juego rural para la Play Station, pero solo si os une una estrecha amistad, de lo contrario pueden rodar cabezas. Genera mucho malestar, sobre todo si las preguntas del juego son para niños de primaria y tú con todos tus estudios universitarios vas y pierdes. Pringao, que eres un pringao.

 

-Si el tiempo lo permite, dad una vuelta para bajar alimentos. Que no todo sea comer y beber, por favor. Además, si en el show lleváis una perra que se dedica a atacar a las vacas y volver henchida de orgullo mejor que mejor.

 

-Si llueve, nada mejor que los clásicos juegos de mímica. El Party y el Trivial están muy bien, pero queremos humillación. Y para eso está el juego de “Las películas”. El top 3 de representaciones ha sido:

 

La Sirenita: porque ver a todo un hombretón ponerse un jersey rojo a la cabeza a modo de peluca y aletear  las piernas sentado en un sofá no tiene precio.

 

El Infiltrado: porque hacer que te escondes por la casa NO es infiltrarse. Y esconderse no es parecido a infiltrarse.

 

Independence Day: porque querer sacar “Independence” mediante España-Península-Vascos-separar directamente no es el camino. (Yo era de las que le dijo la película y no sabía qué pretendía transmitir con esos gestos).

 

-Hay que montarse una discoteca rural con micrófono y la música a tope. Es divertidísimo e indispensable. Y el micro con acceso libre para soltar cualquier tipo de cosa ingeniosa que se te pase por la cabeza. Nuestra disco estaba en el garaje. El mejor bar del mundo; temblad, hosteleros nocturnos del mundo.

 


-Por último, si en el viaje de vuelta vais en séquito de coches todos seguidos, tristes porque el fin de semana se acaba y aburridos por no poder hablar entre vosotros…  haced la ola de coche a coche. Es sencillamente genial.

 

 

Espero que toméis nota de estos consejos y tengáis una gran escapada rural, nosotros repetiremos plan. No tengo ninguna duda.

23 de septiembre de 2013

ALL THE SINGLE LADIES, NOW PUT YOUR HANDS UP


Esta última semana he estado reflexionando sobre el blog y mi manía de escribir los lunes. Realmente lo paso bien escribiendo, el tiempo se me pasa volando, por lo que ¿Por qué no escribir el martes, que es mi día más odiado de la semana con diferencia?

 

Pues ya sé por qué no. Porque tengo una vida más bien normal y aburrida de lunes a viernes, pero luego llega el fin de semana y me pasan cosas raras, y el lunes necesito vomitarlas en el teclado antes de que se me olviden (porque no, no soy yo mujer de muy buena memoria).

 

Y este fin de semana tenía todos los boletos para que pasaran cosas para contar, porque la cuchipandi de amigas molonas nos hemos ido de fin de semana rural. Es decir, recopilación de lágrimas de tanto reír.

 



El equipo finde hemos sido: Friki, Torpe, Cremitas, Leia (sí, la perra entra dentro del equipo, como en los libros de Los Cinco), Bailarina servidora, y una pobre amiga de Torpe que se unió al plan y creo que el domingo ya huyó despavorida de nosotras, la pobre.

 

Por hoy dejaré a mi querido novio en paz, que luego me dice que no hay lunes que no reciba alguna pullita de su amada.

 

Así que, chicas al poder. Y como si estar nosotras solas no fuese ya suficiente, hemos ido con un planning de actividades, que incluía, además de comer y beber (normalmente nuestros planes se basan en eso, y basta), jugar al Just Dance en la Wii y… atención: un shooting –o lo que toda la vida se ha llamado una sesión de fotos-.

 

Evidentemente, la sesión de fotos fue idea y obra de mi amiga la Friki. La misma que dice que su nombre es muy soso, que todo el mundo le llama Friki y que ha sido un bluf haber estado esperando meses a su nombre en clave para que le llame solamente Friki, esa es la culpable de shooting. Y osa decir que su nombre no tiene gracia, salero ni originalidad. Pero qué le voy a hacer yo si es el nombre que mejor le va. La que es, es.

 

Como decía, semejante genialidad fue cosa suya y solo suya. Y nosotras, que no conocemos la vergüenza y nos apuntamos a cualquier cosa le dijimos “¡Oh, Friki, qué buenísima idea has tenido! ¡Vamos a hacer el shooting en el campo con la colección otoño-invierno de tu marca de bisutería!”. La pobre amiga de Torpe también tuvo que hacerlo, todo en pos de la integración –Y porque Friki había pensado ya en el shooting con cuatro modelos, así que dejarle plantada hubiera sido un dramón-.

 



De manera que, entre Bloody Mary y Bloody Mary, sí, hemos tenido sesión de fotos amateur de treintañeras por el campo con tacones. Menos mal que es una marca de bisutería y no se nos va a ver la cara, porque aquello era un poema.

 

Aunque también es cierto que, a pesar de saber que no se nos iba a ver la cara, al menos yo me maquillé como una puerta por lo que pudiera salir. No sin mi pote.

 

La sesión fue muy profesional. Lo primero de todo fue pedirse ser una top model, y no de las de ahora, no, no, modelos consagradas de los 90: Claudia, Naomi, Linda y por supuesto, Elle (que fue la que me pedí yo, para algo es mi ídolo). A partir de ahí ya, lluvia de flashes; Friki como directora de shooting y fotógrafa profesional nos iba indicando: que si “Naomi, nena, ladea la cabeza y mira al horizonte” que si “Linda, bonita, haz aquí como si te maquillaras y te fotografío la espalda” que si “¡Saltad!” o incluso “¡Saltad todas al mismo tiempo y a la misma altura con las piernas recogidas y lanzad los sombreros al aire todo a la vez!”. Un show. En el pueblo perdido de Castilla no se había visto una cosa igual jamás.

 

Eso sí, Hay algunos retratos que madredelamorhermoso qué bellezones de mujeres hay ahí. Porque Friki hace muy buenas fotos, y las cámara Reflex no se qué tienen en el objetivo pero te sacan más guapa de lo que una es en realidad. Una pasada. Así que al final nos hemos quedado todas contentas con el resultado.

 

Tras esa cura de sensación de ridículo, hacer el indio con una consola nos resultaba un poco insípido, de manera que no se nos ocurrió mejor idea que acercarnos a un maxi bazar chino y comprar disfraces de hawaianas, cocos a modo de sujetador incluidos. Porque un disfraz de hawaiana sin cocos para los pechos no es un disfraz de hawaiana completo.

 

Las fotos de esa “fiesta” son un madredelamorhermoso qué horror, pero bueno. Lo pasamos bien, bailamos, nos reímos, nos acostamos a las mil y conservamos los coco-sujetadores, por si algún otro día nos da otra vez por ponernos hawaianas (en la intimidad, eso sí).

 



Por último, como no podía ser de otro modo, os diré que Leia dio lo mejor de sí misma y ahora ya mis amigas me creen cuando les cuento las cosas que hace y les digo que es mala mala mala.

 

Aquí la amiga híper entrenada para hacer monerías aprovecha esos músculos súper desarrollados para su propio beneficio. ¿Que qué significa eso? Pues que nuestra pequeña Houdini se escapa de donde sea. Y cuando digo donde sea, quiero decir donde sea.

 

No solo es capaz de saltar la valla del jardín y plantarse en mitad de la carretera que cruza el pueblito bueno –menos mal que por esa carretera no pasa nadie-, sino que, además, rizando el rizo, el sábado cuando volvimos de cenar nos encontramos con que se había fugado del garaje donde estaba encerrada.

 

¿Cómo salió del garaje? Desconocemos esa información. Pero lo pasmante de esta cuestión es que esta perra pija urbanita no se había fugado para campar  libre y a sus anchas por el monte, y cazar, qué se yo, liebres, no por favor, que eso es para canes pueblerinos y ella es perra de ciudad –pequeña, pero ciudad-. La cachonda de ella, ni corta ni perezosa, salió del garaje y rodeó la casa para entrar al jardín (porque puede entrar saltando al igual que sale de ahí), y de ahí meterse en casa para esperarnos calentitas sobre una alfombra.

 

Cuando vi que la perra se había fugado en medio de la noche casi me da algo y me muero de pena. Eso sí, cuando vi que esa mala bicho estaba en casa tranquilamente las ganas de estrangularla con mis propias manos fueron aumentando de manera exponencial.

 

No obstante, si hay alguien que ha querido estrangular a la perra más que nadie, esa es, sin lugar a dudas, la pobre amiga de Torpe a la que conocimos in person el mismo viernes. Esta reputada abogada me pidió por favor, por favor, por favor, que no contara en el blog la que le hizo la perra, pero no contarlo sería un súper crimen para con este templo del reírse de uno mismo.

 

Y allá va (veréis cómo no es para tanto).

 

Inmediatamente después de darnos los dos besos de rigor con esa nueva persona, la reputada abogada fue al servicio para evacuar el litro de agua que se había bebido en el viaje por puro aburrimiento. Vamos, lo normal después de tres horas en el coche. El caso es que Leia se dio cuenta de que no conocía bien a esa chica, era un aroma humano desconocido y nuevo para ella y la buscó para conocer un poco más de ese aroma. Sin embargo, una puerta se interponía entre ellas, porque la reputada abogada estaba en el baño, pero Leia quería oler más, se moría por saber más de ella, y empujó la puerta con todas sus fuerzas.
 

 

Total, que como estábamos en una casa de madera con pestillos que no se cerraban bien, y Leia es Houdini reencarnada en perra, le abrió a la reputada abogada la puerta del baño de par en par mientras ella hacía pis. Y por si acaso el resto de la cuchipandi no estábamos mirando la puerta ella misma se encargó de hacernos mirar cuando gritó “¡¡Noooooooo!!” sentada en la taza con los vaqueros por los tobillos y tapándose –malamente- toda ella con sus brazos.

 

Casi no sale del baño.

 

Casi se va del baño directa a casa de vuelta.

 

Pero como nosotras somos muy de ir al baño de dos en dos y eso no nos resulta en absoluto extraño pues salvamos la situación y ahora ya tan amigas, porque ya estas cosas te hacen intimar una barbaridad.

 

La próxima escapada rural con pestañas postizas y shooting  pero para disfrutar de los resultados en la intimidad.